Mi historia es por suerte la de una lactancia de momento exitosa.

Y por desgracia he de usar el término “por suerte” porque nuestra lactancia tenía bastantes papeletas de fracasar.

Aquí estamos. Primer post. No quería que este blog empezase así, quería tener una línea clara, un diseño, más posts redactados, quería esperar a Diciembre.

Pero llevo un tiempo dándole vueltas a un tema y necesito expresarlo en voz alta, al mundo.

Ante todo, quiero decir que todo lo que escriba, hoy en este post, y aquí en este blog, son mis propias experiencias y mi visión, parcial y subjetiva, de la maternidad y la vida, entre otras cosas. Que yo opte por unos métodos de crianza, educación o alimentación no significa que considere que los demás no sean válidos. Tan solo no lo son para nosotros.

Dicho esto, como podéis ver en el título, mi primer post va a tratar sobre lactancia. Aviso que va a ser un primer post largo.

Empecemos por el principio de la historia.

Desde muchísimo antes de quedarme embarazada yo sabía que quería dar el pecho. No sabía cuánto tiempo, pero sabía que quería hacerlo. Por ello, a mitad de embarazo decidir informarme un poco mejor al respecto y decidí leer sobre lactancia.

Mi parto, que es cosa para otro post (como poco), no fue malo, pero tampoco fue bueno. Medicalizado a petición propia, algo instrumentalizado por necesidad de las circustancias (o eso me cuento) y con un postparto normal (o lo que por desgracia, es normal. Pero como he dicho, eso, para otro post).

Y fue ahí, donde EL SISTEMA empezó a fallarme. Según Intensita salió de mis adentros, me la pusieron encima unos breves minutos, y se la volvieron a llevar para todas las pruebas de rutina. Lo suyo, es que hubiese vuelto enseguida a mí… pero no lo hizo. A mi tardarían otros 40 minutos en sacarme de allí, así que se la dieron al SantoPadre y en un momento hasta los mandaron solos a la sala de dilatación mientras a mí me acababan de coser.

A día de hoy, aún se está estudiando y demostrando, pero ese primer detalle, que no tuviesemos esos momentos de piel con piel, seguramente es algo que no ayudó en nada a nuestra lactancia.

Desde ese mismo momento, mi inexperiencia, mi recurrente error de no buscar la ayuda que necesito en las personas adecuadas y mi estado de shock total propio de un postparto, hicieron que la lactancia no empezase nada bien.

Según subimos a planta las enfermeras dictaminaron que, aún si iba a darle el pecho, TENÍA que darle un biberón que me habían dejado en la mesita amenazante. Intensita había nacido baja de azúcar y no podían arriesgarse. Hoy en día entiendo lo importante que aquello era, pero también se que hay otras formas de hacer las cosas.

Pero claro, eran las 5 y media de la madrugada. Nos dejaron allí a nuestra suerte, acojonados, con un bebe en brazos, y sin saber muy bien que hacer.

Viendo que Intensita no acababa de engancharse bien, yo seguía reclamando ayuda, y todo lo que obtenía eran explicaciones muy básicas, apresuradas y poco empáticas de como colocarmela en el pecho. Y para “engañar” a mí hija a que cogiese el pecho, le ponían leche del biberón en mi pezón y la empujaban al mismo. Pero no sentí una ayuda real, una ayuda efectiva.

Cada dos por tres me preguntaban cuanto llevaba durmiendo la niña, cuando había comido, y que si no despertaba pronto y comía, tendrían que venir ellos “y hacer algo”. Os puedo decir, que a día de hoy, esas gotas de biberón aún me escuecen en el alma y esas palabras me duelen en el corazón como mil espadas.

Por suerte para nosotras, como os he contado, yo algo había leído, y en medio de mi descoloque postparto lograba retener dos mantras sobre la lactancia que se me quedaron grabados a fuego.

