Conciliar – La gran mentira

Por fin, después de tantos meses, os vengo a hablar del tema entre los temas: conciliar. Del gran protagonista de la maternidad en la actualidad, del temazo que da nombre a este blog.

La conciliación.

O de cómo nos parece que emprender y maternar es la solución perfecta para ser padres trabajadores y criar a tus hijos estando presentes.

Y no siempre lo es.

La imposibilidad de conciliar trabajando fuera.

Para mi conciliar está siendo la gran mentira de mi maternidad. Así de claro y así de crudo lo digo.

Yo tenía una idea de cómo iba a funcionar esto, y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

En este post, os conté un poco sobre mi situación laboral hace 3 años. Era un infierno y quería volar. Por muchas razones. Pero había una importante y principal.

Yo no concibo ser madre y estar 14 horas fuera de casa. Es imposible conciliar. No me criaron así, y no imagino una crianza así.

Si mis hijos los iban a criar otras personas (sus abuelos, una guardería, una nanny) ¿para que los tenía yo? Siempre me ha parecido que para eso, no los tendríamos.

Y ojo, que no pretendo juzgar a nadie. Yo entiendo perfectamente que no todo el mundo puede (o quiere) tomar esa elección, no todo el mundo puede prescindir de ese sueldo fijo, de ese ingreso “fiable”.

Para mi trabajar una jornada completa fuera, no era una opción.

Pero si yo analizo como quiero que sea mi familia y nuestra crianza, llegar a casa casi a las 8 de la tarde, después de que mi hija haya pasado el día entero en la guarde, con los abuelos o con otras personas que no la han traído a este mundo, no tiene sentido.

Es por eso, que cuando entendí que la decisión estaba entre seguir un lugar en el que muy probablemente mi situación no cambiaría, y tendría esa crianza y estilo de vida que no deseaba (o no tener hijos directamente), o ser padres y adaptar nuestra vida a ello, lo tuve claro. Era emprender o no ser padres. No había otra cosa.

El porqué fui yo la que dejó el trabajo y no el padre, tiene que ver con la situación de cada uno, con las opciones laborales en la zona y de emprendimiento de cada uno.

Por eso, y porque me veía incapaz de dejar a mi hija en una guardería con 4 meses. Esas asquerosas bajas maternales (y paternales) tan maravillosas de este país.

La cuestión estaba clara.

Yo trabajaría en casa: la solución perfecta para conciliar.

Así hice. Dejé el trabajo y empecé a montar mi empresa. Y me llevé mi primer zasca.

Porque yo esperaba dedicarme 2-3 años a poner mi empresa en marcha, a hacerle el rodaje, a tener las cosas claras.

Pero la conversación llegó antes de lo esperado. Y con ella la búsqueda. No habían pasado ni 6 meses, solo hacía 1 mes que ejercía, y ahí estaba yo, pensando ya en otras cosas.

Y así, sin comerlo ni beberlo, con la empresa aún patas arriba, estaba enfrascada en la compra de una vivienda, en una mudanza nada desdeñable y en un embarazo.

Bueno, sería un año loco, pero en cuanto la pequeña tuviese 4 meses, y se acabara mi baja maternal, retomaría la actividad con fuerza. Tenía clarísimo como nos íbamos a organizar y todo iba a ir rodado. Trabajar en casa era perfecto para conciliar.

Porque todo es muy bonito cuando lo pintas en tu cabeza.

Yo voy a trabajar  en casa.

Tengo mi despacho exento, con su puerta. Para que nadie me moleste. Yo cojo, a las 4 acabamos de comer, y hasta las 8 trabajo sin descanso. Y si hace falta, los fines de semana. Con un poco de suerte, incluso una horita o dos por las mañanas, antes de que la peque despierte.

Pues ni tan mal, oiga. 30 horas de trabajo semanal se podrían rascar sin problema y eso es más que media jornada, ¿no?

Ilusa.

Ingenua de mí, fantasiosa de la vida, pensaba que eso era todo. Que con organizarse bastaba. Papá trabaja por la mañana, comemos juntos, y yo trabajo por la tarde. ¡No es tan difícil! Conciliar es solo cuestión de organización.

Eso creía yo.

Supongo que las expectativas no cumplidas hacen que todo este tema, me duela aún más.

La realidad a día de hoy es bien distinta. Y a veces se me hace bola, y las situaciones se me clavan como espinas en el corazón.

Como ya sabéis de estos otros posts, nosotros mantenemos hasta la fecha la lactancia materna. Es algo que hago convencida, y que creo que está siendo muy beneficioso para mi hija… pero a veces es mi ancla.
Cada día, nos organizamos mejor, pero hay veces que es impepinable, y esas 4 horas de trabajo ya empiezan a no serlo, interrumpidas por una toma a modo de merienda.
Y aunque procuro que se duerma antes de la hora de comer, hay veces que esa siesta no ha existido o ha sido tan pequeña que necesita otra siesta por la tarde. Así que toca teta otra vez, porque es incapaz de dormirse de otra manera, por mucho que lo intentemos.

