Enseñar la teta o la necesidad de normalizar la lactancia.

Soy mujer. Eso es algo obvio a la vista.
Tengo pecho.
Como la inmensa mayoría de mujeres.


No mucho, creció muy tarde. Pero mi cuerpo tiene dos apéndices con los que puedo dar la teta.

Creo firmemente en la libertad de la mujer de mostrar su cuerpo como cada una desee. Y no me avergüenzo ni de mi género ni de mi cuerpo.

Aún así, no me ha gustado nunca mostrar mi pecho, ni mucha piel. No por prudencia, no por vergüenza, no por decoro, no por complejos… simplemente, no me gusta.
Siempre he vestido con escotes no muy pronunciados, no me gusta enseñar el canalillo y , quitando la playa y la piscina, me gusta ir con el pecho bastante cubierto.

Antes de ser madre, no me iba lo de enseñar la teta. Ni mucha, ni poca.

Respeto a las mujeres que van escotadas, que enseñan el sujetador entero o que hacen topless. Están en su derecho. Yo también tengo ese derecho, pero no me gusta ejercerlo.

Cuando enseñar la teta es una reivindicación.

Cuando enseñar la teta no va de proyectar una imagen,sino que va de normalizar una situación, de mandar un mensaje y mostrar apoyo a otras madres…

Como os comentaba, antes, nunca me ha gustado enseñar el pecho. Mi teta era (y será) solo mía, era mi intimidad y era algo que solo le mostraba a mi pareja, y por razones de salud a ciertos médicos.

Pero desde el día que nació mi hija, mi teta ha dejado de ser solo mía. Mi teta es su alimento, su bebida, su consuelo y su refugio. Mi teta es importante para ella. Mi teta es suya. Sobretodo los primeros 6 meses.

Eso, es más importante que nada, y si mi hija tiene hambre o sed o solo encuentra consuelo en la teta mientras estamos en la calle, yo se lo ofreceré. Porque lo más importante para mi es cubrir sus necesidades básicas.

En ese momento, se para el mundo, y ya sea andando con ella en brazos o en la mochila, o sentada donde sea, me abro la camisa y le doy de comer, sin miedo a enseñar la teta.

Y procuro no hacer apología de ello, os recuerdo que mi teta es mi intimidad y no me gusta airearla.

Pero no me voy a esconder, no voy a huir, no voy a tapar a mi hija con un trapo, no voy a negarle a mi hija su necesidad ni voy a hacer un circo de una toma, por miedo a enseñar la teta.

No lo voy a hacer por mi, y mucho menos por otros.

Que yo entiendo que habrá quien no quiera ver un pecho, al que no le guste ver una teta expuesta… no entiendo al que ve algo obsceno o sexual en ello, me parece que esa gente tiene un problema (o más bien dos), pero ese es otro tema.

Pero que yo entiendo que haya quien no lo quiera ver. La solución es bien sencilla. Si alguien se dispone brevemente a enseñar una teta para amamantar a su hijo, y a tí no te gusta, mira para otro lado.

El haber sexualizado tanto a la mujer, haberla convertido en un objeto de exposición y deseo, ha sido el aliado perfecto para criminalizar la lactancia materna. Y con ello, apuntar con dedo sentenciador a quien decide hacer uso de la teta (para cosas que no tienen que ver con el sexo).

Yo, no sé si por suerte o no, no he recibido jamás un comentario mientras daba le pecho. Al menos no despectivo. Y por suerte o por desgracia, especialmente los primeros 3 meses, me ha tocado enseñar la teta mucho en público. Era eso, o no salir de mi casa nunca.

Voy a dar la teta en público.

A día de hoy, podría forzar un poco a mi hija, podría negarle el pecho cuando estamos en la calle o rodeados de más gente.
Pero ya no se trata solo de respetar a mi hija y atenderla en el momento que ella lo necesita, no el que la sociedad cree aceptable.

Se trata de mostrar un apoyo.

Cuando te lapidan por dar el pecho en público.

Aunque este post es atemporal, de hecho lo empecé a raíz de un revuelo por una teta enseñada (uno de tantos), hoy he recordado que tenía esto a medias.

Y me he acordado hoy, porque esta semana una modelo ha decidió salir a la pasarela en un desfile de ropa de baño, con su bebé al pecho, dándole la teta.

Teta que no se ha visto en níngún momento. Esa mujer no ha enseñado más carnes y chichas que cualquiera de sus compañeras de pasarela en ese momento.

Pero nadie ha dicho nada de sus compañeras.

En cambio, de ella se ha dicho mucho. Buenos comentarios, de apoyo, que tampoco vamos a negar las cosas.

Pero mucha gente se ha sentido en la libertad de opinar, juzgar y criticar, y por supuesto muchos de insultar y amenazar, por que una madre ha decidido conciliar trabajo y crianza.

Porque parece que dar el pecho es algo que debería dejarse en casa, condenando un lactancia materna o una carrera laboral. Tienes que elegir, pero por lo visto no puedes hacer ambas cosas.