Dar el pecho no duele. Si duele o hay gases es que no se agarra bien, y hay que corregir el agarre. No duele. Agarre. No duele. Agarre. No duele. Agarre.

Y así pasaban mis días, con un bebe que solo mamaba, lloraba y dormía como mucho 10 minutos en mis brazos. Ese era el ciclo en el que me encontraba inmersa. Ella mamaba, lloraba, le intentaba aliviar los gases, dormía, se despertaba llorando, la cambiaba, lloraba, le daba de mamar, lloraba, lloraba yo, se dormía…

El ciclo sin fin.

De ahí en adelante, pasé 4 veces por el pediatra, aparte de por un par de sanitarios más, y allí donde iba, planteaba mi duda. “Tiene gases y sé que no debería tenerlos, le intento mejorar el agarre pero no veo mejoras. ¿Qué puedo hacer?” Todo lo que me recomendó la pediatra fue que si eran muy graves, me podía recetar medicinas para eso. Esa era su solución. Medicación. Tan sólo la coordinadora de vacunación que le hizo la prueba del talón, me pidió que le diese de mamar, y me dijo que mi agarre era mejorable. Nadie más lo valoró, ni valoró a mi hija al respecto.

Yo seguía pensando que algo no iba bien, me había perdido la primera reunión de lactancia en vida de Intensita porque me daba cosa sacarla al frío invierno de enero con 10 días, e intentaba solucionarlo a mi manera, leyendo e informándome en plataformas como Lactapp. Me daba vergüenza pedir ayuda. Mi hija aparentemente no tenía más problemas de lactancia que los gases.

Ella cogía peso y yo no tenía grietas. Seguía produciendo leche (ahora sé que demasiada), no tenía mastitis y aunque me molestaba el agarre, no era insoportable. Así que me daba cosa molestar a nadie con mis problemas. Seguro que era una tontería y era que yo lo estaba haciendo fatal. Esperaría a la siguiente reunión de lactancia.

Cuando escribí a una de las chicas que llevan el grupo y le pregunté por la fecha de la reunión, contándole mi experiencia, ya me adelantó, sin siquiera ver a mi hija, que sospechaba que podía ser un frenillo.

Lo había leído cientos de veces en Lactapp. Todo lo que le pasaba era seguramente por un mal agarre. O por un frenillo. Pero había estado 4 veces en el pediatra, me la quitaron de mis brazos recién nacida de mis brazos para hacerles pruebas. ¿Cómo no iban a haberle detectado algo así? Yo me negaba a hacerme a la idea. No quería ser hipocondríaca.

Así que en cuanto llegué a la reunión y la pequeña pidió de comer, la enganché al pecho y todas asintieron. Era un frenillo lingual tipo 3. Pues era posible, no se lo habían detectado.

Y una vez que me informé lo más mínimo sobre los frenillos, yo también lo veía de manera evidente, teniendo unos conocimientos médicos más que mínimos.

No solo no se lo detectaron, sino que en la siguiente revisión del pediatra, cuando le comenté el descubrimiento, todo lo que recibí a cambio fue un “Pues yo no se lo he visto”. Pues yo sí. Y efectivamente, lo tenía. Que si queríamos la podíamos operar en Jaén. No, gracias, ya me habían explicado en el grupo las opciones y esa no era la más adecuada para nosotros.

Por suerte, todo mejoró, y tras los primeros 3 meses de pura agonía de lloros, gases y centenares de tomas diarias, su mandíbula creció y de la noche a la mañana teníamos un bebe (más) normal.

Y así hasta la fecha, en la que llevamos 8 meses de lactancia materna, los primeros 6 en exclusiva.


 

Hoy recupero en mi memoria y os relato estos momentos, porque he vuelto a presenciar estas semanas unos cuantos relatos de lactancias fracasadas o que casi no consiguen salir adelante.

Y la gran mayoría son por culpa de todas esas personas que precisamente deberían velar por conseguir que fuesen un éxito.