Empezamos a rascar horas de mi jornada laboral.

Porque un día toca compra, otro día tengo reunión del grupo de lactancia al que no quiero renunciar, tenemos gestiones que hacer… y así voy quitando horas y horas a mi jornada laboral.

Y bueno. Luego están esos otros días. En los que de tanto acostumbrarse uno a estas jornadas caóticas que yo tengo, aprovechamos para meternos en jardines por amor al ocio, que acaban pisoteando mí tiempo de trabajo.
Comprendo muy bien la necesidad del ocio y de despejarse… pero por desgracia, al tomar la decisión de ser padres, asumimos que eso suponía unos cuantos años de rascar el ocio de donde fuera, y casi siempre acompañados de un bebé.

Yo no tengo ratos de “ocio” como tal, porque no hay apenas cosas que pueda hacer con la peque presente y porque siento que la ignoro y paso de su cara si las realizo.

Así que me duele mucho cuando mi jornada laboral se resiente en aras del ocio ajeno.

La realidad

Para mí, ser madre autónoma trabajando en casa, está siendo más duro de lo anticipado. Nada es como yo lo había imaginado en mi cabeza, y me cuesta todavía, después de 14 meses, asimilarlo.

Es la crianza que hemos elegido, pero no por ello, siempre es todo maravilloso y todo me parece genial.
Porque, como tanta gente, tengo sentimientos encontrados. Deseo ser madre, pero deseo poder trabajar tranquila, sin interrupciones, con un horario marcado.
El no saber nunca, si un día voy a disponer de más o menos horas de trabajo, si voy a tener que estar ahí, para dar la teta o para dormir a un bebé, cuando necesito acabar un trabajo… es algo que he decidido yo misma, pero que no por ello, está libre de desgaste.

Poco a poco voy asentando en mi cabeza, que mi situación va a ser esta hasta que decidamos llevar a nuestra pequeña al cole, alrededor de los 3 años.

Día a día, con mucho apoyo de mi tribu, voy aprendiendo a abrazar el caos, como tanto nos repite nuestra querida Mónica, y a vivir a la deriva, esperando que la vida me lleve.

Voy aprendiendo a saltar de piedra en piedra, procurando no escurrirme, para poder llegar a todo, y mantener un nivel digno de producción en mi negocio.

Esto, al igual el resto de la vida, es un aprendizaje continuo, y aunque me esté costando mucho asumir que mi vida ahora es así, poco a poco voy haciéndome más experta en dejarme llevar por la corriente en vez de nadar en su contra.

Conciliar o no conciliar. ¿Es emprender la solución a todos los males?

Con este post, espero dar un poco de luz a esas partes menos rosas y apetecibles de conciliar, pero que existen también. Y son necesarias.
Porque nada en la vida es perfecto y fácil, y es precisamente lo que lo hace la vida tan maravillosa.

A día de hoy, si una madre (o un padre) me pregunta si emprender es la solución para todos sus males, siempre les contesto que depende. Depende de lo que desees y depende de lo que estás dispuesto a sacrificar. Para mí sí es la solución, a pesar de que hay días que llore por ello y añore tener un trabajo con un horario y un destino obligados.

Así que si sois padres o pensáis serlo, y habéis decidido que emprender es la solución mágica, solo os diré, que al igual que el resto de cosas, no todo es tan fácil en la vida. Que si es la fórmula que mejor funciona para tí y tu familia, será duro, pero saldrás adelante.
Pero que emprender no es la fórmula mágica que vemos en las fotografías de stock, en las que una madre toda arreglada ella, redacta un post con un bebé tranquilo y autosuficiente a su lado.

Trabajar en casa no es sinónimo directo de conciliar.

No existe solución mágica, y siempre tendremos que renunciar a algo, bien a tiempo de trabajo o bien a tiempo de crianza.

Y en nuestro caso, la crianza de nuestra hija, que podamos estar presentes y que haya siempre alguien disponible para ella, sin vivir con prisas y horarios impuestos siento tan pequeñita, lo merece todo. Incluso en los días que se me hace cuesta arriba y lloro por no recordar lo que es tener un horario laboral concreto y respetado.

Cuando añoro que mi trabajo es algo importante, que merece su espacio y su tiempo por encima de todo lo demás.

Porque en el fondo, a pesar de sufrir mucho por esta incertidumbre y el caos que supone no saber cuanto podrás trabajar o cuantos minutos pasarán hasta la siguiente interrupción… a pesar de todo ello, para mi, merece la pena.

