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5 errores en disciplina positiva que hacen que no te funcione.

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En el post de hoy, vamos a empezar por el final y vamos a hablar de esas razones, esos grandes errores, que hacen que la disciplina positiva no te esté funcionando, y que hay detrás de ellas.

La disciplina positiva no te está funcionando porque solo conoces una parte.

Como os explicaba anteriormente, la disciplina positiva es un conjunto, es una filosofía de vida y un estilo, no solo de educación, sino de comportamiento en general.

Para que la disciplina positiva funcione, debemos conocerla toda ella, no vale con aprenderse 3 o 4 dinámicas o “trucos”, es necesario saber lo que estamos haciendo para poder actuar en la dirección que queremos, y no hacerlo es uno de los mayores errores.

Y si, por desgracia teniendo en cuenta que solemos venir de una educación muy diferente o incluso opuesta, esto significa estudiar, aprender.

Significa que como padres no vamos a tener que formar, a base de leer libros, acudir a charlas, escuchar podcasts, ver videos, vivenciar talleres… En definitiva, que vamos a tener que (re)aprender a educar de una nueva manera.

Uno de los mayores errores es que no aplicas la disciplina positiva en conjunto.

Uno de los errores que cometemos muchas familias, es pensar que aplicando tan sólo algunas dinámicas o rutinas de la disciplina positiva, ésta va a funcionar mágicamente.

Y si bien cualquier acción de la disciplina positiva es un paso en la buena dirección y, por ejemplo, empezar a respirar tranquilamente para evitar un grito, o dar mayor autonomía a nuestros hijos suelen tener resultados positivos, si no aplicamos la filosofía en su conjunto, es muy posible que pronto acabemos otra vez en gritos y castigos.

La disciplina positiva es un conjunto, y para poder decir que está funcionando bien y que está dando resultados, necesitamos aplicarla como un estilo de vida, a todos los niveles.

De nada sirve que yo les hable a mis hijos con respeto, si luego me ven no hacerlo con los demás, y es muy contraproducente pedirles autonomía mientras nosotros actuamos con rigidez o caóticamente cuando intentan hacer algo por si mismos.

La disciplina positiva no te está funcionado por tu impronta cerebral.

“Oye, a mi no me insultes”

Tranquilos, que no estoy diciendo con esto que tengáis alguna disfuncionalidad cerebral, ni que sea necesario un coeficiente intelectual para educar desde un enfoque de disciplina positiva.

Modelo de cerebro, ignorar nuestra impronta cerebral es uno de los grandes errores de la disciplina positiva

Esto va más allá, en el tiempo. Sabemos que, a la gran mayoría de nosotros, no nos educaron en disciplina positiva y a la mayoría en nada que se le pareciera.
Los gritos, los castigos sin sentido e incluso la violencia física son la base de la educación que recibimos y es la impronta que ha quedado en nuestro cerebro.

Si habéis leído un poquito acerca del cerebro humano, el del niño o sobre neurociencia, (y si no lo habéis hecho os lo recomiendo) sabréis que, aunque es complicado que alberguemos recuerdos antes de los 3 años (del desarrollo del lenguaje, más bien) lo vivido con anterioridad a eso deja una impronta en el cerebro.

Esto quiere decir, que justo cuando nuestro cerebro se está desarrollando a mayor velocidad y es más esponja, el cerebro ha aprendido que cuando sucede una acción (se me ha caído algo al suelo) el resultado es uno determinado (en nuestro caso, recibimos un grito, un sermón o una reprimenda).

Pues bien, esto queda grabado a fuego en nuestro cerebro, y cuando menos lo esperamos, sale escupido en forma de acción automática, y nos encontramos siendo esos padres que nos juramos no ser.

Uno de los errores más comunes, es ignorar que nosotros no hemos sido educados en disciplina positiva.