En las que confiamos en momentos de incertidumbre, cuando somos primerizas y poco o nada sabemos de cuidar a un bebé.

Esta semana he vuelto a escuchar relatos de terror, de enfermeras poniendo horarios al pecho (cuando debería ser a demanda siempre, una vez que el bebe haya recuperado el peso del nacimiento), diciendo que el pecho duele al principio, que no se le dé demasiado a menudo el pecho a un bebé porque “se le ensancha el estómago”, que ofrecen biberones a diestro y siniestro, pediatras que dicen que los niños con 6 meses son demasiado grandes para el pecho, y así una lista interminables de frases lapidarias que a diario se cargan lactancias y vuelven locos a madres y padres.

Por eso hoy he decidido soltar este primer post. Para reclamar que por favor todos los sanitarios que trabajen en torno a la lactancia, matrones, pediatras, enfermeras de neonatología, etc. Que se informen, que den consejos con fundamento, claros y argumentados a las madres, que actualicen sus conocimientos y que si no están del todo seguros de su consejo, que deriven a las madres siempre a un asesor de lactancia o un grupo de apoyo.

Para reclamar más empatía con las madres, en gran parte primerizas, que se enfrentan con angustia a un nuevo bebe, y lo último que necesitan es ser juzgadas y que se cuestionen sus decisiones, como la de dar el pecho.

Para reclamar a todos esos familiares, amigos, conocidos o extraños, que se abstengan de dar consejitos, sea cual fuere la intención, sin haberse informado correctamente antes.

Y para pediros a vosotras, mamás que queréis una lactancia materna feliz, que confiéis en vosotras mismas y deciros que vosotras podéis. Son muy pocos los casos de mamás que no pueden dar el pecho por razones físicas. Si os duele el pecho cuando vuestro bebe mama, eso NO ES NORMAL, y lo mejor es que un/a asesor/a de lactancia os ayude. Hay lactancias que empiezan muy mal, y son tan solo culpa de un mal agarre.

Porque aunque dar el pecho es algo natural, no es algo innato. No nacemos sabiendo dar el pecho, y dado que en esta sociedad (en la que en algunos lugares dar el pecho es aún tabú o algo recriminable) no tenemos muchas oportunidades de ver y aprender cómo se da el pecho, es necesario acudir a grupos de apoyo. Allí pueden valorar si tienes un problema de lactancia, te informarán sobre las crisis o baches de lactancia (esto también, para otro post) y podrás ver como lo hacen otras mamás para dar el pecho.

Pedid ayuda, y por mucho que confiéis en vuestro pediatra, en vuestra madre o vuestra suegra, o en vuestras amigas, si os dicen cosas como:

  • El pecho se debe dar cada 3 horas (o las que sean).
  • Si llora y pide mucho pecho es que tu leche no le alimenta.
  • Para producir más leche tienes que beber o comer tal alimento.
  • A los 4 meses hay que darles ya cereales.
  • Con 6 meses tu leche ya no le alimenta.
  • Y otros tantas más…

No les hagáis caso.

Os quieren y quieren lo mejor para vosotros, pero no están bien informados. Si tenéis dudas con la lactancia, acudid a un asesor de lactancia o a un grupo de apoyo. Buscad ayuda en los profesionales especializados en el tema. Igual que si nos duelen las muelas acudimos al odontólogo en vez de al médico de cabecera, igual que un problema psicológico no lo puede tratar un dermatólogo, un pediatra no siempre profesional más adecuado para solventar vuestro problema.

Si crees que tu lactancia no está yendo como debería ir o necesitas más información sobre lactancia, te recomiendo que preguntes en tu centro de salud por el grupo de apoyo a la lactancia más cercano a ti, busques una IBCLC, preguntes en foros especializados como Alba Lactancia o que hagas uso de aplicaciones de lactancia fiables como Lactapp.

Lista de IBCLC: http://ibclc.es/

Alba Lactancia: http://albalactanciamaterna.org/

Lactapp: http://blog.lactapp.es/