Hoy quiero compartir con vosotros un pensamiento que me lleva rondando ya hace un tiempo la cabeza.

El nivel de compromiso en la lactancia.

Después de 15 meses de lactancia, voy a concluir que para llevar adelante una lactancia, hace falta mucho compromiso. En especial en el mundo en el que vivimos hoy en día.

Realmente todo en la vida requiere de nuestro compromiso, en mayor o menor medida. No es algo único de la lactancia ni de la maternidad.

No cabe duda alguna que tener un hijo es uno de los compromisos más grandes que tomamos los padres. Te comprometes a querer, cuidar y educar a otro ser vivo para el resto de tu vida.

Lactancia, imagen en negro para reivindicar el uso de los atributos ALT. #BlogsAccesibles

Si eso no es un compromiso…

Y con un hijo, vienen una cantidad casi interminable de actos, acciones y decisiones que hay que ir tomando, y a los que hay que decidir cómo de grande es nuestro compromiso con ellos. No con todos se puede tener un compromiso igual, porque al final tenemos unas limitaciones en nuestra vida, la primera de ellas, el tiempo.

Así que hoy me siento a preguntar.

¿Cómo de fuerte es tu compromiso con la lactancia?

No me malinterpretéis. Con esto no quiero decir que las mamas que no dan el pecho no están comprometidas, ni con sus hijos, ni con su alimentación. Nada más lejos.

Hoy trato de darle un poco de luz a esa otra parte de la lactancia, que no se ve reflejada en esas bonitas fotos que se ven en los carteles en la consulta del pediatra (donde los hay, que aún no son muchos).

Os vengo a hablar de las partes feas de la lactancia, algo de lo que no se habla tanto.

De la necesidad de conocer lo malo para tenerlo presente y decidir nuestro grado de compromiso.

En parte entiendo que no se hable tanto de ello. De lo malo que te puedes encontrar.

Por un lado, porque por mucho que nos pese, dar el pecho a tu hijo no es algo tan extendido y común, por lo que no hay tanta gente que pueda hablar de ello. Y por otro lado, porque teniendo en cuenta esto primero, lo que no se quiere es espantar a las posibles madres.

Pero personalmente creo que la falta de información es la losa más grande que puede existir. Y creo firmemente que el hecho de que la gran mayoría de madres desconozcan muchas de las dificultades de la lactancia, es la razón por la cual tantas lactancias se ven frustradas.

El compromiso de estar informada y de persistir desde el principio.

Como dato, os diré que en la ciudad en la que yo vivo, la tasa de éxito en la lactancia al salir del hospital es del 13%. La cifra ya da miedo de por sí, pero teniendo en cuenta que una alta después de dar a luz (sin complicaciones) se produce entra las 24 horas en un parto vaginal y las 72 horas (en el mejor de los casos) en una cesárea… la cifra aterra. En tan solo un par de días, mucho más del 80% de las lactancias maternas se van al garete.

Es una cifra devastadora.

Y aunque aún a día de hoy mucha gente piense que dar el pecho es cosas de hippies o del pasado, no me creo que haya tantas madres que voluntariamente decidan no dar el pecho.

Así que, por desgracia, aquí entra en juego el compromiso desde el primer día. Si estás comprometida con la lactancia, te toca “educarte” personalmente en ello.

Porque, por suerte, hoy en día ya empieza a tratarse con más hincapié el tema de la lactancia en las clases preparto, pero si no has leído, te has informado o no tienes un grupo de apoyo, es muy fácil acabar en ese 87%.

Estos datos lo que nos están diciendo es que desde el sistema sanitario, al menos en la zona en la que yo vivo, el apoyo y el conocimiento son mínimos y deficientes.

Y luego está el tema, que yo por suerte no he vivido en mis carnes, de la falta de apoyo en el entorno más cercano. El compromiso en esas circunstancias ha de ser extremo para aguantar una lactancia, contra viento y marea.

Las expectativas incumplidas. Mantener el compromiso ante la decepción.

Porque tú ves esa imagen, de una madre dando de mamar a su hijo, tranquila, con un bebé sosegado, que está disfrutando del momento y mira cómplice a su madre. Y es muy posible, que la tuya no esté siendo así.

Seguramente los primeros meses no sean así.

