Madre con niña - Mito de la crianza
Crianza Maternidad Reflexiones

El mito de la crianza.

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De responsabilidad, culpa, influencia y apego.

Hoy vengo a hablaros de un discurso que escuché no hace mucho en un podcast de Madresfera, en el que un psicólogo defendía la poca influencia que tenemos los padres y madres en el futuro éxito de nuestros hijos, y mi profundo desacuerdo al respecto.

Si no tienes nada bonito que decir…

Si me seguís en redes, sabéis que no es la primera vez que escribo sobre este tema (y discurso en particular) pero si es la primera vez que lo publico. Últimamente intento aplicar a rajatabla el dicho que reza “Si tus palabras no van a ser más bonitas que el silencio, no las dejes escapar”.

Pues en los anteriores escritos, esa premisa no se cumplía, y la responsabilidad, que cada vez es un filtro mayor en aquello que publico, no me permitió mostrar tal malestar al mundo.

No obstante, como os dije en su momento, creo que el mensaje subyacente si era importante y necesario. Y aquí os lo traigo.

¿La crianza va de responsabilidad o de culpa?

De todo aquello que se dijo en el podcast, estoy muy de acuerdo en que tenemos que empezar a desterrar la culpa de nuestra crianza, como eje central. Las madres y padres no tenemos la culpa de todo, especialmente cuando nuestros hijos son ya adultos, y es su propia responsabilidad hacerse cargo de sí mismos y todo lo que ello conlleva.

Soy la primera que reconozco que en la búsqueda de una buena crianza y en la huida de las propias heridas, caigo a menudo en sobreanalizar todo y en culparme por cosas que difícilmente están en mi mano. Trabajo importante tengo ahí.

Pero creo que, de ahí a eximirnos de toda responsabilidad sobre la salud y estabilidad emocional de nuestra progenie, hay un trecho que para mi cruza líneas rojas bastante importantes.

Si decidimos ser madres y padres, hemos de ser conscientes que asumimos una inmensa responsabilidad (que sí, en el mundo en que vivimos puede ser agobiante y compleja por momentos). Acompañar a nuestros hijos en su crecimiento, siendo guías y apoyo y no obstáculo, es la tarea a la que nos enlistamos el día que decidimos buscar el positivo.

Criar a nuestros hijos es mucho más que mantenerlos vivos.

Con la distancia y la perspectiva que dan la calma, entiendo que todo aquel discurso que me molestó en su día, y me sigue pareciendo erróneo, proviene de la necesidad de desmitificar y desglorificar la crianza, que nos lleva a caer en pseudociencias y a comprar todos los métodos del mundo para “criar mejor” (porque, aparentemente, peor no se puede, según el marketing).

Pero sigo pensando que es muy peligroso declarar frases tan rotundas como que, si sólo estamos un ratito para nuestros hijos, porque estemos trabajando 14 horas al día por poner un ejemplo, “no pasa nada” y “sólo tendremos una peor relación con nuestros hijos”.

Como si tal cosa fuera baladí.

Como si esa relación no tuviera mayor trascendencia en la educación emocional de nuestros hijos.

Estoy de acuerdo en que el entorno puede ser determinante, para solucionar una crianza en la que un niño no es visible, importante ni relevante, donde no se le tiene en cuenta y si acaso se lo tiene limpio y alimentado. Pero ¿no es acaso mejor, no tener que solucionar nada?

No podemos vivir esclavos de la culpa, y pensar que todo lo hacemos fatal, porque ya el hecho de cuestionarnos es un indicativo de que lo estamos intentando. Pero sí debemos asumir la responsabilidad de que criar es mucho más que llevar un plato a la mesa y que nuestros hijos tengan ropa que llevar puesta.

Criar con apego y presencia, no es sencillo.

De verdad que no lo es, y quien diga lo contrario miente o ha nacido con más privilegios que la inmensa mayoría. Estar más presentes, tener tiempo para nuestros hijos, no solo de calidad sino de cantidad, supone grandes renuncias.

Todo lo que hacemos, todo el esfuerzo que le ponemos “son suficientes”. Nosotros, si trabajamos por dar lo mejor a nuestros hijos (y asumir que es así en todas las casas, también me parece terreno farragoso) somos suficientes. Lo que no logremos nosotros, si les procuramos ADEMÁS un entorno adecuado, lo harán el resto de agentes por nosotros.

Los padres de esa personita somos nosotros, no los demás.

No podemos eludir nuestra responsabilidad por que pueda haber otras personas y otros entornos donde tales entuertos se puedan solucionar. Y no, ello no significa que tengamos que vivir esclavos de nuestra crianza, y que nada importe más que ello(s).

Significa que tenemos la responsabilidad de hacerlo lo mejor que sabemos, y de estar en constante evolución, para hacerlo cada día mejor (y si, ello conlleva equivocarse, fallar y hacerlo “mal” muchas veces). Si te lo estás cuestionando, ya lo estás haciendo mejor. Pero no te quedes ahí y grites todos los días a tus hijos “porque no pasa nada” y luego si tiene buenos amigos en el cole, podrá ser una persona de éxito.

