Madre con bebé llorando en brazos, para el post bebés de alta demanda
Crianza Maternidad

La alta demanda en niños y bebés.

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Un poco movida por un post que escribió Cris Moe para Lactapp, en el que contaba como la demanda en la lactancia es algo que nos supera a menudo, os quería contar nuestra experiencia con la alta demanda de nuestra peque.

Mientras pensaba como enfocar el post para resumir e intentar dar explicación a nuestra situación, he recordado que nunca os he hablado precisamente de esto, de la alta demanda, que es un tema que me ronda en la cabeza desde casi el nacimiento de mi hija.

Bebés de alta demanda, el origen.

Recuerdo que allá por los 8 meses, tras llegar a mi punto más bajo en la maternidad, absorbida por tantas cosas que no esperaba o anticipada, me dediqué a buscar en San Google y encontré este término.

La etiqueta bebés de alta demanda la acuñó el Dr Sears, un pediatra estadounidense que se encontró con que una de sus hijas era mucho más demandante que el resto. Las características de los bebés de alta demanda son las siguientes:

Brazos y más brazos.

– Duermen poco: son esos niños que no duermen toda la noche del tirón y no aguantan más de 15 minutos de día
– Se alimentan a menudo: necesitan muuuucha teta
– Necesitan contacto físico constante: muchos brazos
– Absorbentes: necesitan la presencia de los padres, especialmente la madre, de manera constante
– Hiperactivos: necesitan estimulación constante, que juegues con ellos a todas horas
– Intensos: todo lo viven y lo expresan con gran intensidad

¿Entonces mi hija es un bebé y una niña de alta demanda?

Pues si. O no.

Recuerdo que allá por noviembre, con una niña de 10 meses que era mucho más exigente y demandante de lo que yo esperaba de un bebé, me encontré con uno de los autores de estos posts sobre alta demanda que me había leído y releído.

En nuestro primer Espacio Madresfera pudimos coincidir con Adrián Cordellat y Diana Oliver, y aproveché la ocasión para preguntarle a Adrián si había averiguado algo más desde el momento en el que había escrito el post.

Me contestó algo que me chocó, pero a cuya conclusión he ido llegado yo misma con el tiempo, después de hablar largo y tendido en tantas reuniones y cafés de madres.

Es tan sólo una etiqueta.

Y muy posiblemente una no muy acertada. No tanto por las características de nuestros bebés, que a menudo suelen encajar en estas descripciones, si no por la subjetividad del diagnóstico (o de la etiqueta para empezar) y por nuestras expectativas.

Bebé de alta demanda y alta intensidad trepando por unas butacas
Todo muy intenso tolrato

Si analizamos con perspectiva todo este asunto, todas las características que hacen a un niño o un bebé de alta demanda son subjetivas y difícilmente cuantificables.

¿Qué es muy absorbente? ¿Cuánto es hiperactivo? ¿Qué supone dormir poco?

¿Cómo se cuantifica y se evalúa ésto?

Pues seguramente para cada padre y madre significará una cosa o un nivel diferente, y principalmente viene marcado por nuestras expectativas de los bebés.

Tenemos una visión idealizada de la maternidad, la crianza y los bebés, fruto de las preciosas imágenes de las campañas publicitarias que muestran solo instantes fugaces que tomamos como norma.

La constante presión por (parecer) ser la mejor madre y tener los mejores hijos, han hecho que lo difícil se esconda bajo la alfombra, y es común que no se hable de las partes más oscuras de la maternidad.

Salvo que tengas una buena relación con tu vecina del 5º, ésta seguramente te dirá que sus hijos duermen genial y comen de todo. Y ojo, que puede que no te esté engañando.

La alta demanda depende de los ojos que la miren.

Puede ser que esa vecina del 5º, que soy yo, considere que su hijo es normal, que todo lo que le pasa es algo normal e inherente a su edad y desarrollo.

Con el tiempo he pasado de ser esa madre que buscaba la etiqueta, el diagnóstico y la solución a todo aquello que me abrumaba y me dejaba sin fuerzas, a ser esa madre que piensa que todo esto es lo normal en la maternidad.

Hablar con tantas madres, algunas con hijos parecidos a la mía, otros con hijos tan diferentes, tan alejados de la etiqueta que yo había puesto a mi hija, me ha dado una gran perspectiva.

Y me ha hecho reflexionar mucho.

Porque si, mi hija es muy demandante. Mucho más que otros niños. Pero para mi es tan sólo parte de su carácter y en gran parte esa alta demanda es tan sólo un reflejo de nuestras dificultades en la lactancia, y de nuestra crianza.

Pareja de padres intentando dormir mientras bebé de alta demanda está intenso
Cuando tu te quieres dormir, y tu hijo dice que eso qué es…

No estamos acostumbrados a esta demanda y la tachamos de alta.

Es un poco como mi persona. Zora es muy alta. Mónica se encarga de recordarlo allá donde voy. Qué alta es Zora.

¿Pero de verdad Zora es tan alta?

Que alta es esta chica.

Depende.
Depende del lugar y el contexto en el que me mueva.
Mido 174 cms.
Es bastante para la media española, pero es la norma en otros países.

En Holanda, país del que proviene parte de mi sangre, soy más bien de estatura media casi tirando a baja. De hecho vengo de una familia, que comparada con la media, podría considerarse bajita.

Así que soy muy alta si me comparo con la media española, pero soy la más bajita de mi casa y en Holanda no destaco por mi altura.

Pues la alta demanda, es igual que la altura.

Un bebé puede ser de alta demanda o ser un bebé corriente y moliente según con quien lo comparemos y según sean nuestras expectativas acerca de lo que debería demandar un bebé.

Incluso los niños más demandantes, igual que las chicas de 190 cms de altura, pueden ser algo perfectamente normotípico.

Tan sólo no encajan con ese bebé del anuncio de Dodot que duermen todas las horas que le aguanta el pañal o el bebé de la vecina del 4° que te dice que su bebé duerme muy bien. Y lo mismo es así porque ella considera que eso es dormir bien (y tu puedes no estar de acuerdo) o porque realmente no quiere que sepas que a ella esto también se le hace bola.

Mi hija es como es.

Para unos un bebé dentro de la norma y para otros, de alta demanda.

En este viaje que va desde que le pusimos la etiqueta en la barriga, cuando el residente de mi doctora sudaba la gota gorda con una niña que no paraba, hasta el día de hoy, he llegado a aceptar que esto simplemente es.

Mi hija es muy Intensa. Intento no repetirlo mucho delante de ella por aquello del efecto Pigmallion y las profecías autocumplidas.

Pero lo es porque su necesidad de alimento, de contacto, de afecto, de expresión, son diferentes a mis expectativas.

Es difícil saber donde empieza su intensidad y donde acaban mis expectativas. Ésto no era lo que me habían, no era lo que había imaginado, pero es igual de cierto que no todos los niños se mueven tanto como ella, o duermen tan poco como lo hacía ella, o piden tanta teta.

La lactancia materna, y la crianza que estamos teniendo, es posible que hayan fomentado en parte esto.

Y seguramente su frenillo. Pero al igual que la teta, no todo es su culpa, sino tan sólo una característica del mismo. Una que no esperaba. Pero que tiene toda la lógica.

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