Como os conté en este post, la falta de tribu hace que hoy en día tengamos muy pocas referencias sobre lo que es la lactancia real, sobre cómo es la lactancia en las primeras semanas. Al no haber visto a otras madres dar el pecho, en especial en esos primeros días, creemos que la lactancia es algo sencillo y que va rodado. Y no siempre es así.

Un bebé recién nacido es capaz por si solo de mamar. Incluso de llegar al pecho. Si. De llegar. Hay muchos videos como este en internet que dan fe de ello.

Los bebés nacen sabiendo mamar, pero las madres no nacemos sabiendo dar el pecho.

Tenemos una imagen tan distorsionada de cómo se ha de dar el pecho, que es muy posible que estemos adoptando posturas incorrectas propias de una lactancia artificial, y tengamos problemas de agarre.

Problemas con los que no contábamos. Porque suponemos que dar el pecho, es algo que por ser natural, nos sale solo. Y no es así.

Si a esto, sumamos el dolor de un mal agarre, o un frenillo no detectado, o una mastitis derivada de una mala succión… La lactancia se vuelve mucho menos idílica de lo que podíamos anticipar. Y es muy duro seguir adelante.

El compromiso de seguir adelante cuando dar el pecho duele y es difícil.

¿Cómo de segura estás que quieres dar el pecho? ¿Tanto como para aguantar estos problemas si  surgen?

Grietas en los pezones, mastitis, hipo o hipergalactia, tomas interminables, reflujo, gases… Cuando en una lactancia hay problemas, darse por vencido es lo más comprensible del mundo.

Nuestra vida está puesta patas arriba, aún somos un saco de hormonas que nos tienen en una montaña rusa, y darle de comer a nuestro bebé resulta ser una tortura y un continuo de problemas. Yo entiendo que hoy en día, cualquier madre, con la “tecnología” de la lactancia artificial a nuestra disposición, se de por vencida. Yo misma, muchos días, he estado a punto de claudicar.

Lactancia, imagen en negro para reivindicar el uso de los atributos ALT. #BlogsAccesibles

Ser conscientes de que no es camino de rosas, y que al igual que tantas cosas en la vida habrá altibajos es esencial para mantener el compromiso.

Porque puede que consigas que tu lactancia fluya sin un solo problemas después de ese bache inicial, pero luego vienen las crisis de lactancia, los mordiscos, la conciliación a veces imposible con el trabajo y otras tantas cosas que nos pueden hacer replantearnos si no es mejor coger un biberón.

El compromiso de hacer caso a tu instinto, por encima del consejo de quien solo quiere lo mejor para ti.

O lo que viene siendo, el compromiso que has de tener y la fuerza de voluntad que has de reunir si tu entorno, el más íntimo y el que no lo es tanto, te presiona para hacer lo contrario.

Yo, como os he dicho antes, no he tenido este problema. No sé si es correcto llamarlo suerte, pero mi pareja me apoya incondicionalmente en el tema de la lactancia, y nuestras familias no se han pronunciado mucho en contra.

Pero cada vez que viene una nueva mamá al grupo de apoyo a la lactancia y nos cuentan las frases que han de escuchar, y los comentarios despectivos que han de soportar, se me parte el alma. No me extraña que tantas madres cedan ante la presión, y tu nivel de compromiso con la lactancia ha de ser muy fuerte para no dejarlo ir y claudicar.

Dicho todo esto, querida mamá (y papá corresponsable y que apoyas a tu mujer), sin conocerte de nada, ni a ti, ni a tu situación, te diré lo siguiente:

Lo estás haciendo genial.

Sea cual sea la decisión que hayas tomado: dar pecho o no dar pecho; hayas dado el pecho 2 horas, 2 años o sigas dándolo tras 4 años; si das el pecho a dos, has relactado o practicas la lactancia mixta…

Lactancia, imagen en negro para reivindicar el uso de los atributos ALT. #BlogsAccesibles

¡Enhorabuena!

Lo haces lo mejor que puedes y que tus circunstancias te lo permiten.

Porque al final, el compromiso que tengas con tu lactancia, es algo que solo te importa a ti y a tu bebé, y en segunda instancia, a tu pareja y tus otros hijos. Y el compromiso verdaderamente importante es el de cuidar y amar a tus hijos lo mejor que puedas.

Como madre, podré estar o no de acuerdo con tus decisiones, pero siempre respetaré tus decisiones, porque son solo tuyas.

¡No lo olvides, eres una buena madre!


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