Confesiones – Los colores de mi maternidad

La maternidad es de muchos colores.

No creo en las maternidades negras. No creo en las maternidades rosas.

Creo que cada uno vive su maternidad como puede y hace lo que puede, en función de sus circunstancias, sus deseos, sus expectativas y su entorno.
Y creo que no siempre es de un solo color.

A menudo me siento vagando entre dos aguas.

Yo si renuncio, a mi vida y a mi carrera por ella. Porque lo he decidido libremente.
Creo que no se puede no renunciar. Al final renuncias a algo. Y ese algo depende espero de ti únicamente. Por ello, no me siento malamadre.

Yo no creo que ser madre es el mejor trabajo del mundo. Es uno que te puede gustar mucho, igual que el que tenías antes de serlo. No es ni mejor ni peor que cualquier otro. No sería feliz solo siendo madre. Por ello, no me siento happymadre o madre rosa.

Me siento perdida. Porque no me reconozco con nadie. O con casi nadie. Porque últimamente Un papá en prácticas parece dar en el clavo con sus relatos de paternidad.

Ser buenamadre o malamadre está de moda.

Leo muchas quejas de maternidades rosas provenientes de madres que no se sienten tan rosas, y de maternidades negras de madres que se sienten rosas.

Y yo me siento entremedias. Porque, al igual que el resto de cosas en mi vida, tengo días de maternidad negra y días de maternidad rosa. No creo en ninguna y creo en todas. Yo soy una madre rosa a veces y una madre negra a veces.
Creo que no está de moda ser de una u otra manera, y creo que todo el mundo habla de todo, o no, pero que también escogemos leer o enfocarnos en lo que, o bien nos choca o bien nos identifica.

Yo también me siento gris.

Hoy vengo a confesar que mi maternidad hasta ahora ha estado siendo más bien gris, como decía Adrian.

Como dice su maravillosa señora, las expectativas, amigos… Que malas son. Cuanto daño nos hacen.

Si crees en rosa y es gris, lo ves negro. Si crees en negro y es gris, lo ves rosa. O a lo mejor no es gris. A lo mejor simplemente es.

No es que no supiera que iba a ser duro, no es que no supiera que iba a ser tan bonito. Que no había amado así jamás y que mi mundo se pararía solo para verla crecer. Por gusto.
Que sería lo mejor y lo peor que me ha pasado. Que me llevaría a los límites… a ambos.

No puedo decir que soy más feliz que antes. Ni que lo soy menos.

Soy diferente.

Cambiar me asusta. Aceptar el cambio me cuesta.

Pero estas últimas semanas está pasando algo mágico.

No sé si tiene que ver con el hecho de que mi trabajo parece empezar a ser lo que debía ser, algo que me hiciera feliz y que aportara sustento a mi casa, y no solo una pelea diaria por decidir si seguía remando en medio de la vasta inmensidad de la incertidumbre.
No sé si el hecho de que haya empezado a hablar (por los codos) en su idioma y nos esté resultando más sencillo comunicarnos con ella lo haga todo más fácil.
No sé si es que por fin estoy aceptando el cambio, el constante caos, las expectativas que nunca se cumplen, porque nunca serán lo que pensaste.

Pero, confieso, es ahora cuando estoy empezando a disfrutar de verdad la mi maternidad.

No es lo que esperaba y es todo lo que pensaba.

Será que uno no espera que sus primeros meses de madre sean un infierno, y que cuando lo son no entiendas nada.
Será que las cosas no eran como las esperaba.
Será que me intento identificar con un modelo que no es el mío.
Será que me intento identificar… y no debería.

Pero esta es mi verdad.

Me ha costado aprender a disfrutar. Me ha costado encontrar el equilibrio. Me ha costado adaptarme a ella. Y me ha costado aceptar que siempre he sido muy flexible y adaptable, y con ella no conseguía lograr encontrar mi ritmo.

Seguiré teniendo días negros, días grises, días rosas, y días de todos los colores.

La vida pasará volando a mi lado, y me sentiré abrumada, sobrepasada, no llegaré a nada y mi vida seguirá en stop. Seguiré sintiendo que el mundo gira más deprisa que yo.

Pero ahora soy feliz.

Por fin soy verdaderamente feliz.

Por fin la estoy disfrutando de verdad. La maternidad. Y de ella.

Por fin estoy disfrutando de esta “buena mala idea”.
De esta montaña rusa.
De este pequeño milagro, que nos tiene locos de amor y locos de atar.

De ser madre.


Esta iba a ser un reflexión para Instagram que os iba a publicar el domingo, pero se me fue un poco de tamaño, así que os lo dejo por aquí, en forma de minipost, como contenido extra del blog.

2 comentarios

  1. Son etapas.. mi comienzo o mis inicios en la maternidad fueron todo lo contrario a lo que había pensado, planeado y soñado empezando por ahí, desde ese instante me si cuenta que nada está escrito, que mi realidad era sólo mía y que debía enfrentarme a otros retos que se me venían.
    Con elnpaso de los AÑOS, si AÑOS y en mayúscula, las cosas han cambiado, pensé que iba a ser una etapa corta pero se me convirtió en casi 4 años para disfrutar realmente mi maternidad. Y ahora cuando veo la luz al final de túnel y saliendo de depresiones varias, he decidido retormar aquello a lo que renuncie, por gustó o porque no me quedaba otra…. talvez!
    Si me gusta complicarme la vida dirían algunos, pero antes de madre, fui otra persona y creo que ahora mismo no está mal que la mujer, aquella que se quedó relegada, vuelva a hacer lo que le apasiona (llamarme malamadre) y fusionar todos los roles . Por que SI, Y SI… una madre con todo lo que vive, sea su realidad u otra, puede con todo, así el alma no le dé y en esta vida estamos para sentirnos plenos (no todos los días quizas) pero intentar alcanzar sueños .. saludos

    • Que bonito comentario Katherine! Y que cierto es que nos olvidamos todos, nosotras y el mundo, que antes éramos unas mujeres y ahora queremos seguir siéndolo un poquito.
      Mucho amor “Mamiga”… Y que vivan las complicaciones que nos hacen felices!!!

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