El reloj biológico que nunca se encendió.

En los comienzos de este blog os hablé de como llegué a ser madre, y os conté ya en ese momento que yo no sentí la llamada de la maternidad ni se me encendió el reloj biológico, y que aquello determinaría mucho mi maternidad.

A mi no se me encendió el reloj biológico.

Cuando yo me quedé embarazada, tras meses de búsqueda, a mi no se me había encendido lo que se suele llamar el reloj biológico. Yo no había sentido la llamada de la maternidad. Quería tener hijos, pero no era un deseo que todo lo eclipsaba, no era ese sentimiento magnánimo que todo lo puede y todo lo endulza.

Que es eso del reloj biológico.

Seguramente no habrá nadie que me lea que no sepa de lo que hablo, pero por si acaso eres esa excepción que no sabe que es lo que quiero decir, os explico lo que yo entiendo por encenderse el reloj biológico de una persona.

En nuestra esencia más primitiva, estamos genéticamente codificados para hacer lo que cualquier ser vivo. Nacer, crecer, reproducirnos y morir. Así de sencillo. Luego la evolución nos ha hecho evolucionar y somos capaces de infinitas cosas y no nos mueven esos únicos propósitos.

No obstante, y al menos a mi parecer, la mayoría de madres, suelen en un momento dado sentir ese deseo irrefrenable de serlo. Imagino que en cada caso será una mezcla variable de esa naturaleza innata, de un deseo personal, de un estilo de vida, de una idea de futuro… a cada persona la mueve algo diferente.

El deseo de ser madre, como pilar de vida.

Pero la gran mayoría de madres que buscan y logran (o tristemente, no) lo suelen hacer movidas por ese deseo que habitualmente todo lo copa.
Desean a esos hijos con todas sus fuerzas, y serían capaces de sacrifcar y arriesgar mucho por ello. Hay gente que desea tanto a ese futuro hijo que hipotecan su vida a ello, o arriesgan en parte su salud con ese fin. Porque ser madres (o padres) es para ellos vital, y su vida no sería igualmente satisfactoria sin serlo. Para ellos, es una parte fundamental de su modelo de vida.

Esto es lo que yo pensaba de la maternidad, lo que aún creo que viven muchísimas personas, y me parece que es la cara más visible de la maternidad.

Yo no sentí ese deseo. Mi reloj no se encendió.

Y no es que no quisiera hijos. No es que rechazara esa opción por completo.

Desde que tengo pareja (y mucho antes) he tenido épocas en las que imaginaba mi futuro cual foto de revista, con el pack completo de esposo, hijos, casa, coche, mascota. Y ha habido otras épocas en la que los deseos de vivir y disfrutar de una vida despreocupada, el miedo a no ser la madre que mis hjos necesitaran o la sensación de vivir en un mundo mezquino, me hacían repudiar la idea.

Pero a pesar de decir que no queríamos hijos, en el fondo, no era algo a lo que me negara rotundamente. Simplemente no era el momento, no era el lugar… no lo deseaba.

No con todas mis fuerzas.

Esa era la época en la que vivía antes de buscar nuestro embarazo.

Papá si sintió el reloj biológico.

Un día de repente, como ocurre con muchas madres al menos en mi imaginación, SantoPadre decidió que quería ser padre.

Como os decía antes, yo no tenía ese deseo, pero no me negaba en rotundo. Era un buen momento como cualquier otro.

No teníamos la situación ideal, no nos sobraba el dinero, yo acababa de empezar a poner en marcha mi negocio. Necesitabamos cambiar de vivienda, porque en el apartamento ya apenas cabíamos 2, imagina 3 (y pico, que los trastos de los bebés se comen el espacio).

Pero todo lo que necesitábamos para esa nueva vida, era alcanzable. Y sabemos obrar milagros con las circunstancias que nos tocan en cada momento de la vida. Podíamos crear ese “momento ideal”.

Lo valoré bien con él y me decidí a apoyarlo en esta “buena mala idea” como lo llamamos en casa.

¿Seguro que no sentí ese deseo irrefrenable?

En su momento pensé que si, que se me había encendido por fin, que lo deseaba más que nada en el mundo.
Pasaban los meses, se adelantaban las reglas y lloraba amargamente viendo esa oportunidad fallida.

