GRACIAS A TODOS LOS BUENOS MÉDICOS

Este post es mi manera de apoyar a toda la gente del mundo sanitario que hace bien su trabajo.

Es mi manera de darles las gracias.

El post de hoy es un poco especial, como el día que es. 19 de octubre. Día mundial del cáncer de mama.

Este post, a diferencia de tantos hoy, no trata de este gran día que hay que celebrar mucho y fuerte para seguir ayudando a todas esas mujeres fuertes y valientes que se enfrentan día a día a esta enfermedad. Ese tema hoy sólo va a ser una pincelada más. Importante también, pero una pincelada más.

Porque el cáncer de mama es algo demasiado importante como para que escriba algo al respecto sin haberme informado, sin haberle dedicado tiempo, sin haberle ofrecido el respeto que se merece. Así que es algo que quiero dejar para otro momento. Porque todas esas valientes guerreras que hoy se enfrentan a la enfermedad, en cualquiera de sus etapas, se merecen algo más. Algo mejor.

Hoy no sabía que escribir.

No tenía nada preparado, me había quedado sin posts “de repuesto”. Es más, ni siquiera sabía si esta semana iba a escribir. Llevo un tiempo con mucho trabajo, con la cabeza un poco en otro lado, con gente querida cerca que lo están pasando mal, y no tenía los ánimos muy puestos en escribir.

Pero entonces, esta mañana ha pasado algo. Una de las preciosas almas a las que tengo el orgullo de llamar tribu, nos ha mandado un audio, entre sollozos. Había pasado algo muy feo.

Como no he hablado de esto con ella, no voy a dar detalles de su identidad, pero os voy a poner un poco en situación.

Una mamá primeriza, con un pequeño y precioso bebé de 16 meses, luchando contra otra batalla a veces muy dura.

Depresión grave y ansiedad generalizada.

Algo que con un bebé no es fácil de llevar adelante, porque como bien dice ella, cuando está con su pequeño, tiene que estar ahí por él. Y eso, según el día, te puede devastar, porque requiere de esa poca energía que podrías tener ese día. Esa energía la guardas para jugar con él, para que disfrute.

Que además, ha conseguido mantener, contra viento y marea, una lactancia prolongada. Algo que hoy en día por desgracia, suena a épico. Y no lo es menos, dadas las dificultades que hoy en día nos encontramos las madres lactantes. Dificultades que no deberían existir. Como las que hoy se han dado.


Y por si todo esto no fuera ya digno de alabar, se centra en ayudar a los demás, en darle visibilidad a la depresión y a la ansiedad, en estar ahí para otras mamis.


Con todo esto, os podéis hacer una idea de que el ánimo de esta preciosa mamá.

Hoy tenía una revisión con su psiquiatra. El tercero que tiene. Porque no acaba de dar con un profesional que la comprenda. No pasa nada, son cosas que pasan. Siempre que haya un respeto mutuo. No lo había habido,por desgracia, hasta ahora por parte de alguno de ellos.

Pero ella no se ha rendido, y ha seguido luchando por ella misma. A pesar de la falta de apoyo.

Hoy ha sido otro golpe más, de esos que no esperas recibir en el lugar al que acudes para que te ayuden. Para que te animen y te hagan sentir mejor.

Este buen señor, ha decidido echar a esta chica de su consulta, por el mero hecho de que ella no estaba dispuesta a aceptar dejar de lado la lactancia, por razones que no estaban justificadas ni se basaban en información correcta y científica. Ella ya había consultado con su pediatra, que le había asegurado que la medicación prescrita no estaba contraindicada en la lactancia. Le ha dicho, a una persona luchando contra la depresión, en un momento de bajos ánimos, que estaba haciendo daño a su hijo y que le estaba creando un problema psicológico por ofrecerle el pecho como consuelo y para dormir. Y al ella negarse a aceptar tal dictamen, este facultativo ha decidido expulsarla de su consulta. “Porque no se podía trabajar con ella”

A todos los que la estábamos escuchando nos ardía el alma por dentro. No podíamos creer lo que estábamos escuchando.

