Biberon con leche derramada lactancia en seco
Lactancia Reflexiones

Lactancia en seco o lactancia seca

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Hace unas semanas (¿¿meses??) os hablé de un concepto que muchos desconocéis, así que voy a aprovechar el blog que tengo y el dominio que estoy pagando para algo útil en la vida, y os voy a hablar de la lactancia en seco o lactancia seca.

¿Cómo que lactancia seca?

Eso que es… ¿Qué no sale ni una gota de leche? Pues casi, pero no.

Si algo he aprendido después de escuchar a diario a Alba Padró en Instagram (no os la podéis perder si estáis lactando o tenéis intención), es que después del destete, aún quedarán gotitas de leche durante años.

Pero si, a efectos prácticos y en resumen, significa que tu hija/hijo/bebé sigue tomando el pecho, pero ya no saca nada de leche.

Sigue existiendo el momento de ponerse al pecho, porque lo repetiremos siempre, el pecho NO SÓLO es alimento, pero ya no hay producción de leche.

Y esto puede ocurrir en diferentes situaciones, entre ellas al “final” de una lactancia, que es nuestro caso.

¿Pero cómo es posible tener una lactancia en seco?

Pues las principales razones, que no son las nuestras, son porque exista una hipogalactia real (recordad que es una situación relacionada con problemas hormonales, y por tanto no es tan habitual a nivel general).

Que por motivos diversos baje tanto la producción que se anule y el pecho deje de producir leche. Por ejemplo, durante los primeros meses del embarazo es habitual que la producción baje mucho.

Y también podemos encontrarnos a mamás con una lactancia en seco en casos en los que ellas no son las mamás gestantes, como en adopciones, en parejas de dos mujeres

En el blog de Mamateta os escribí hace mucho tiempo un post, exponiendo que todas las madres (que quieran) pueden dar el pecho, aunque no todas puedan darlo como alimento.

El momento en el que ¿descubrí? que estábamos lactando en seco…

Pues como tantas otras cosas en nuestra maternidad, esta situación ha sido otro shock, una sorpresa total, una situación inesperada y un grandísimo aprendizaje.

Porque, sin fundamento alguno, yo había asociado en mi cabeza que una lactancia en seco iba acompañada de un destete casi inmediato (por parte del niño). A ver, ¡que me paso la vida diciendo que el pecho no es sólo alimento! Pues nada, que a mi también se me olvida.

Así que a pesar de que todas las señales estaban ahí, en mi línea habitual de no escuchar a mi cuerpo y fallar a interpretar las señales de mi hija, no era consciente de lo que estaba pasando.

Hasta que me escribieron de Lackto, una empresa que vende kits para hacer tu propia joya de lactancia materna, y tuve que sacarme leche. Y por más que lo intenté, durante días y días, a extraerme de manera manual, con el sacaleches de mano, el eléctrico… nunca salió más de una gota.

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Al final el collar de lactancia lo hice con la leche de una amiga, podéis leerlo aquí.

Y entonces cogí ese cabo que de repente si veía, y empecé a tirar de él y a ser consciente de todas las señales que me había estado dando la vida…

Nuestra lactancia sin producción.

No sabría datar cuando empezó nuestra lactancia en seco, pero me figuro que el inicio de este lento proceso (en nuestro caso) empezó con aquel biberón que di hace más de un año.

Poco a poco, en ese momento empezamos a introducir cada vez más biberones y vasos de leche materna, y así la demanda en la lactancia para mi fue algo más soportable.

Si tengo que apostar por un momento en el que esto fue definitivo, supongo que sería el comienzo de la pandemia, fue el golpe de gracia.

Nosotras apenas hacíamos ya tomas de lactancia, ella pasaba gran parte del día fuera de casa (en las horas de comidas y de siestas, especialmente), por lo que nos quedaban las tomas nocturnas y poco más, que también habían disminuido exponencialmente, para mi suerte.