Ahora veo que era mi yo ansiosa, mi yo resolutiva, mi yo comprometida.

Cuando me propongo algo, cuando me marco una meta muy en serio, no puedo dejarlo estar. Hay momentos en los que flaqueo, que lo dejo casi ir.

Pero si es una propuesta firme, no puedo parar.

Me habría propuesto que fuesemos una familia de 3 y no podía ver más allá. Era mi mayor meta y la iba a conseguir.

Y lo conseguimos.

Ser madre cuando no sientes el reloj biológico.

Cuando os cuento todo esto, vaya por delante que es mi experiencia personal, única. No hay dos maternidades iguales.

Y no, no hay tantas maternidades como madres… hay más.

Porque creo que incluso no hay una maternidad igual para una misma madre, cuando tiene más de un hijo.
Pero cuando os hablo de este tipo de maternidad, me refiero a la maternidad buscada (y encontrada). Pero no anhelada por encima de absolutamente todo.

Ser madre cuando no has sentido esa llamada del reloj biológico, puede resultar abrumador.

Pienso que ese deseo irrefrenable tiñe todas las vivencias con un extra de positividad, te hace relativizar más las durezas de la maternidad, que existen para todas nosotras. Cualquier sacrificio o padecimiento es aceptable por ese bien mayor.

Imagino que en gran parte todo esto también está condicionado por la forma de ser de cada uno. Yo suelo ser una persona objetivista (“realista”) y hasta cierto punto negativa.

Me fijo en lo bueno, sin obviar ni un ápice de lo malo.

Y supongo que las expectativas no cumplidas han sido el mayor de mis males.

Yo esperaba que el reloj sonara.

Yo esperaba sentir ese deseo superior que todo lo cubre , en algún momento… y nunca llegó.

Aún no ha llegado.

Y sospecho que no llegará.

Soy muy feliz con el modelo de familia que tenemos, y soy suficiente siendo madre de una.

Pero yo esperaba sentir esa llamada. Supongo que estoy viviendo una especie de duelo, a momentos, por aquello perdido. Por aquello no vivido.

Y todas sabemos que la maternidad viene acompañada de muchos sentimientos no deseados y mayormente no esperados, que a veces tanto nos cuesta digerir. La eterna culpa. Por todo. Por esto también. Por esto más.

Pero que pasa por no sentir la “llamada”…


Pues aparte de todo lo que he sentido, que no esperaba sentir, que no encajaban en mi imagen preconcebida de la maternidad…

No pasa nada. Absolutamente nada.

A pesar de mis mayores miedos cuando entendí que esa llamada no iba a existir, no sentir el deseo irrefrenable de ser madre no me ha hecho ser peor madre.

Porque yo quiero a mi hija igual imagino que cualquier otra madre.

Es mi corazón fuera de mi cuerpo, es mi amor, es mi casi todo. Es aquello que agota mis días, pero sin lo que no puedo pasar el día. Es la que hace que mi mente pida un respiro de la titánica tarea de ser madre, pero cuando paso más de 1 hora sin ella, no puedo dejar de pensar en estar con ella otra vez.

Me hace inmensamente feliz (y todo lo bueno y lo malo restante también), daría la vida por ella, haría lo que hiciese falta por ella…

Amo a la familia que hemos creado, la amo a ella con todo mi ser, y mi vida ahora ya no sería la misma sin ella.

El reloj no se encendió y ser madre no era mi principal cometido.

Aún así sigo sintiendo, que si hubiese decidido no tenerla, mi vida no sería menos. No estaría incompleta sin ella.

Porque mi vida es ella, pero es muchas otras cosas más.

Evidentemente nada es comparable a ella, pero de no haber existido ella, hay muchas cosas que harían mi vida completa de otra forma. De manera distinta, pero seguramente igualmente satisfactoria.

Amo mi trabajo, lo noto ahora que me cuesta tanto comprometerme con un descanso y unas vacaciones 100% completas. Amo a mi pareja, amo mi hogar, amo los proyectos en los que me implico. Todo ello, sin ella, harían de mi vida una diferente. Pero no incompleta. No sin sentido.

