Lo mejor de la maternidad… tras un año practicando.

Entre tanto post donde os cuento cosas más oscuras e intento visibilizar las cosas más negativas de la maternidad, en aras de aportar un poco de equilibrio, hoy os vengo a contar las cosas que  más me gustan de ser madre, lo que considero mejor.

Que es para mí lo mejor de la maternidad.

Quede dicho por delante que yo no soy una madre de maternidad rosa. No por nada, respeto y admiro cualquier tipo de maternidad y como la vive cada madre. Pero al igual que en el resto de mi vida, soy una persona bipolar con tendencias negativistas.
Hablar de lo feo, me ayuda a procesar y digerir. Me ayuda a dejar ir lo malo y concentrarme en mejorar y en vivir más en positivo.

Pero tampoco soy una madre de maternidad negra, y creo que ser madre me ha cambiado la vida, para bien. Sí, hay días que se me hace cuesta arriba y sigo sin saber encajar las piezas. Y de igual manera, hay días que no me puedo creer la suerte que he tenido en la vida siendo madre.

Así que hoy os cuento un poquito lo que para mí es lo mejor de la maternidad, las cosas que más me gustan de la maternidad.

Siempre estoy acompañada.

Tener una hija para mi está suponiendo que siempre tengo alguien a mi lado. Siempre hay un pequeño ser revoloteando a mi alrededor, acompañándome en todas las etapas de mi vida. Pase lo que pase ella siempre estará ahí, si no presente, en mi corazón.

Ahora soy inmortal.

Y no me refiero a que ya no me puedo morir. Eso sería genial o no.  Nunca he considerado importante dejar atrás un legado. Creo que es importante dejar huella desde el punto de vista en el que haces lo mejor para el mundo y dejas una huella positiva tras tu paso. Y eso es algo que puedes hacer con o sin hijos.

Pero incluso el día que yo muera, no habré desaparecido por completo, porque una parte de mí siempre vivirá en ella. Y esto es una tontería, pero me parece mágico y me hace sentir eterna.

Me obliga a ser la mejor versión de mi misma.

Hace poco Marta escribió un post en Instagram con el que no podía estar más de acuerdo. En él, contaba como todo lo que hace, lo hace por su hija. Que llega a todo y se esfuerza al 1000%, para darle un buen ejemplo a su hija.

Para mí, ser madre y ser un ejemplo para mi hija, me obliga día a día a mejorar, a ser la mejor versión de mi misma, a mantenerme en un aprendizaje continuo.

La vida es más bonita

Esto podrá sonar muy rosa-cuqui, o muy fantasioso, pero no es un topicazo de taza de desayuno. Si eres capaz de bajar a la altura de tu hijo y ver la vida a través de sus ojos, de repente el mundo vuelve a ser maravilloso. Al crecer perdemos en gran parte la capacidad de sorprendernos y empezamos a dar demasiadas cosas por sentadas. Con un pequeño ser que está descubriendo el mundo a tu lado, todo se vuelve mágico y vuelves a sorprenderte con todo.

Las risas inundan mi casa

Si, y las rabietas y el ruido de los juguetes que han explotado en el salón. Y todo ello es maravilloso. Pero esas risas… Esas risas me derriten y me desmontan por completo. Podría estar viéndola reír toda la vida y no me cansaría. Y sí, en momentos de estrés y altas cargas de trabajo, en los que veo imposible conciliar, echo de menos mi reducto de paz… pero no lo cambiaría por nada del mundo. Porque ahora hay vida, de verdad, en mi hogar.

Es una segunda oportunidad

Ella me recuerda a la persona que yo era, y que ahora a veces echo de menos. Libre de prejuicios, sincera y transparente. Sin miedo al qué dirán, sin haber sido moldeada por lo que los demás esperan de nosotros, simplemente única y original. Y me obligo a volver a ser un poquito más así. A disfrutar siendo yo misma, a enseñarle que si al mundo no le gustas como eres, el problema lo tienen ellos. Y me obligo a enseñarle, a la vez que me lo recuerdo a mí misma, que ella tiene la única obligación de ser ella misma.

Todo se magnifíca

Y todo es todo. El cansancio se magnifíca, el estrés, el caos… y la felicidad y el amor. Todo se vive, todo es importante, todo merece ser disfrutado con intensidad. Y eso significa que lo bonito es muchísimo más bonito. Que el amor es más grande y la felicidad se multiplica.

