Lo hago solo lo mejor que puedo
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Lo hago (sólo) lo mejor que puedo.

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Este post empieza un lunes atípico. En el que nos levantamos toda la familia enferma, tras muchas semanas de mocos. En el que tu hija se queda llorando en la escuela infantil, algo inusual en ella. Definitivamente está mala.

Hoy le toca su revisión de los dos años. A una hora terrible. La de salir del cole, subirse a la mochila, engancharse a la teta y dormirse. Y cojo yo y la bajó a los 5 minutos de la mochila y la meto en la consulta del señor ese que no acaba de gustar.
Cualquiera que haya sido padre sabe lo que pasó a continuación: rabieta de campeonato desde que entramos hasta que salimos.

Que el pediatra suelte comentarios del estilo: “Una niña de 2 años no va a poder con nosotros” no ayuda.

Pero lo que me remató, por encima de la decepción de una revisión fallida y la culpabilidad por no haber previsto esto antes y haberle ahorrado a mi hija el malo rato, fue el momento paternalista de turno.

La frase que sobraba.

“¿Pesa ya mucho para llevarla en la mochila, no? ¿Por qué no prueba a ponerla en el carrito (que llevaba conmigo)?”

Le contesté lo mejor que me salió que a esta hora y en esta situación no aceptaba otra cosa que la mochila.

Llegué a casa llorando. No había sido nada excesivamente hiriente o maleducado, pero había llegado en un mal momento.

Y es que a pesar de que me había repetido varias veces que el comportamiento de mi hija era normal, ese momento de falta absoluta de empatía me tocó.

Porque, al igual que el resto de padres y madres, no es el primero que vivo.

Comentarios hirientes de los más cercanos.

Probablemente los que más me duelen son esos que vienen de aquellos que tratan a diario con niños o que han sido padres. Que han sido TUS padres.

No entraré hoy a debatir sobre ese tema, porque da para decenas de posts, sobre cómo afecta la actitud de los padres a los hijos, de como también es nuestra responsabilidad subsanar eso a cierta edad, o de cómo eran otras épocas y ellos también llevaban lo suyo encima…

Pero esas frases, duelen. Se te clavan como puñales.

Porque (sólo) lo hago lo mejor que puedo.

Lo haces lo mejor que puedes, yo entiendo y espero eso de todos los padres. Pero hay gente que no piensa igual. O al menos sus comentarios no dicen eso.

Están los que esgrimen a modo de ayuda.

“Deberías dejar la teta ya, que te va a consumir”.

“Pesa mucho para que la lleves aún en la mochila”

“Debería jugar sola, que te tiene absorbida”

Están los entrometidos…

“Pero sigue durmiendo con vosotros?”

“Hasta cuando piensas darle teta?”

Y luego están esas maravillosas frases.

Las que empiezan con el: pues yo a vosotros, continúan con el vosotros sabréis lo que hacéis (pero vais a matar a vuestra hija cuanto menos) y acaban con un de toda la vida se ha hecho así.

Si. Hay una cosa llamada evolución.

Y así hasta el infinito.

La respuesta a todo esto, es que lo hago (sólo) lo mejor que puedo.

Como espero que hiciesen ellos.

Se que hoy no estoy contando nada nuevo, que todos, absolutamente todos habéis pasado por aquí. Que la falta de empatía es un continuum, y que al final aprendemos hacer oídos sordos y que nos resbale todo.

Pero hay días que se te atraganta.

Ayer fue uno de esos días.

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