A todas las madres.

Os hablo a vosotras. Y a vosotros también.

A todas aquellas madres que habéis sentido sonar con más o menos fuerza vuestro reloj biológico, os digo que me maravilla y me intriga a partes iguales.

No imagino verdaderamente lo que se debe sentir, lo que ello implica para bien y para mal, y me alegro mucho si ello os ha hecho felices y os abrazo fuerte por el sufrimiento, si existe, que os pueda acarrear.
En mi imaginación, pinto ese sentimiento como algo parecido al enamoramiento, a la devoción o a la vocación.

A todas aquellas madres o futuras madres que no lo habéis sentido, os digo que no temáis. Que ese amor es diferente, pero igual de fuerte.

Pasaréis momentos duros, que las otras mamás no pasarán.
Esas otras mamás merecen nuestro amor, pues ellas tienen los suyos propios.
No imagino lo duro que debe ser buscar un hijo que nunca llegará, o no llegará como se esperaba.
A nosotras no nos determina la vida no ser madres… pero a ellas si.

Me duele el dolor de mis mamigas, que desean ser más veces madre, y la vida no se lo permite, por unas u otras razones.

El dolor por no sentirse suficiente madre, por no haberlo deseado por encima de todo.

Y es que nosotras puede que no suframos por el embarazo que no acaba de llegar o si o por no poder tener o permitirnos más hijos. Ser madres o no, no es de vital importancia para nosotras.

Pero sufrimos otras cosas, que las mamás que lo desean por encima de todo no.

No solo por no encajar en un rol o en unos sentimientos que parecen tan universales y homogéneos. No solo por cuestionarnos si era correcto lo que habíamos hecho, o si estábamos condenando a un hijo a no tener la madre que se supone que tener.

Por ponernoslo dificil a nosotras mismas. Porque nos parece que amar con todas nuestras fuerzas, darlo todo por nuestros hijos y esforzarte al 200% no es suficiente, si no tenes ese sentimiento.

Si no lo deseas por encima de todo. Si no anhelas sufrir las dificultades por obtener la recompensa, y las sufres más porque tu mente no es capaz de relativizarlo.

No es lo mismo correr una maratón cuando vives por y para los maratones, disfrutas con el “machaque” o anhelas ese dolor obtenido de la recompensa de acabar x kms, a modo de token… Que correr maratones por que no es mala idea y es la pasión de tu pareja.

Es muy probable que te acaben gustando más a ti que él, te volverás igualmente adicta a correr… pero las primeras veces, te costará el doble acabar la maratón, porque tu cabeza no es lo suficientemente fuerte y te gritará que quien te mandaba a ti ponerte a correr. Porque te crees un fraude y esa culpa es un ancla que frena tus pasos y ancla tu mente.

Esta reflexión es muy íntima y personal.

Espero que nadie se lo tome como algo propio, porque es solo mío y no es reflejo de la maternidad global. Cada maternidad es un mundo, y cada madre lo vive de una manera.
Este es un desahogo que saco de mi para soltar lastre, a modo de diario de a bordo y como pequeño apoyo a otras madres que se puedan sentir como yo me he sentido en algún momento, perdidas e incomprendidas.

12 comentarios

  1. Gracias por compartir estos pensamientos tan íntimos y tan sinceros. Como siempre tus post me dejan ese sabor de realidad, de una maternidad real que poc@s cuentan. Un abrazo.

    • Gracias Katherine! Creo que en el mundo maternal llaman mucho la atención los extremos, o las quejas grandilocuentes o las mas experiencias rosas y dulces… pero nunca m he sentido identificada con la mezcla tan diversa de sentimientos que yo he sentido, y supongo que por ello me he sentido descolocada siempre. Me alegra que mi experiencia pueda aportar a los demás.
      Un abrazo!!!

  2. Gracias por compartir este pedacito de ti Zora.
    Me interesa mucho el tema del reloj biológico, yo que de eso tampoco tengo.
    Y me gusta mucho leer esa parte en la que dices que tu vida seguiría siendo completa aún sin hijos. Porque eso significa que valoras todas y cada una de las facetas de tu vida. Felicidades.
    Me ha encantado leerte.

