Mujer sujetando a su bebé, en el postparto inmediato, después de parir quiero existir.
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Después de parir quiero existir. Postpartos ignorados.

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En este post me voy a unir a la maravillosa acción que he emprendido mi amiga Marta Rivas Rius, #DespuesDeParirQuieroExistir , y os voy a contar todo aquello que ocurrió en mi postparto y que me hace clamar que Después de parir yo también quiero existir para el sistema sanitario (y para la sociedad).

Dejé de existir a los pocos minutos de parir.

Como ya os conté en el post de mi parto, mi plan de parto se había ido por el desagüe ya al principio del mismo, empujada muy seguramente por un ambiente pensado más para la comodidad de un proceso de trabajo que para hacer sentir a una madre en un ambiente tranquilo y agradable.

Entiendo que muchas cosas no fueron como yo las había planteado en dicho cuaderno, comprendo que fueron fruto de mi decisión de usar la epidural, pero aún me duele pensar que nuestro piel con piel apenas duró un minuto.

Se llevaron a mi hija a hacer todo el control de recién nacido, con la promesa de devolvérmela a los pocos minutos, en parte porque por entonces los protocolos no estaban al día y en parte por la curiosidad/preocupación que tenían con el peso de mi hija.
Hoy en día sabemos que la mayoría de controles se pueden hacer directamente sobre la madre, y que el resto de procedimientos a practicar sobre la madre, salvo que requieran de quirófano, los podían haber hecho teniendo yo a mi hija encima.

Madre con su bebé recién nacida, postparto inmediato, después de parir quiero existir

No pude coger a mi hija durante 40 minutos, cuando podría haberlo hecho perfectamente.

Tenía que haber reclamado que me la devolvieran, que la quería encima de mí. A mi no me quedaba voz en el cuerpo ni fuerzas para reclamar mi sitio, me sentía pequeña, y mi pareja tampoco supo reaccionar.

Como ya os relaté, ella no volvió a mi pecho a los pocos minutos, sino que la envolvieron como un regalo y se le entregaron (menos mal) a mi pareja. Mi placenta no salió entera y no acababan de estar seguros de que mi útero estuviera limpio.

En ese momento, tras haber llorado ya por dentro por una Kristeller y una episiotomía que estaban lejos de ser mi deseo, yo ya había dejado de existir. Especialmente para la ginecóloga, mujer, espero que no madre, y desde luego (y me da igual lo duro que hubiese sido su día) poco humana que estaba al servicio esa noche.

Ni siquiera me dirigió un saludo, ya no digo una explicación, cuando me metió la mano hasta el codo sin dirigirme una sola palabra para bailar por bulerías dentro del útero que hace 15 minutos había contenido a mi hija.

Somos personas en una situación muy emocional, no somos ganado.

Mucho de lo que sucedió en las siguientes 48 horas, por desgracia aún hoy en día depende del fruto de la suerte, de la fortuna o la desgracia del turno de sanitarios que te toquen.

Sigo sin entender, por qué los protocolos no son más humanos, porque no se impone más la empatía en el personal sanitario que atiende a personas (si, somos personas) en momentos tan vulnerables.

Yo había perdido mi voz por completo, y el sistema falló por tantos lados… es algo que aún me duele casi 3 años más tarde,

Tu entras en un hospital, y se supone que debes saberlo todo acerca de los protocolos de actuación incluso sin haber vivido jamás un ingreso (ni como paciente ni como acompañante), como si fuera algo que aprendes en la ESO. Y sin embargo lo que la lógica aplastante dictamina, que el personal sanitario de una planta de neonatos esté formada y actualizada, es algo que brilla por su ausencia.

La lista de cosas que ocurrieron en esas 38 horas hasta que por fin volvimos a casa, es interminable y casi que no quiero rascar mucho la costra de una herida que por fin parece empezar a cicatrizar.

Se llevaron a mi hija a bañar, sin nuestra presencia y desde luego sin nuestro consentimiento, me trataron como a una niña de 4 años y sin embargo como licenciada cumlaude en protocolos hospitalarios desde el minuto en que subimos a planta, me plantaron un biberón pirata en la mesita, y lejos de ayudarme con nuestro problema en la lactancia, que a día de hoy sé que con un mínimo de formación en lactancia hasta el más tonto habría detectado, todo lo que hicieron fue entorpecer una lactancia que ya anunciaba sería compleja.

Mujer que ha dado a luz hace horas, con su bebé y un biberón pirata, postparto inmediato, después de parir quiero existir.
El biberón pirata en el fondo.

Y así mil y una cosas. Salimos del hospital, sintiéndome por fin libre, de vuelta mi lugar seguro, la cercanía del sistema sanitario que yo conocía… pobre ilusa, que poco sabía.

Todos los controles para el bebé, los justos para la madre.

No pasó poco tiempo antes de que descubriera que ese sentimiento, el de dejar de existir después de parir, no se iba a quedar en el hospital.