Este hecho no es un impedimento para reaprender, para romper la cadena y cambiar el ciclo, y desde luego no debería ser una excusa para seguir educando de una manera que no es la que consideramos adecuada.

Podemos cambiar, y para ello debemos buscar estrategias, trabajar nuestro interior, y si es necesario buscar ayuda profesional para cambiar estas respuestas automáticas de nuestro cerebro.

La disciplina positiva no está funcionando porque te estás centrando la actitud del niño, otro de los grandes errores.

Este es el error más común de todos en disciplina positiva, porque venimos de una educación que en grandes rasgos se basa en centrar el foco sobre el niño.
El niño hace, el niño no hace, se porta o no se porta. Todos los conflictos los provoca el niño, son por culpa del niño, y vienen ocasionados por un problema en el niño.

Hoy en día, la neurociencia nos ha enseñado que esto no es (del todo) así, y que un niño está tomando malas decisiones (que no, se está portando mal), cuando sus necesidades físicas y/o afectivas no están siendo cubiertas. Y que cuando un niño nos hace sentir mal, o se comporta mal hacia una persona, aparte de esto, está reflejando nuestro propio estado emocional.

La disciplina positiva insiste en poner el foco en nosotros, como semilla de los conflictos (o la ausencia de ellos) y ejemplo de comportamiento.

El momento en el que nosotros nos enfoquemos en nosotros, en cómo actuamos, en cómo nos comunicamos y qué transmitimos a nuestros hijos, y esto lo modulamos según la disciplina positiva nos indica (siendo un buen ejemplo y actuando con la actitud que esperamos encontrar en ellos), va a ser como si mágicamente todo encajara.

El momento en el que entiendes que quien ha de cambiar eres tú, como padre, y el trabajo se centra en modularte primero a ti, antes de educar a tus hijos, todo empieza a funcionar.

No te estás cuidando a ti misma.

Y esta premisa, es la más olvidada y la más importante.

Si no cumplimos esta premisa, si no nos dedicamos un mínimo de tiempo a cuidarnos, a disfrutar, a relajarnos y desconectar, no seremos unas personas tranquilas y felices.

Y si no lo somos, muy difícilmente vamos a transmitir tranquilidad, y vamos a poder educar de una manera sosegada y respetuosa.

Sin lugar a duda este es el punto que más me cuesta asimilar. Mi mochila emocional ha hecho de mi persona, una que pone a todos y a todo por delante suya, y que no se considera merecedora de tiempo personal si todo lo demás no está ya cubierto.

Mujer dándose un baño, el autocuidado descuidado es uno de los mayores errores en disciplina positiva

Y hasta que no acudí al taller de Isabel, no acabé de entender, que mientras yo no está bien no voy a ser capaz de educar a mi hija de una manera adecuada, porque no voy a ser buen ejemplo ni voy a estar en el “estado de mente” necesario para ello.

Cuidarnos, dedicarnos un poquito de tiempo a la semana a nosotras mismas, a la pareja, a cuidar nuestras relaciones y a cuidarnos a nosotras, no sólo no es un acto de egoísmo, sino que es una necesidad para poder ser buenas madres y buenos padres.

Es preferible que, a la salida del trabajo (que ya es muy tarde y te impide ver a tus hijos lo suficiente), un día a la semana pierdas una hora más para poder irte a correr, o tomar un café con amigas o hacer un taller de costura… Y llegar relajada para ser una buena madre el poco tiempo que ha sobrado, que ser una madre irascible y gritona por estar con ellos el máximo tiempo posible.
Que esto no significa que te vayas todos los días 3 horas y los dejes para disfrutar sólo tú, sino que dediques un mínimo de tiempo a estar en un mejor estado de ánimo.

Y aunque creamos que no, es posible buscar ese hueco, si de verdad le damos la importancia que tiene.


¿Qué otros errores creéis que cometéis con la disciplina positiva?

¿Qué es lo que más os cuesta llevar a cabo?


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