    • Gracias por leerme Born to be Pank. Me gusta mucho tu cuenta, porque a veces parece que o amas a los niños y ser madre por encima de todo, o eres un niñofóbico. Como que no hay más puntos. Y tu eres el ejemplo perfecto de que te pueden gustar mucho los niños, que te gusta la crianza y pasar tiempo con ellos… y no desear ser madre.
      Muchas gracias por mostrar esa faceta al mundo!

  3. Nunca tuve llamada. Los niños me parecían algo ajeno y muy lejano. Pasados los 30 fue cuando empezó a salir el tema, y más por parte de mi marido también. Fue como que tocaba porque nunca iba a ser el momento (de hecho mira, el embarazo de Rodri lo pasé con el padre fuera 6 meses). Me identifico mucho, con la salvedad de que empezamos y quisimos ser padres de más, casi de manera instintiva pero sin sentir eso que cuentas. Maravillosa reflexión

    • Preciosa! Me ha encantado leerte, y descubrir esto que cuentas. No habría imaginado nunca que una madre de 3, y me enriquece mucho ver que la diversidad de materniddades es tan vastamente amplia. Sabes de sobra que me maravillas, y este es solo un ejemplo más.

  4. Me ha encantado tu reflexión, Zora, sobretodo porque hablas desde un punto de vista diferente al mío… Yo siempre quise ser madre, y ser madre joven (todo lo contrario de lo que he sido), a mí no ser madre me hubiera hundido… De hecho, la espera de dos años con mi peque mayor fue durísima. Pero como tú dices, cada una llevamos nuestra carga con unas u otras cosas… Y en eso nada tiene que ver con el amor que se tiene al hijo. Un abrazo

    • Muchisimas gracias por leerme Mi mundo con peques! Si, en eso somos muy opuestas, y tu eres de esas madres que yo considero que han sentido esa fuerte llamada del reloj biológico. Que tienen ese sentimiento tan profundo! Gracias por compartir, y como decía antes, admiro como ese sentimiento os ha podido ayudar, y os abrazo fuerte por el dolor que ese sentimiento también acarrea, pues practicamente nunca es tan fácil como desearlo.
      Gracias por compartir tu experiencia! Un abrazo

  5. Qué bonito. Ya sabes que en eso somos la noche y el día, pero que bonito poder leer cómo te sientes y cómo lo has llevado tú. Que grande eres Zora!

    • Queridisima Marta! Sabes bien que el que seamos en algunas cosas tan distintas y aún así podamos hablar desde el mayor de los respetos, es de las cosas que más valoro de nuestra amistad. Es maravilloso leerte, y ver un mundo tan parecido y tan diferente al mío. De los mayores regalos que me ha traído la maternidad, aparte de a mi hija, es tener a Mamigas con crianzas tan variopintas y que nos apoyemos y podamos debatir, por encima de nuestra diversidad. Ojala la vida te regale la oportunidad y la situación para cumplir vuestro sueño de familia, y que yo pueda verlo!

  6. Con respeto, no estoy nada de acuerdo con lo que dices. La llamada la sentías cada vez que te bajaba la regla y llorabas, cada vez que hacías el amor con tu pareja y deseabas quedarte embarazada… cuanto tiempo intentaste quedar embarazada? Tardar Incluso un año es completamente normal. Como puedes suponer que si hubieses tardado 5 o 6 años en quedar embarazada tú vida hubiese seguido siendo la misma? si dices que al marcarte el objetivo de ser 3 todas tus fuerzas se dirigieron a ello? La vida es lo que somos en este momento, no podemos saber cómo sería de haber cogido otro camino o tomado otra decisión. Diferente es que digas que ser madre no ocupa toda tu vida y que hay espacio para tu profesión y tu pareja, algo que por otro lado es lo normal y es lo saludablemente correcto. Yo tarde una falta en quedar embarazada y tampoco puedo decir que me obsesionase con el tema, como decirlo? No me dio tiempo!
    Esta bien conformarse con lo que uno tiene y supongo que es lo que te pasa a ti.
    Es como he entendido yo lo que has dicho , Es mi forma de ver la llamada del reloj biológico.
    Un saludo.

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