Pero en marzo, mi estrés era tan alto, y pasamos por una crisis personal entre ella y yo (ella me necesitaba más que nunca y yo tenía menos tiempo que nunca) que tengo casi seguro que afectó directamente a nuestra lactancia.

Cada vez la idea me rondaba más, pero al igual que nos pasó con el frenillo, mi cuerpo se negaba a creer (o quizás aceptar) que aquello era lo que estaba ocurriendo.

Ahora todo tenía sentido.

Como os decía, en ese momento empecé a atar cabos y a entender mejor algunas cosas que habían estado pasando en mi cuerpo y que no entendía en absoluto.

De repente, entendí los altibajos hormonales tan grandes que había estado teniendo a principios de año (que seguramente no son exclusivos a esto, pero si determinantes), propios entre otras situaciones, de un destete.

Ahora comprendía porque mi hija se tomaba (y aún se pimpla) un litro de leche de vaca ella sola, como si nada.

Y ahora era capaz de ver aquel ritual nocturno, que se repite aún hoy en día, por lo que es. Ella succiona un poco y muy rápido del pecho, y le pega un chupitazo al biberón (que hoy estamos transicionando a vaso con leche y esperamos que pronto se quede en sólo agua), y así repite la acción las veces que hagan falta hasta que cae frita de sueño.

Mis pechos también han vuelto poco a poco a ser lo que eran. Casi, contra la edad y la gravedad poco podemos hacer salvo tirar de bisturí.

Si, ahora soy (sólo) un chupete.

Y no pasa nada. Las tetas siempre han sido chupetes (el chupete es una imitación del pecho, no al revés), insistiré toda la vida que el pecho no es sólo alimento.

En nuestro caso, ya no es alimento. Es consuelo, es complicidad, es ese rato de mirarnos, de jugar, de hablar de límites y consentimiento, de aprender a contar, de explicar que, aunque queramos hacer algo, si se lo hacemos a alguien que no lo quiere no está bien (si, ya no hay leche, pero ahí sigue la maldita sintonización de pezón, de tanto en cuando) …

Si le pregunto si sale leche de la teti, hay días que me dice que si, y otras que me dice que no.

Pero a ella no le importa.

Es nuestro momento, cada vez más fugaz y único en el día. Pero es nuestro momento. Y si bien yo pensaba que esto significaba un destete inminente, hablando con otras madres por privado, he descubierto que ni mucho menos. Que esa decisión sigue siendo mía y de ella.

Y en estos tiempos que caen, si al menos esa única gota se lleva, y le llega una micronésima parte de los posibles anticuerpos que yo haya podido generar para la pandemia que está cayendo, eso que se lleva.

Yo mientras, me aferro a ello, cuando aún en algún momento puntual, la vida me supera, y vuelvo a pensar en destetar.

Más sobre lactancia en seco.

Como siempre, tenéis más información sobre la lactancia en seco en las webs de Lactapp y Alba lactancia, y podéis seguir a Alba Padró en Instagram.


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Comentarios (3)
  1. […] de leche ha disminuido mucho y casi no te sale alimento, puede que te interese saber que existe la lactancia en seco. Como sabrás, la teta es mucho más que nutrientes, la teta es una forma de cariño y de consuelo. […]

    Responder
  2. Zora Groothuis Arroyo 2 meses hace

    Oh, te mando un abrazo enorme May. Esa lactancia que se acaba cuando no lo teníamos pensado es un duelo que hay que digerir y lleva su tiempo. En nuestro caso, al cabo de muchos meses de mantener la lactancia en seco, ella dice que a veces sale leche, pero nunca conseguí extraerme nada.

    Responder
  3. May 2 meses hace

    Muchas gracias por tu post, precisamente estoy en mismo momento sin nadie a quien dirigirme. He descubierto que también tenía lactancia en seco justo cuando tenía todo preparado para hacer mi joya materna😔. Me salen algunas horas de líquido amarillento y no sé si con eso podría rellenar un pequeño colgante de corazón que tenía pensado regalar a mi hija. Estoy bastante desolada.
    Gracias de nuevo. Un fuerte abrazo

    Responder

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