8 comentarios

  1. Cuánta razón en tus palabras. Yo emprendí y fue duro porque el horario era comercial y era complicado pero yo estaba por las mañanas en el trabajo y por las tardes en casa. Ahora he vuelto al “mercado laboral” y soy de las que llega a casa a las 7 de la tarde y me puedo dar con un canto en los dientes. Mi chico por las mañanas trabaja y por las tardes está en casa con el peque y aunque intenta trabajar también, es imposible, el peque nunca le deja y no lo lleva bien. Es complicado todo, no hay nada que digas que es mejor o peor. Trabajar fuera de casa te da la seguridad de tener un sueldo pero quitas horas a tu familia, y trabajar en casa, aunque parezca fácil a veces es más complicado y encima dependes de proyectos y hay muchos miedos. La solución son los horarios conciliadores como en Europa donde las horas de trabajo sean razonables, la hora de llegada a casa sea también razonable y demás.

    • No lo has podido explicar mejor, Paseando con Eloy. Efectivamente, no hay nada perfecto o idílico. Cada una de las opciones, al menos las que tenemos aquí en España en la mayoría de empresas, tienen sus puntos negativos.
      Lo ideal, como dices bien tu, para el sector privado, son los horarios más conciliadores, con jornadas laborales más lógicas pero intensas.
      En mi caso, siempre había oído aquello de, “Ah, vas a trabajar en casa? Que bien! Así todo es más fácil para cuidar a tus hijos.” Pero mi realidad personal, es que no está siendo tan sencillo, y que con una niña aún tan pequeña, que no va a la guardería, tener una media jornada laboral en casa, es solo posible a base de dormir poco y no tener nada de tiempo libre.
      Poco a poco mejorará, y el día que la pequeña vaya a la guarde, todo será diferente. Pero hoy en día, esto no se parece en nada a la imagen del emprendimiento que yo (y mi entorno) había imaginado que tendría.

  2. Aish, qué difícil el trabajo desde casa…
    Un abrazo ?

  3. Estoy totalmente de acuerdo contigo, y me encanta tu sincera forma de exponerlo. Yo, tras 10 años en un trabajo fijo decidí, pq ya no me hacía feliz y por poder conciliar, coger una excedencia y emprender por ni cuenta como autónoma. Parece fácil, pero las 10 horas que trabajo fuera de casa son las más productivas, pero todo el trabajo que no se ve, el que llevo en casa, me es super complicado organizarme. Con una bebé no puedo tener horarios. Acabo muchas veces trabajando con ella en la mochila en sus siestas o aprovechando por la noche y sin apenas dormir. No es tan fácil como parece. Pero mira, a mi me hace feliz trabajar por mi cuenta, con lo que me gusta. No tener wue pagar canguros, poder estar yo cuando estan enfermos. A mi me compensa.
    Un abrazo guapa!

    • Exactamente Neuras de Madre. Es difícil, y a mi personalmente, el vivir permamentemente en el caos, trabajar con gritos y lloros al otro lado de la puerta o no poder controlar al milímetro mi organización, es algo que me cuesta. Pero como bien dices, que también me compensa. Sé que si tengo que ir al pediatra, tener un día dedicado al 100% a ella porque está malita, o no llevarla a la guardería, no me tengo que pelear con nadie más que conmigo misma.
      Un abrazo!

  4. Pues es que tienes toda la razón… Y de eso nos damos cuenta, claro, cuando nos convertimos en mamá. Mi carrera profesional se terminó cuando me quedé embarazada de mi peque mayor. Desde entonces he intentado trabajar conciliando, pero no quiero renunciar. Y está siendo difícil. Ahora tengo muy claro que mi única opción, hoy por hoy, es trabajar desde casa. Pero, como tú dices, eso no es jauja, y nunca sabes cuánto podrás trabajar hoy, o mañana… Quien no lo ha probado lo ve como algo idílico con mucho tiempo para todo… pero no, el tiempo es limitado y las tareas muchas, y los imprevistos más. También te digo que hoy por hoy tengo muy claro que no quiero un trabajo como el que tenía, encerrada en una oficina por la mañana y encerrada en una oficina por la tarde… Y llegar a casa casi a la hora de cenar… Eso no es vida. No quiero eso porque no quiero renunciar a mis hijos, pero tampoco a vivir… ni a trabajar. Un gran post, gracias por compartir tu experiencia y reflexión. Un abrazo

    • Gracias por el comentario Mi mundo con peques. Exactamente así me siento! No concibo trabajar de otra manera, y si no hubiese sido posible empreder, seguramente hoy no sería madre.
      Es una decisión que no lamento para nada y cada día estoy más segura de que es la mejor opción, pero como todo en la vida, nada es tan fácil.
      Abrazos!

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