Mama sujetando de la mano a un bebé, símbolo de crianza con apego e inteligencia emocional
Crianza Maternidad

Inteligencia emocional

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Escuela de padres

Hace un par de días tuve la ocasión de acudir a una “Escuela de padres” organizada por un colegio aquí en Linares, en el que se trataba la inteligencia emocional.

Seguir aprendiendo para educar a nuestros hijos.

La escuela de padres se trata de unos grupos de trabajo en los que en cada sesión se va tratando un punto relacionado con la educación de los hijos más allá de la escuela.

Se pretende que los padres tengan las herramientas para educar a sus hijos de la mejor manera posible, de acuerdo a todo aquello que hoy en día se sabe y que en muchas ocasiones no hemos recibido nosotros, por lo que hay que aprender como educadores.

La buena noticia es que nunca es tarde para esto, y siempre podemos mejorar y hacerlo mejor.

Siempre es buen momento para empezar a mejorar nuestra manera de hacer las cosas, y hacernos de aquellas herramientas que nos van a servir para acompañar a nuestros hijos en ese camino que es convertirse en un adulto estable y feliz.

Inteligencia emocional: las emociones cuentan.

Cuando nos preguntan a los padres qué es lo que deseamos para el futuro de nuestros hijos, solemos contestar que sean felices, que desarrollen sus talentos, que tengan relaciones sanas, que se sientan realizados o sepan afrontar las dificultades que les puedan acontecer.

Para ello es vital dotarlos de una inteligencia emocional sólida, y ésta la van a aprender mayoritariamente en casa, de nosotros que somos su espejo y ejemplo.

Es una dura tarea, pero muy importante, que debemos acometer todos los progenitores. Y si, a menudo estamos cansados, el ritmo de vida que llevamos hace difícil llevar a cabo esta tarea. Los momentos de estrés, de rabietas y conflictos nos sobrepasan en nuestra loca rutina… pero es vital aprovechar estos momentos pues son ideales para dar herramientas de gestión emocional al niño, con las cuales aprender a redirigir las emociones, y educar en sentimientos.

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer nuestras emociones y las ajenas, gestionarlas adecuadamente, motivarnos y manejar adecuadamente nuestras relaciones.

La inteligencia emocional es importante, porque las personas que la poseen son más felices, sanas y equilibradas.

Tener inteligencia emocional no significa saber anular o suprimir las emociones, sino darles una salida respetuosa con los demás y que te permita gestionar dicha emoción.

La inteligencia emocional se basa en 5 componentes, que bien equilibrados nos permiten ser capaces de gestionar el día a día de una manera sana.

Estos componentes son:

  • Autoconsciencia: ser consciente de las propias emociones y no dejarnos llevar por ellas.
  • Autorregulación: regular las propias emociones para que no nos gobiernen.
  • Motivación: la capacidad de motivarse a si mismo para superarse.
  • Empatía: la capacidad de ponerse en el lugar del otro y actuar en consecuencia.
  • Habilidades sociales: la capacidad de expresar las emociones para transmitirlas a los demás.

Si somos capaces de tener inteligencia emocional y de educar a nuestros hijos para tenerla, tendremos un entorno familiar mucho más sano y nuestros hijos estarán mejor preparados para afrontar los retos diarios y las dificultades de la vida adulta.

¿Cómo hago que mi hijo (o yo) tenga inteligencia emocional?

Lo primero es no sentirnos culpables por lo hecho hasta la fecha. Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido, y la realidad es que a nuestros padres no les educaron de esta manera o incluso de una manera totalmente opuesta. Antaño los sentimientos se tapaban, se silenciaban y se negaban. Hoy, tengan la edad que tengan vuestros hijos (o vosotros), es un buen día para empezar a cambiar poco a poco nuestra manera de actuar.

Lo siguiente, es formarse mucho, aprovechar todo lo posible los recursos disponibles, como son libros, cursos, videos, podcasts… o las escuelas de padres.

Y lo más importante es empezar a actuar, de manera respetuosa, con nuestros hijos y nuestra pareja.

Recursos para enseñar inteligencia emocional a nuestros hijos.

Da ejemplo.

Y no, esto no significa ser perfectos.

Significa que aprovechemos esta oportunidad que nos brinda la vida, para ser mejores personas y actuar de una manera correcta y sana. Pero además significa que tenemos que aprovechar los momentos en los que fallamos, en los que no lo hemos hecho bien, para señalarlos desde el respeto y usarlos como una lección para todos.