Pasas por mil y un controles antes de dar a luz. En mi caso, menos de los protocolarios debido a las vacaciones navideñas previas al parto, pero aún así excesivas en algunos momentos.
Y cuando te dan a tu bebé en brazos, descubres que lo único importante en aquel proceso era tu bebé, que se interesaban por ti únicamente como útero contendor de esa nueva vida.

Sales del hospital, y tu bebé sigue siendo importante para el sistema sanitario: la prueba del talón, la visita de las 2 semanas, de las 4, de las 8… y las que hagan falta si resulta que notas que algo no funciona bien.

Pero solo importa la evolución del bebé. ¿Coge peso? tu lactancia funciona.
¿Molesta, es un calvario de tomas y ocurren cosas impropias de una lactancia bien establecida? Pero coge peso, lo demás no importa.
Tiene muchos gases. ¿Quieres unas gotas? ¡¡No, no quiero gotas, quiero que alguien me escuche y me sepa atender!!

Y en un sistema en el que por entonces por no tener, no teníamos ni matrona, da igual que tengas una episiotomía y 12 preciosos puntos.

Puntos que miró de aquella manera un ginecólogo y adiós muy buenas, cuyos cuidados venían poco y mal explicados en un papel porque nadie tiene tiempo de explicarte en 5 minutos algo que por suerte yo sabía por las clases preparto, y de los que absolutamente nadie más se preocupó.

“Si huele mal, o se te inflama, acude al médico”  ¡¡¡Y ya está!!!

A mi pareja le revisaron hasta en 3 ocasiones los 3 puntos de una miniraja casi superficial tras la miringoplastia, pero mi raja de 12 puntos no era relevante para nadie.

Y ya pedir un revisión ginecológica postparto o una mísera analítica, son mucho pedir.

Porque tu ya no importas, tan sólo importa tu fertilidad. ¿Vais a por otro? ¿No? Estos son los métodos anticonceptivos disponibles.

Ya te volveremos a ver si te quedas embarazada.

Y así, sin más, dejas de existir después de parir.

Todo el proceso que supone dar a luz, parir, que con tanta instrumentalización y institucionalizacón  has de pasar, de repente pasa a ser un recuerdo borroso en el recuerdo de nadie.

Tienes que rogar o pagarte tus visitas al ginecólogo, solo te atienden las “heridas de guerra” si se infectan y después de que te sacaran toda la sangre y más durante el embarazo, tienes que suplicar para que te hagan una analítica de revisión.

Y esto amigas, según donde, es parte del postparto.

Sentirse abandonadas, sentir la puerta en la cara, y los brazos abiertos para el bebé que has traído al mundo.

No solo dejas de ser protagonista, tú portadora de vida en forma de gran barriga dominio de todos, detrás de un bebé que todo lo eclipsa. Con razón, oigan, pero hola, yo sigo estando aquí, y a lo mejor necesito un poco de ayuda.

Mujer dormida agotada por la intensidad del postparto, después de parir quiero existir.

Como ya no sirves un propósito, y el que sirves se puede suplir con brazos y leches ajenas, pues no pasa nada.

Hoy en día, por suerte, tenemos matronas en mi ciudad, pero como bien denuncia Marta, las cosas no han cambiado mucho.

Si tu útero queda maltrecho, si tu mente ha quedado tocada, si quieres ponerte un DIU o tan sólo saber si ese cansancio extremo es lógico e inherente a tu nuevo estado, o es algo por lo que preocuparse… eso a nadie le importa.

Sólo te importa a ti, que tienes que ir a pedir, a rogar, como el que demanda limosna, y esperar a que el sermón o las recomendaciones totalmente desactualizadas caigan sobre ti.

Yo después de parir, quiero existir.

Quiero que controlen, lo bien que habían controlado mi cuerpo antes de parir, que todo sigue en orden después de tal suceso. Quiero que se acuerden de mi, de que yo también existo y yo también he nacido, de nuevo.

Quiero que los cuidados postparto, las revisiones postnatales, sean tan importantes y tan accesibles como lo son las del embarazo.

Quiero un mejor trato en los hospitales, quiero un personal sanitario empático y actualizado, quiero un protocolo de cuidados postparto…

Quiero existir.

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Comentarios (2)
  1. Maria 3 meses hace

    Comparto tus palabras, pero imagina esa situación que describes cuando tu bebé ha nacido muerta, es más insufrible aún y tampoco hay protocolo de atención para estos casos

    Responder
    • Zora Groothuis Arroyo 3 meses hace

      Esta situación es horrible. No se si conoces a Mamá sin Red, que ha pasado por esto, y es una vergüenza la falta de protocolos y empatía que existe con una situación tan devastadora para una madre. Hay que reivindicar mucho más, que ésta es una situación que necesita de unas medidas especiales de trato, que no podemos tratarlo como un parto normal o como una situación cualquiera. Un abrazo inmenso, y ojalá que las madres que sufran una pérdida tan dura, no tengan encima más dolor añadido que se puede evitar.

      Responder

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