Funcionalidad, éxito y ¿equilibrio emocional?

Sin lugar a dudas, aquello que más me rechinó de todo el discurso, es que todos los estudios que mencionaba (vs los que desechaba) para defender la teoría del “no pasa nada si los dejas que se críen solos en el polígono de atrás de casa”, era que una persona podía tener una estabilidad económica, laboral, social y un nivel intelectual aceptables, vamos, que podían ser funcionales, a pesar del trauma.

Pero no se mencionaba en ningún momento si eso era posible A PESAR de una mayor o menor mochila emocional. No se cuestionaba si esas personas estaban satisfechas con ellos mismos y con su vida.

Porque se puede ser perfectamente funcional, y seguir siendo profundamente infeliz.

No somos los responsables de todo.

Insisto, que no debemos culparnos por todo y creernos responsables de cada malestar de nuestros hijos, pero tampoco podemos dejar todo en manos de los demás. No podemos usar tal afirmación como excusa para no esforzarnos ni lo mínimo, porque ya se arreglarán.

Si yo tengo que elegir si mi hija va a empezar una carrera de 100 metros lisos en la salida con todos o 300 metros más atrás, yo tengo claro que quiero que mi hija tenga las mejores opciones para afrontar ese reto. De igual manera, si puedo ayudar a mi hija a tener las mejores herramientas para ser un adulto funcional y FELIZ, mejor es eso, que dejarlo a la buena suerte, o peor aún, complicárselo de más.

Ni métodos, ni pseudociencias.

La crianza no va de sacar sobresalientes en un test invisible, ni de que parezca que lo haces mejor que la vecina, ni de que tu hijo saque las mejores notas y los menos comentarios negativos.

Va de encontrar el equilibrio, de recordar que los niños son personas, personas en crecimiento a las que prometimos ayudar a evolucionar. Va de recordar que ellos aún no tienen las herramientas que nosotros ya hemos adquirido y que es nuestro compromiso ayudarles a ser su mejor versión.

Sin caer en métodos milagrosos, sin culparnos por todo lo que pasa, ni culpar a la abuela materna de todos nuestros males. Huid de todo aquello que suene a fórmula perfecta, solución definitiva, herramienta infalible y atajo milagroso.

Si algo quiero recalcar de ese discurso que no fue lo que esperaba, es que desterremos la culpa, que no nos creamos omnipotentes y omnipresentes, y que nos dejemos ayudar.
Pero que no sirva este sentimiento, para eludir toda responsabilidad, y tener hijos como el que tiene un poto, que da lo mismo si lo riegas o si se te pone pocho, que ya otros lo arreglarán.

Seamos padres responsables, y no dejemos que la culpa nos impida ser personas, profesionales y educadores.

Lo hacemos lo mejor que podemos, pero no dejemos de intentarlo todos los días.


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Comentarios (4)
  1. Piruli 2 meses hace

    Parece que en temas de crianza todo es negro o blanco. No creo que se pueda afirmar que todo es culpa de los padres pero tampoco que no tiene ninguna relación. Pocas cosas son tan trascendentales en la vida como para marcarla o no. Cuanta más educación emocional tengamos más fácil debería de ser crecer y enfrentarnos a la vida pero ¿eso sólo? Hay muchos otros factores.
    Un saludo

    Responder
    • Zora Groothuis Arroyo 2 meses hace

      Claro. Yo creo que afirmar tan rotundamente que da igual lo que hagamos los padres que no les va a afectar, al igual que pensar que todo (y sólo) lo que hagamos nosotros como padres es lo que va a determinar su futuro, es no ver la imagen completa. Yo entiendo que aquel discurso nacía de una necesidad, de advertir a los padres que no crean en las magufadas que hoy en día proliferan y nos hacen culpables de todo (y objetivos para comprar cursos, terapias y remedios mágicos). Pero sigo pensando que algunas frases se traducen en “precedentes” o “excusas” para el todo vale, y lo considero irresponsable.

      Responder
  2. Cecilia 3 meses hace

    Totalmente de acuerdo, en todo!! Y desde mi punto de vista, además añadiría que ese discurso en una defensa al “así se hizo toda la vida y no salimos tan mal”. Yo también apoyo el quitarse culpas, lo hacemos lo mejor que podemos, pero de ahí a que no importe nuestra labor como padres/madres hay un trecho. De ahí al deja de preocuparte que lo que hagas o dejes de hacer no va a repercutir en tu hijo/hija… pues va a ser que no. Estos discursos, a mi ver, son un total retroceso para los que buscamos una educación basada en el apego, el respeto y la confianza. Hay que aprender a quitarse culpas pensando que cada error que cometemos es una oportunidad para aprender, no nos quitemos culpas escudándonos en estos discursos, quitando a nuestros hijos/hijas el derecho de crecer sabiendo que pase lo pase tienen un puerto al que acudir, en vez de que lo tengan que buscar fuera de casa.

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    • Zora Groothuis Arroyo 2 meses hace

      Acabas de dar en el clavo para mi. Usemos los errores como un aprendizaje, no como una excusa para el “todovale”.

      Responder

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