Me siento una superheroína

Llegará el día o no en que ella no quiera mi ayuda, en que sea un estorbo y sea “la pesada de mi madre”… pero por ahora, el serlo todo por ella, aunque agotador, es una responsabilidad que me llena de orgullo. Saber que cuando las cosas no funcionan, ella encuentra consuelo solo con estar en mis brazos. Ahora mismo soy la persona más maravillosa del mundo para ella, y eso es algo muy bonito de sentir.

Me ha obligado a evolucionar.

A veces me da por pensar que sería mi vida si ella no hubiese existido. Y sería tranquila, lineal, diferente… pero muy seguramente yo no sería mejor que hoy. Tener una hija me obligado a pisar el acelerador. Me fuerza a levantarme cada día esforzándome al máximo por ser mejor que ayer. Por ser mejor persona, por ser mejor conmigo misma, por ser mejor madre y pareja, por llegar más lejos. Me recuerda que la vida hay que vivirla y disfrutarla. Que lo único que importa en la vida, no es lograr la felicidad como una meta, sino disfrutar del camino, con sus baches y sus rincones pintorescos. Y evolucionar.

Me he reconciliado conmigo misma y con la maternidad

Hace 3 años, cuando decía que no quería ser madre, una de las razones que más pesaban en ello, era el miedo. El miedo a no ser suficiente, el miedo a fallar, el miedo a repetir los errores del pasado y hacer sufrir a una criatura inocente por ello. Pero mi chico, y sospecho que una persona maravillosa que lo convenció de lo contrario, me recordó que no tenía por qué ser el reflejo de lo vivido. Que podía ser la madre que quisiera, que no tenía que seguir haciendo girar la rueda. Que mi maternidad sería la que yo eligiera, no la que yo había vivido como hija.

Parar la rueda no es algo fácil, no repetir lo que consideramos errores en nuestra propia crianza no es sencillo. El ser humano tiende a repetir lo que ha aprendido e interiorizado, y es en la más tierna infancia que las conexiones neuronales son forjadas con más intensidad. Parar el instinto de educar con gritos, con violencia, infravalorando los sentimientos y la evolución de mi hija, es más sencillo en mi cabeza que en el realidad. A veces fallo, pero aprendo día a día.

Soy más responsable

No en sí, no con mi trabajo o con mi vida, sino como ciudadana del mundo. Otra de las razones que más pesaban en mí para no tener hijos, era el mundo en el que vivimos. Llegó un momento en el que el mundo me parecía tan feo, que no me parecía justo traer al mundo a una criatura inocente, a sufrir la maldad que nos rodea.

Mi chico me desarmó por completo, cuando me dijo que si los que pensamos que hay que cambiar el mundo y hacer de él un lugar más amable y bonito, no educábamos a la siguiente generación, el mundo no cambiaría nunca.

Como dijo la gran Juls, lo importante no es dejar un mundo mejor para nuestros niños, lo importante es dejar unos niños mejores para nuestro mundo.

Los que creemos en una crianza respetuosa y en educar a niños felices y amables, en vez de fomentar la competitividad y el odio a los demás, no veremos cambiar el mundo… pero si les dejamos a nuestros hijos el ejemplo de una crianza mejor, queda la esperanza de que los hijos de los hijos de sus hijos, vivan en un mundo diferente.

“Todos los días son navidad”

Porque cada día despierto con el mayor regalo del mundo a mi lado. Porque todos los días gano sonrisas y atesoro más felicidad.

Ser madre me ha cambiado la vida, y aunque he perdido muchas cosas por el camino por ahora o para siempre, todo lo que he ganado a cambio es impagable. Y no se puede comprar en el supermercado.


Otro día os hablaré de las otras mejores cosas de ser madre, como tener excusas irrefutables para no salir, pero por hoy, os dejo aquí esta reflexión profunda e intensa de mi maternidad.

¿Y para vosotros, que es lo mejor de ser madre o padre? ¿O tit@ Pank/punk?

2 comentarios

  1. Este post es PRECIOSO. De principio a fin, ¡me encanta la zora un poquito mas rosita! 🙂

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