Reconocer que nos hemos equivocado, que así no se actúa y que papá y mamá tampoco lo hacen todo perfecto, es la clave para identificar las conductas no deseables y evitarlas.

Cuida tu comunicación.

Porque no sólo es importante lo que le decimos, sino como se lo decimos.

Para ello, es importante tener en cuenta los siguientes puntos y procurar llevarlos a cabo cuando vamos a corregir una conducta no deseable o a lidiar con un conflicto:

  • Míralo atentamente, a ser posible bajando a la altura de sus ojos.
  • La comunicación verbal y no verbal debe mostrar nuestro amor incondicional: estamos disgustados con la conducta del niño, no con el niño.
  • No etiquetes ni compares al niño (ni en positivo): identifica y etiqueta los comportamientos y sugiere cambios en el mismo.
  • Escucha activamente y ponte en su lugar, validando sus emociones y sus sentimientos (lo cual no significa que validemos el comportamiento).
  • Da mensaje en clave de Yo: Yo me he enfadado por tu conducta (en vez de estoy enfadada contigo o has hecho esto mal)
  • Nombra y valora lo positivo. Remarca y refuerza las buenas actitudes.
  • Usa los silencios: aprovecha para hablar de las cosas buenas del día.
  • Incorpora rutinas que faciliten la comunicación: Preguntad a la hora de la comida en familia que ha sido lo mejor y lo peor del día, o durante el baño comenta que es lo que más te ha gustado o que te ha costado gestionar…

Empatiza.

Es de vital importancia, no sólo con los niños, ponernos en su lugar y valorar la importancia de los sentimientos ajenos.

Lo que para nosotros puede ser una nimiedad o una “tontería” (jamás deberías usar esa etiqueta) puede que para la otra persona sea una cuestión importante. Para los niños, sus cosas son importantes.

Cuando hablemos con ellos, es importante trasmitirles que entendemos sus sentimientos y que sus emociones son válidas, incluso (y especialmente) cuando no podamos satisfacer sus necesidades

Para ellos es importante es actuar de una manera respetuosa siempre y procurar ponernos en sus zapatos:

Siempre:

  • Entiende y acepta sus necesidades aunque no puedas cubrirlas
  • Respeta sus ritmos
  • Acepta sus emociones como son
  • Acéptalo tal y como es
  • Respeta sus pensamientos
  • Interésate por sus cosas

Nunca:

  • Juzga sus emociones o necesidades (Eso es una tontería, llorar es de flojos…)
  • Niega sus emociones (Tienes miedo? No!)
  • Reprime sus emociones e intenta cortarlas (No se llora, no te enfades…)
  • Critícalo y quéjate de él en su presencia
  • Menosprecia sus preocupaciones

Contrólate tu para controlar la situación.

Es importante aprender a identificar y gestionar las emociones propias, para poder enseñarles a nuestros hijos la manera correcta de hacerlo.

Si sabemos identificar nuestras propias emociones, seremos más capaces de tener control sobre ellas, para lo cual debemos aprender a valorar como nos encontramos en cada momento.

Poner nombre a las emociones sentidas.

Para ayudar a los pequeños a identificar las emociones propias y ajenas, es importante nombrarlas y explicar sus porqués.

Algunas herramientas útiles para ello son:

  • Dibujar caras que expresen emociones y nombrarlas
  • Redactar un diario emocional
  • Jugar a imitar diferentes emociones
  • Identificar emociones y detectar el origen
  • Leer cuentos y jugar a juegos de emociones

Comunica afecto.

Por encima de todo, es vital mostrarles a nuestros hijos que los amamos sea cual sea la circunstancia, porque así es.

Es importante que nos enfoquemos en las actitudes y pongamos la atención en corregir la manera de actuar del niño. Estamos disgustados con su manera de proceder, no con ellos.

Pero es vital entender, que esto no significa que les dejamos hacer de todo, sino más bien todo lo contrario. El afecto se demuestra estableciendo los límites necesarios y razonables, llevando una disciplina sana, siempre desde el respeto y la comunicación.

Hacerlos partícipes de tareas y fomentar su autonomía en función a su edad les hace sentirse capaces y válidos, fortaleciendo su autoestima.

Cuando hablamos de atender siempre las necesidades de los niños, nos referimos a sus necesidades básicas (comer, dormir, higiene y afecto), pero no significa que les concedamos todo lo que quieren. Es primordial que aprendan a tolerar la frustración. Ojo, en las situaciones que surjan de manera natural y como sea lógico y objetivo no poder concederles aquello que piden. Hacerles de rabiar simplemente por gusto y por “acostumbrarles que la vida es dura”, aunque pudiéramos concederles sin reparo aquello que piden, es cruel.