Y mejor no hablo de los comentarios acerca que debería buscarse otro trabajo haciendo referencia a un cuerpo de postparto que ya quisieramos la inmensa mayoría, pero que parece que no casa con los estándares absurdos y ridículos de una pasarela corriente.

Me explota la cabeza.

Mucho os he hablado ya de que deberíamos respetar a los demás, ya sea en un su crianza, en su decisión acerca de la lactancia o simplemente a su ser.

Nada te da derecho a juzgar a los demás, y menos aún a intentar destrozar a una persona que ha decidido que sus hijos no son un jarrón que se queda en casa, ni son una vergüenza que hay que esconder.

Sus hijos son parte de su vida, al igual que su trabajo, y si tiene brazos y un pecho, y a un diseñador no le duele que su bikini (en este caso) se exhiba con un complemento extra (un gorro, un pañuelo, un bolso o un bebé), a quien más le importa que ella decida coger a su hijo en brazos, le dé el pecho y pueda conciliar…

Creo que como sociedad tenemos un problema muy grave cuando pretendemos condenar a una madre que decide libremente que dar el pecho es la mejor opción para su familia a recluirse en su casa o tapar algo que es tan natural y vital como alimentar a un hijo.

Dar el pecho no es algo obsceno ni sexual.

Repetiré hasta la saciedad que el que quiera ver algo obsceno en el acto de dar el pecho a un hijo, tiene un problema muy grave, y ha sido educado en una mentalidad que se aleja mucho de nuestra naturaleza.

La evolución me ha creado con dos pechos para amamantar a mis crías.
No para que otro ser disfrute sexualmente de los mismos ni para ofender a otros seres, ni para ser usados como reclamo publicitario. Todo esto, son cosas que le hemos atribuido nosotros como sociedad.
Y que no son malas persé si sabemos diferenciar un acto de otro.

Pero hay gente que no es capaz de ver la diferencia.

Ojala y que nunca vean la boca como un elemento principalmente sexual (somos todos mayorcitos como para saber que se puede hacer con ella) y nos prohiban alimentarnos a todos o nos llamen guarras y pervertidas por comernos un plato de sopa.

No voy a esconder mi teta.

Hace un tiempo que me cuesta cada vez más dar el pecho en público. No porque me haya pasado nada, pero mi hija, nerviosa por naturaleza, se calma y se entretiene en tocarme el otro pecho mientras come.
Porque a ella nadie le ha enseñado que eso es algo sexual y obsceno que solo se hace en casa, y no entiende aún, por mucho que se lo digo, que no me gusta que haga eso, especialmente fuera de casa.

Y he llegado a valorar no dar el pecho fuera de casa, ahora que es mayor y tengo alternatvas, o me encuentro a mi misma despistándola con todo tipo de artimañas con tal de no ofrecerle precisamente lo que ella necesita en ese momento. Por no enseñar mi pecho. Por si alguien lo ve.

Pero ya no lo voy a hacer más. Mientras yo sienta que es necesario, que mi hija necesita en ese momento la teta que me pide y que no hay nada que la consuele mejor, me sacaré la teta para darle el pecho.

 

Si me ves sentada en un banco o en otro lugar, dando el pecho y te molesta solo te diré esto:

  • Para mi sacarme la teta en público no es fácil, y no es algo que hago por exhibirme.
  • Mi hija y su necesidad de alimentación o afecto son más importantes que tu pudor o tu incomodidad.
  • Si no te gusta ver mi teta, no me mires. Yo no te voy a obligar a punta de pistola que me mires el pecho… de hecho, agradecería que no lo hicieras. Si me miras, mejor que sea a la cara. Soy una persona.
  • Esto lo hago en gran parte, para normalizar. Para que otras madres se sientan apoyadas y para que la gente que lo vé como algo malo, entienda que es normal.

Asi que si estás leyendo esto, y te molesta ver tetas, te regalo un consejo: no mires.

Si una madre en Instagram da el pecho y tú no estás de acuerdo, deja de seguirla, en vez de denunciar su foto.
Yo la voy a aplaudir fuerte, por normalizar.

Si una madre sube una foto en su blog hablando de su lactancia, deja de leer su blog, en vez de criticarla.
Yo voy a animarla para que se sienta libre de vivir según ella lo ha decidido.

Si una madre decide conciliar trabajo y crianza y no te parece bien, háztelo mirar, y sigue tu camino, pero no te pares a insultar, menospreciar y atacar.
Yo voy a defender a capa y espada, que merecemos tener la libertad de ser madres y más, y no tener que elegir o renunciar.

Porque tened por seguro que las mamás que damos el pecho fuera de casa, no disfrutamos enseñando nuestra teta. Pero no nos importa, porque hay cosas más importantes como alimentar y consolar a nuestros hijos.

Así que dejad de machacar a los demás, ya suficientemente dura (y bonita) es la maternidad, como para que nos destrocemos mutuamente por hacer lo más natural, que es amar y cuidar a nuestros hijos.

Vive y deja vivir, y si no te gusta lo que ves, deja de mirar.


El que sea muy friki fan lo habrá adivinado. En la foto estaba dando el pecho en una exposición de Ikea. Apartada y tranquila, para nuestra conveniencia, pero sin huir a una sala de lactancia.