No logramos comprender como esa persona a la que acudes para que te ayude con tu estado de ánimo, no solo no te ayuda, sino que te hunde más.

No puedo entender como un psiquiatra tiene tal falta de empatía y tacto con un paciente, por no hablar de la falta patente de conocimientos al respecto de la lactancia. Que no pasa nada, no es tu campo. Pero si una madre te dice que se ha informado, que su pediatra ha validado su forma de llevar a cabo la crianza de su hijo, que para empezar no es de tu incumbencia, no deberías dictaminar juicios.

Puedes expresar tus preocupaciones con delicadeza y con tacto, puedes derivar a tu paciente a especialistas en el tema (o a ti mismo, para estar informado) y debes ofrecerle a tu paciente una alternativa a su tratamiento si así lo requiere.

Pero este buen señor, ha decidido que su idea de crianza era más válida que la de esta madre. Que acudía a él en busca de ayuda. Y ha recibido juicios de valor y falta de empatía a cambio.

Me dolían todas esas palabras como si me las hubiesen dicho a mí, y estaba dispuesta a escribir un mega post, gritando a los cielos que no podemos vivir con todos estos malos profesionales a nuestro alrededor.

Pero hablando entre nosotros, ha surgido otra reflexión.

Tendemos a quejarnos mucho de lo malo que nos ocurre. Es bueno. Existen problemas y queremos solucionarlos. Hay muchas batallas que deben de ser peleadas.

Por nosotros y por los demás.

Pero a veces nos enfrascamos todos tanto en defender nuestros derechos, en defender nuestras crianzas o en defender nuestra integridad como pacientes ante facultativos de profesionalidad cuestionable… que se nos olvidan los buenos.

Se nos olvida celebrar lo bueno, se nos olvida agradecer a toda esa gran comunidad médica y adjunta, que si lo hace bien.

Hoy quiero ser el ejemplo que digo que pretendo ser para mi hija, y quiero hablar de lo bueno. Quiero ser más amable y más “suave”. Quiero potenciar lo bueno.

Empezando, y de ahí el día de hoy, por todos esos investigadores, médicos y auxiliares que a día de hoy ayudan en la batalla contra el cáncer, y que cada día hacen que esta enfermedad que arrasa por donde pasa sea menor y menos mortal.

Mi primer agradecimiento va por ellos. Por salvar a tantas mujeres y por ayudar a tantas otras.

Hoy quiero hablar en positivo. Quiero dar las gracias.

Hoy quiero dar gracias a todos los médicos, investigadores, auxiliares, matronas, asesores, celadores… a todos aquellos que velan por nuestra salud y que intentan que cada día vivamos más y mejor. Hoy y desde que la historia es historia.

Quiero darle las gracias a todos y cada uno de los médicos y auxiliares que me acompañaron en mi embarazo y en mi parto, de manera más o menos acertada, porque en parte gracias a ellos, mi hija hoy está en este mundo, sana y feliz.

Quiero darle las gracias a mi pediatra, porque aunque a veces no estamos en la misma página, respeta mi crianza. Porque me hace sentir buena madre, y valida mis métodos y maneras de criar a mi hija.

Quiero darle las gracias a mi médico de cabecera, porque aunque digan que es dura de roer, me entiende. Sabe que no me gusta medicarme, y me ofrece alternativas. Sabe dónde están sus límites y no duda en derivarme a los profesionales adecuados cuando es necesario. Y estuvo a mi lado desde antes de que mi hija fuese una realidad.

Por acompañarme desde hace 13 años.

Quiero darle las gracias a mi oftalmólogo y a todos sus auxiliares. Porque aunque es brutalmente directo y me haya hecho llorar, gracias a él hoy sigo teniendo una buena vista y mi glaucoma está bajo control.

Quiero darle las gracias a toda la gente que se implicó en descubrir el glaucoma, a todos los investigadores que crearon el compuesto que lo mantiene a raya y que han inventado procedimientos para revertir en parte sus consecuencias.