No se trata de allanarles el camino, sino darles herramientas para gestionar esas emociones. Si no pueden hacer algo, tener algo o si tenemos que decirles que no se han comportado correctamente, siempre les explicaremos el motivo, y les ofreceremos nuestro afecto y comprensión. Negarles el afecto, aunque no podamos ofrecerles aquello que piden, es terriblemente dañino para su autoestima y nuestra relación. ¿O acaso a vosotros os gustaría que vuestra pareja os dejara de querer porque se os ha caído un plato o se han quemado las lentejas?

Se ejemplo

Ante todo recordar siempre que somo el modelo a imitar por parte de nuestros hijos. Si queremos que sepan gestionar las emociones, que sepan actuar de manera correcta en una situación dada, tenemos que actuar nosotros de manera igual.

Si queremos que tengan una vida sana, que hagan ejercicio, que se cuiden a si mismos, que compartan y que sean educados y amables… tendrán que ver que nosotros hacemos eso mismo.

Asimismo, si queremos que tengan una relación sana entre hermanos, entre amigos, con adultos y con ellos mismos, tienen que ver eso en nosotros. Cuidar nuestras relaciones y hacerlos partícipes de ello es una base fundamental para que ellos sepan construir relaciones saludables.

Cuida de ti

Muy relacionado con el punto anterior, debemos ser muy conscientes de que no llegamos a todo, expresarlo y actuar en consecuencia.

Si estamos sobrepasadas, si sentimos que vamos a explotar, debemos pedir ayuda a un adulto, a un hermano más mayor o si estamos solos, dejar al niño en un lugar seguro, explicarles que estamos sobrepasados, que necesitamos retirarnos un momento y volvemos enseguida. Nos apartamos de la situación, nos recomponemos y volvemos donde el niño, a solucionar la situación si aún no se ha resuelto y le explicamos también como nos hemos sentido nosotros y porque hemos actuado así.
De esta manera les enseñamos que antes de explotar ante un conflicto, y que esto lleve a una pelea, es mejor apartarse de la situación, calmarse y volver a resolver el conflicto de una manera pacífica.

Otro elemento favorecedor de un buen ambiente en casa, es que todos estemos bien, y para ello es importante también que nosotros estemos bien. Dedicarnos un tiempo a nosotros mismos, para cuidarnos y mimarnos, no solo el beneficioso para nosotros y el ambiente en general, sino que les enseña a ellos que uno mismo es importante.

Cuida de ellos,

Finalmente, os dejo una reflexión.

Soy consciente de que no todos tenemos la misma situación, y que no es lo mismo disponer de toda la tarde con tus hijos, que volver a casa a las 8, pero es importante buscar el hueco para hacer actividades en familia.

Si solo puede ser un ratito antes de cenar, si solo puede ser el momento de acostarse, o sólo disponéis de la tarde del sábado o el domingo, haced del tiempo en familia una prioridad.

La colada puede esperar, puedes hacer la comida de la semana el domingo o puedes recoger el salón una vez se hayan acostado los niños.

Pero recordad que ellos son importantes. Más que la limpieza y el orden, más que el telediario… Que cuidarles no solo significa darles sustento, sino tiempo y amor.
Darles ese ratito no solo es bueno para ellos, sino que disfrutamos todos.

¿Cuándo fue la última vez que disfrutastes de un juego de mesa o de pintar en un cuaderno?

A veces la vida diaria nos arrastra, nos vemos inmersos en la rutina y no somos capaces de ver que nos estamos perdiendo lo importante.

Ellos son importantes. Ahora es importante.

Si bien os decía que hoy, sea cuando sea hoy, es un buen día para empezar, esto no debería ser una dieta, “que ya la empiezo el lunes”.

Dotar a nuestros hijos de inteligencia emocional, trabajarla nosotros mismos, y dedicarles tiempo a nuestros hijos es importante. Es alo que no se debería posponer.

Nuestros hijos no recordarán si la cocina estaba sucia, si la comida era muy sencilla, o si las cortinas estaban perfectamente planchadas… recordarán si les dedicamos tiempo. Y todas las herramientas que les hayamos dado, harán de ellos adultos equilibrados y preparados.

¿Acaso eso tan importante, no merece la pena tal esfuerzo?

Ese tiempo y ese esfuerzo, es un regalo para todos.


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