Conciliar en tiempos de confinamiento, teletrabajando con niños en casa, es el mal
Conciliando Maternidad Reflexiones

Conciliar en tiempos de confinamiento.

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¿Cómo conciliamos en el confinamiento? Mal.

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No, de verdad. Este no es un post con tips para conciliar, ni con trucos mágicos para llevar todo lo mejor posible durante este aparentemente eterno confinamiento.

Creo que todos hacemos lo que podemos y es todo tan particular (la situación y nuestras circunstancias) que dar consejos, tips, trucos y recomendaciones me parece inútil y hablar por hablar.

Desde el principio os he contado que este blog, más allá de que pueda servir para divulgar, es una especie de diario donde dejar plasmada mi maternidad y si alguien se siente comprendido por el camino, genial.Este post es precisamente eso, una pequeña bitácora de lo que ha sido este confinamiento de cuarentena, ya casi ochentena, y como lo hemos hecho para malconciliar.

Conciliar se nos estaba dando de escándalo, y de repente, confinamiento.

Pues tal cual os lo cuento. Tras muchos meses, casi años, de intentar encajar todas las piezas del puzzle, parecía que no se nos daba muy mal.

La escuela infantil era nuestra salvación mental, y nos permitía ser familia, ya habíamos conseguido que se quedara a dormir con los abuelos, y una o dos veces al mes nos podíamos escapar en pareja o podía rascar más horas de trabajo.

La terapia, el pilates, las citas de pareja, los turnos para ir al parque, y la flexibilidad nos permitían ser una familia feliz.

Iba a necesitar que este engranaje familiar funcionara a la perfección, incluso que los abuelos y papá apretaran más el culo y asumieran un papel más principal, porque estaba ante una situación sin precedentes a nivel laboral.

El mayor trabajo de mi historia, cuando más necesitaba la ayuda externa…

… pasó lo que más temíamos. El virus había llegado, de verdad, y se estaba extendiendo a una velocidad que daba (y ha dado) mucho miedo.

Ni dos semanas antes del cierre de todas las escuelas, estaba firmando el mayor proyecto que he tenido nunca, casi el triple que el más grande hasta la fecha. Estaba pletórica, parecía que por fin iba a dejar de tener años mediocres, y este año iba a ser un buen año. Con lo bien que nos organizábamos, todo iba a ir genial.

Y allí estaba yo, de nuevo en nuestra peor época, sin tiempo de familia, sin ayuda, durmiendo menos de 6 horas al día, sobrepasada, oscura y estresada hasta no poder más.

Además, aderezado con el miedo compartido, la rabia, la incertidumbre, el desasosiego propios de esta cuarentena y con una niña a la que ya no podía entretener durante horas con una teta que me permitía tener las manos libres y trabajar.

Después de los 3 meses de postparto inmediato, han sido los 2 peores meses de mi vida. El trabajo ha salido en tiempo, y estoy tremendamente orgullosa de ello, pero lo que hemos sufrido los tres hasta la entrega final del mismo, es tremendo.

Ha sido duro, muy duro, y me consta que muchas compañeras y compañeros lo han pasado exactamente igual.

Haciendo turnos imposibles, a horas intempestivas, durmiendo muy poco, sin saber qué era el descanso, el autocuidado ni lo fines de semana, sin tiempo de pareja, sin estar lo suficientemente relajada como para cuidar (y encima educar) como es debido, y abusando muy mucho de la Patrulla canina…

Como os decía, en este confinamiento, conciliar se nos ha dado mal.

Lo mejor que hemos podido, dadas las circunstancias y nuestra situación personal, pero en resumen mal. Ni ponerlo bonito ni feo, mal.

Por desgracia, igual que la mayoría de familias de nuestro país.

Quien no ha tenido que apañárselas como ha podido para rascar minutos de trabajo en jornadas imposibles renunciando a todo para mantener el negocio o el puesto de trabajo, ha tenido que arriesgar su salud y la de su familia apretando aún más a la parte que conciliaba del par. O peor aún, han tenido que vivir en sus carnes durante este confinamiento la angustia de un despido, un ERE, un ERTE, un subsidio que no acababa de llegar, dificultades económicas, renunciar a ese esperado trabajo o incluso separarse de sus hijos por un tiempo indefinido ante la imposibilidad de conciliar.

Este confinamiento no ha sido tiempo para conciliar.

Es tiempo para hacer lo que podamos, y no tratarnos mal. Vamos a hacer muchas cosas mal, no hay casa donde no haya regresiones, se esté viendo más tele de la cuenta, haya mal humor de vez en cuando o el bote de ahorros esté viendo el final. Desastres everywhere.

Así que si te encuentras en esta, que seguro que sí, te vengo a abrazar, y a desear muy fuerte que todo esto pase pronto.

Nosotros ya (en fase 2) estamos pudiendo ir a ver a los abuelos, sin abusar que no es justo para ellos exponerlos de más, y el trabajo (por suerte y desgracia) está bajando, por lo que el estrés (y los ingresos) son mucho menores y puedo volver a pensar en ducharme todos los días y hasta en peinarme.

Y ahora nos queda un trabajo muy grande para desintoxicarnos de tele, para reparar todo el daño de los últimos meses, para recuperar la disciplina positiva y un largo tiempo de incertidumbre laboral.

Porque, como una gran parte de los emprendedores al servicio de terceros, esta crisis económica la voy a sufrir a posteriori, cuando mis clientes ya no puedan más y sacrifiquen el marketing y la publicidad.

Yo dejo aquí este testimonio, a modo de herencia, por si algún día nuestra pequeña necesita entender que pasó y de donde viene tal o cual. Cuando quiera saber que fue eso del coronavirus, el confinamiento y la cuarentena, y como lo hicimos para seguir viviendo y conciliar. Y a modo de consuelo de muchos (o lo otro), que al final es lo poco que tenemos a nuestra disposición. Comprensión y consuelo.

Porque mientras dure el confinamiento, conciliar, vamos a poder conciliar mal.


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