Lactancia Maternidad Reflexiones

El biberón ha salvado mi lactancia materna.

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Bueno, tanto como decir que el biberón ha salvado mi lactancia materna es a lo mejor sobrevalorar mucho la situación, pero el caso es que gracias a los bibis de leche materna mi lactancia ha pasado a tener otro color.

Lactancia materna y biberón ¿enemigos?

Como os hemos explicado en algún post del blog de Mamateta, ofrecer la leche materna en biberón no es la mejor de las ideas, especialmente en los primeros meses cuando la lactancia aún no está bien establecida.

Si introducimos tetinas, ya sean de bibis o de chupetes, especialmente durante las primeras 4-6 semanas podemos crear una confusión tetina-pezón y crearnos muchos problemas en nuestra lactancia materna.

Cuando son muy bebés, siempre el método Kassing

Si por lo que sea optamos en estos primeros meses por ofrecer la leche materna en biberón, en vez de con otros métodos como el vasito, el biberón cuchara o el método jeringa-dedo, siempre ofreceremos el biberón de la manera más parecida al pecho.

Cogiendo al bebé en una postura sentada, le ofrecemos el biberón en posición horizontal, de manera que el flujo de leche sea lento y requiera de un cierto esfuerzo por parte del bebé. Con ello respetamos los ritmos del bebé, no lo sobrealimentamos y no convertimos el biberón en la “solución” sencilla.

Mamá dando un biberón  aun recien nacido, entorpece la lactancia materna
Si no te queda más remedio que usar el biberón, más hozizontal y con el bebé en posición vertical,

Nuestra hija nunca quiso biberón.

Como ya es he contado en otra ocasión extraerme leche era un imposible, pero es que ofrecérsela era aún más infructuoso que extraerme leche. Si estaba yo en la casa, aunque estuviera en otra planta, decía que ella quería su teta, y las pocas veces que yo no estaba no aceptó el biberón únicamente cuando ya no veía otra salida, tras horas de llorar.

Nunca me había preocupado por comprar biberones, tenía los de la canastilla de recién nacido, ya que de antemano ni los necesitaba ni pretendía usarlos al haber optado por una lactancia materna exclusiva y una crianza en casa.

Pero los guardaba, no porque no confiara en mi lactancia, sino para esos momentos puntuales en los que yo estuviera ausente.

El biberón dejo de tener sentido para nuestra lactancia materna al año de edad.

Con la introducción de la alimentación complementaria, y posteriormente la leche de vaca en taza al año de edad, el concepto biberón con mi leche materna había dejado de ser una opción para nuestra lactancia materna.

No tiramos los biberones por lo que pudiera pasar, y en un momento dado compramos un par de tetinas de gran flujo para los 4, para aquellos momentos puntuales que yo estuviera mucho tiempo fuera de casa. Siempre me he organizado para procurar que no fuera así, y los biberones de 125 ml se nos quedaban grandes.

Y un día, empezó a pedir el biberón…

Seguramente muchos factores, han influido en esta situación, pero el día clave fue una noche de agitación inmensa. Hacía muchos meses que no pasaba por una agitación tan grande, creo que el hecho de que en el cole empezaran con la operación pañal, es una de las razones.

Bebé tomando un biberón él solo, final de la lactancia materna

El caso es que tras una noche infernal, después de 4 horas con una niña enganchada en la teta, no podía más. Con lágrimas en los ojos, le dije que mamá no podía más, que estaba muy agobiada y que sentía mucho quitarle la teta, pero necesitaba un respiro.

Le ofrecí un biberón de leche, que no solía colar nunca, y me dijo que sí. Corriendo como una gacela le traje un biberón de leche fresquita, y lo cogió como el que encuentra agua en el desierto. Y así, abrazada a mí con el biberón en medio, nos volvimos a dormir con lágrimas rodando por mis mejillas.

El biberón de leche fresquita, el respiro que necesitaba para mi lactancia materna.

No es nuevo que os diga que la demanda de mi hija en el tema de la lactancia materna es más alta de lo que me esperaba, y seguramente más alta que la de muchos niños a su edad. Aunque el frenillo ya no causa tantos estragos, le cuesta más que a otros niños, y sus tomas pueden llegar a ser eternas.

La eterna crisis de los dos años no estaba ayudando nada en mi lactancia materna, y no eran pocas las veces que pensaba en un destete, abrumada en momentos puntuales por la inmensa demanda.

El tener este respiro, el que ya no sea solo mi teta, sino que a ratos cambia al biberón es lo que ha salvado mi lactancia materna. Ahora se toma la teta, y cuando ya no saca todo lo que quiere, en vez de quedarse enganchada esperando a que la teta responda, se va al bibi. Y así con esas, y gracias al biberón, desaparecen las tomas infinitas de algunas noches intensas que estaban llevando a pique nuestra lactancia materna.

Madre dando biberón a su hija, la lactancia artificial está mal vista

Llega un momento en que la demanda nos puede sobrepasar.

Es normal, lógico y entendible. Ya hayas tenido la mejor de las lactancias maternas, o hayas tenido un obstáculo detrás de otro, es muy posible que llegue el punto en que la demanda sea excesiva para nosotras.

O bien porque mama mucho de noche, porque ya hay otro hermanito y el tándem se os hace un mundo, o porque de día no tienes ya tiempo para estar parada 1 hora dando la teta, el destete parcial es muy lógico a partir de los 18-24 meses.

Por desgracia para vosotras, si estáis en esta situación, como bien repite a menudo Alba Padró, destetar alrededor de los dos años es de kamikazes y va a ser muy difícil que consigáis quitarle la teta sin tener drama.

Además, os puede pasar como a mí, que la idea del destete se os haga un mundo, que no os veáis preparadas ni veáis que es el momento de vuestro bebé de destetar. Para esto, el biberón ha sido mi salvación, ya que no temo por nuestra lactancia materna, y el destete ya no me viene a la cabeza como único recurso.

El biberón ha sido mi solución para salvar la lactancia materna.

Paradójico, pero real como la vida misma. Os decía en el primer párrafo que la lactancia materna y el biberón no deberían ser amigos, pero en la vida no todo es blanco o negro. Aunque soy muy consciente de que el biberón, al igual que la lactancia materna de noche, implica ciertos riesgos, los beneficios que ambos me aportan son mayores.

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