Porque gracias a ellos, hoy puedo ver la pantalla que tengo delante.

Quiero darle las gracias a los médicos que vieron unos pequeños desajustes en las analíticas de mi padre. Y que no lo dejaron pasar.

Que decidieron investigar más allá y le detectaron un cáncer en un estadio muy temprano.

A quienes le operaron, que además tengo el orgullo de llamar amigos de la familia, y a todos los que evitaron que tuviera que pasar dolorosos tratamientos. Que han hecho que hoy en día siga vivo y su vida habiendo sobrevivido un cáncer sea lo menos traumática posible.

Quiero darle las gracias a todas las personas que trabajan en urgencias, contra viento y marea, haciendo turnos imposibles. A los que le han salvado la vida  a tanta gente querida.

Quiero darle las gracias a los médicos que han mantenido con vida y con una buena calidad de vida a mis abuelas, la carnal y la política, a mis tíos, a mi suegro.

Porque gracias a ellos, hoy siguen vivos.

Quiero darle las gracias a gente bonita, que ama su profesión y día a día intenta hacer que la vida de los demás sea mejor.

Gente como Itzel, del blog Dejame experimentar BLW. Como todos aquellos blogueros que se van uniendo poco a poco a una gran iniciativa en el mundo de los blogs como es SaludEsfera.

Quiero dar las gracias a todas las médicas, enfermeras y auxiliares que forman parte, activa o no, de mi grupo de lactancia. Que acuden a las reuniones en calidad de madres, pero aportando ese pequeño extra del consejo médico.

Quiero dar las gracias a toda la gente buena, bonita y amable que vela por nuestra salud.

Que día a día se enfrentan a la titánica tarea de ayudarnos. Que tienen la enorme responsabilidad sobre sus hombros de cuidar de todos nosotros.

En muchísimas (demasiadas) ocasiones en circunstancias desfavorables, soportando recortes, cargas excesivas de trabajo, con escasos recursos y poco apoyo.

Y aguantando muchas veces a pacientes que no piensan que la persona que tiene delante también es humana. Que no es infalible y tiene sentimientos, al igual que nosotros.

Pero que a pesar de todo ello, se esfuerzan por hacer su trabajo con una sonrisa, por tratar a sus pacientes con respeto y humanidad.

Que se forman y se mantienen informados por mejorar nuestras vidas, en muchas ocasiones a costa de su propio tiempo y dinero.

Y para colmo, tienen que soportar la lacra de que su gran obra se vea empañada por las malas prácticas y praxis de compañeros que han perdido la vocación y que no hacen bien su trabajo.

Hoy quiero darles las gracias de corazón a todos ellos. Y os pido que vosotros hagáis lo mismo.

Porque es mi creencia que si educamos a nuestros hijos para que sean empáticos, para que respeten a los demás, valoren sus esfuerzos y sean amables, el mundo será un lugar mejor.

Y para ello, debemos ser su ejemplo.

Por eso, hoy, especialmente hoy más que nunca, gracias.

Y a nuestra querida bella alma, por la que empezaba todo este post, solo me cabe decirle que algún día encontrará a ese buen médico que ella necesita. Que es necesario que lo siga buscando.

Mientras tanto, nosotros estaremos a su lado, e intentaremos de la mejor manera, deshacer el daño que esa persona que más la debía ayudar, ha causado.


 

Foto:  Pressfoto para Freepik.com

2 comentarios

  1. MamáDéjameExperimentar BLW

    19 octubre, 2017 a las 19:59

    Gracias! Por hablar de lo bueno, por recordar que hay profesionales entregados a su trabajo, que viven para servir, porque es nuestra vocación. Gracias por lo que me toca y estas palabras no hacen más que alentar para seguir trabajando, para ser mejor por ellos, por ti, por todos.

    • Conciliando por la vida

      19 octubre, 2017 a las 20:11

      Hoy me habéis hecho reflexionar mucho. Si. Hay que quejarse, denunciar los abusos y no conformarse. Pero las palmaditas en la espalda, el apoyo, la empatía y el reconocimiento son aún más necesarias.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: