Guerra de maternidades, mujer con los oídos tapados al lado de nube negra con símbolos de redes sociales
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Guerra de maternidades.

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Un título un poco “clickbait”, no os lo voy a negar, pero era lo que le pegaba a un tema tan “mainstream” como el que voy a hablar hoy: la crítica en la maternidad… constantes e incesantes.

Y es que este es ese típico post que dejé medio escrito un día de esos que dan en la tecla esa que no quieres que pulsen. Y lo dejas en borradores durante semanas y más semanas. Hasta que otro día alguien vuelve a tocar teclas. En este caso a otras mamigas. Y sientes la necesidad de gritar al mundo.

Hoy este post extra, en un día raro (como compensación a mi falta de la semana pasada) va dedicado a la creadora del palabro “sincericidio”. Que a ella le han tocado también la tecla.

La guerra constante entre maternidades.

Si, sé que no vengo a hablar de nada nuevo… pero a pesar de no ser nuevo, aún a diario me sorprende esta actitud y me encuentro preguntándome, que nos lleva a tener esta actitud. Y me incluyo, porque aunque yo creo que nunca he puesto un comentario “hater” en redes a otro padre o madre, si he tenido tales pensamientos en alguna ocasión.

Criticar al de enfrente por ser diferente.

Todas las maternidades son duras en algún punto o momento. Hay situaciones más complejas, o sucesos más duros e sobrellevar, al igual que hay diferentes maneras de afrontar una misma situación.
Cada maternidad es igual y diferente a la vez. Es posible que lo que a una madre le parezca un mundo afrontar, a otra madre le parezca lo más bonito de la maternidad.
No hay una madre igual que tú en el mundo, con la exacta situación que la tuya. Pero todas somos madres (o padres). Todos estamos “metidos” en la aventura esta de maternar y paternar.

Por lo tanto, deberíamos ser más respetuosos con el resto de padres y madres. Por qué sabemos lo cuesta arriba que se nos puede hacer a veces. Porque todos hemos sido primerizos, inexpertos y novatos.
Todos la hemos cagado, todos nos hemos equivocado y todos tenemos memorias de momentos en los que hemos pensado que no teníamos ni puñetera idea de lo que estábamos haciendo.

Por ello, deberíamos ser más respetuosos con los demás. Pero muchos no lo son… muchos a veces no lo somos. A todos se nos ha escapado algún comentario desafortunado, y todos hemos prejuzgado a otros padres sin tener ni idea de la situación, o sin saber lo que suponía.

La necesidad de destrozar al oponente

Vivimos en un mundo ultracompetitivo. En la cultura de la guerra y el ataque. Tenemos que ser los mejores, hacer lo mejor que se puede, todo el tiempo. O al menos mejor que el otro… o delante del otro.
Y todos sabemos, que no lo somos. Siempre habrá alguien mejor que tu (y peor que tú) para cada cosa que hagas en la vida. Y si eres el mejor del mundo en algo, seguro que en otra cosa no lo eres…

Así que la única manera de “derrotar” al enemigo es aplastandolo, haciéndole creer que es débil, que lo suyo no vale. Gritando que lo tuyo es lo que vale, y lo que hace el otro está horriblemente mal. Que la tuya es la mejor de las maternidades. Que solo tú lo sabes hacer bien.

En este punto me pregunto, donde se fue el mundo a la mierda. #FraseCuñadaDelDia

En qué momento dejamos de ser una tribu, que se apoyaba entre sí y que velaba por la supervivencia de todos.

¿Porque ser o parecer mejor que el de enfrente se ha vuelto más importante que ayudarlo y apoyarlo?

La cultura del yoqueísmo

Una de las cosas que más me han llegado a molestar es el ataque a algo, un grupo de apoyo o una forma de crianza o una manera de pensar, porque es algo concreto y especializado.

Os pongo como ejemplo los grupos de apoyo a las madres que han dado a luz por cesárea. Es un grupo de apoyo muy concreto, porque la vivencia de un parto por cesárea, especialmente si es una cesárea no deseada o tras un comienzo de parto complicado, es algo que únicamente entienden las madres que han vivido tal experiencia.
Yo, que he tenido un parto vaginal (relativamente instrumental), en un grupo así no pinto mucho. Puedo acudir a él para conocer otras experiencias, otras maternidades, por sentirme en un tribu con madres (aunque sean diferentes sus vivencias a las mías) pero es posible que su apoyo no me sea del todo útil.

Y no pasa nada.

Simplemente no es el grupo de apoyo para mi.

Pero lo que no se me va a ocurrir en la vida, es decirle a esas madres, que qué pasa con las mamás que hemos tenido un parto vaginal, que si no tenemos derecho a tener ese apoyo. Pues sí lo tengo, pero en otro grupo de apoyo… y si no existe, pues me lo busco o lo creo yo misma.

En cambio, tenemos a personas quejándose de la existencia de grupos de apoyo, solo por ser contrarios a su pensamiento o a su experiencia vivida. En vez de buscar el adecuado para ellos o valorar que los grupos de apoyo sirven para eso, apoyar… nos quejamos de que tal o cual grupo no concuerda con mi experiencia.

¿Y yo que? ¿No tengo derecho?

Pues eso… el yoqueísmo.

Falta de respeto y empatía

Otra cosa que me encuentro constantemente, de manera pública a “viva” voz o en “petit comité”, es la crítica.

La crítica constante e incesante. Y que hoy en día, con la seguridad que da el anonimato de las redes, prolifera cual venérea. Hoy en día uno es libre de coger y soltarle una sarta de borderías, perjurios y calumnias a cualquiera, en pos de la libertad de opinión.

Recuerda, la suya es la mejor de las maternidades. La tuya no vale. (Entiendo que estáis leyendo esto en tono de ironía).

Si. Todos somos libres de tener una opinión distinta a otra madre… y tenemos el mismo derecho (y deber) de guardárnosla para nosotros mismos, si no es positiva ni constructiva.

Porque se nos olvida que la persona al otro lado de la pantalla, o delante tuya en la cola del super, es tan persona como tu, y tienes sentimientos y sufre igual que tu.

Y se nos olvida que las maternidades son iguales de arrolladoras y duras en ocasiones para todos.

La utopía de la burbuja.

Y es que, hay días que sueño con un mundo mejor.

Un mundo en el que las interacciones siempre sean útiles, amigables y constructivas.

En el que lo primero que nos nazca sea el ayudar a los demás, el animar y alentar a otra madre, el decirle: lo estás haciendo lo mejor que puedes… incluso cuando su estilo de crianza es opuesto al nuestro.

Hay días en los que sueño que el mundo es un grupo de apoyo, o el chat del podcast Buenos días Madresfera…

Pero luego despierto de este sueño diurno, y descubro que vivimos en una pequeña burbuja… y la utopía no existe fuera de allí.

Te pido un favor

A ti que me estás leyendo.

Si en algún momento sientes la necesidad de decirle a una madre que se equivoca, porque tienes demostración y evidencia de ello: hazlo de manera respetuosa y trata a los demás como te gustaría que te trataran.

Es posible que esa otra madre esté equivocada, y no sepa que llevar a su hijo a contramarcha es más seguro o que la lactancia materna o artificial es exclusiva hasta los 6 meses y se ofrece a demanda (si, el biberón también)… pero se lo puedes decir de una manera constructiva, o le puedes ofrecer la ruta para llegar a dicha información por si misma. Respeta todas las maternidades, y ayuda a los demás a estar informados, de una manera respetuosa.

Si queremos un mundo mejor para nuestros hijos, tendremos que ofrecerle mejores hijos a nuestro mundo. Y para ello, debemos ser un buen ejemplo para ellos.

Como diría mi amigo Sunne, ¿Tu creas o troleas?

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