No estoy a tu plena disposición – La no conciliciación

Para este post os traigo el tema estrella en la maternidad y la razón de ser de este blog:  la conciliación… o la no conciliación.

Pero antes de dejaros mi reflexión os voy a poner en antecedentes, por si sois nuevos aquí, y os voy  a explicar el porqué de mi “rant” de hoy.

La posibilidad de tener plena disponibilidad… para ella.

Cuando decidí dejar el trabajo, una de las principales fuerzas que me movían a tomar un paso tan arriesgado como el de dejar un puesto de responsabilidad con un contrato indefinido y trabajo asegurado, fue que no concebía la posibilidad de ser madre si no podía contar con una plena disponibilidad para mi hija. Al menos los primeros años.

Queríamos que se criara el mayor tiempo posible en casa, y que cuando vaya la escuela infantil (y en adelante), no solo pueda estar con ella todo su tiempo libre, sino que si hubiese que acudir por lo que fuese a por ella por la mañana, que no hubiesen impedimentos.

Que no tuviera que mover Roma con Santiago para llevarla al pediatra o tuviera que pedir favores en el trabajo para acudir al cole por una u otra cosa.

Ya os he mencionado en alguna ocasión que la decisión de estar para ella cuando lo necesite, incluso cuando estoy hasta arriba de trabajo es algo que a veces me pesa y me agota.
Porque lo valiente no quita lo cortés, y aunque esta sea nuestra y principalmente mi decisión, no siempre es como te gustaría que fuese, y tú puedes organizarte muy bien… que si ese día se le ha descuadrado la siesta, y solo es capaz de dormirse con la teta… pues tu trabajo deja de ser prioritario.

Pero por ella, no me importa parar el mundo, bajarme del despacho y estar por ella cuando lo único que la consuela o reconforta soy yo. Por nosotros, soy todo lo flexible y adaptable que mi mente cuadriculada y mi afán de mantener a flote mi negocio me permiten.

Pero hay días que la no conciliación molesta.

Hoy hace unos días ha sido uno de esos días. De esos que te cabrean.

Vivimos en el sur, en un dúplex, con mi despacho en el ático, en una vivienda de la época del boom inmobiliario (construcciones cero eficientes) sin aire acondicionado.
Es algo que he hemos  aguantado 2 veranos enteros, trabajando a 45 grados dentro de casa, con un pc ardiendo a mi vera… pero os podéis imaginar que no es algo agradable y en pos de evitar lipotimias, hemos decidido que este año tocaba renunciar a unas bonitas vacaciones para poder poner por fin aire en la planta de arriba.

Así que llamamos a una empresa de climatización, que vinieron a ver que nos tenían que instalar y darnos un presupuesto, y les dimos el visto bueno para proceder.

SantoPadre me comentó el lunes que podía ser que vinieran el martes por la tarde… y nunca más se supo. Hasta hoy, miércoles por la mañana.

En su defensa he decir que el día se iba a torcer de todas maneras. La peque ha decidido madrugar 2 horas más de la cuenta, así que mi tiempo de trabajo matutino ha volado por los aires de un plumazo ya nada más empezar el día.
Que llevemos ya muchos días en los que mis tardes de trabajo se ven interrumpidas, porque estamos pasando una crisis de apego, y volvemos a necesitar una toma de teta en la merienda, no ayuda.
A la mierda mi planning de horas de trabajo de esta semana.

Drama y frustración.

Así que me he armado con la poca paciencia y positividad que me quedaban, y he dicho, nos vamos al parque, desfogamos las dos… y si hay suerte un milagro divino que no va a ocurrir se duerme en el carrito de vuelta y puedo por fin pasarme por las rebajas, para parecer de este mundo (a este paso se acaban y no he visto una sola pegatina roja).

10 minutos llevaba fuera de casa… y me ha llegado su mensaje.
“En 2 horas llegan los instaladores a poner el aire”

Ardía por dentro.

Y con estas, he decidido inmolarme por el bien de ambas, y he continuado con el plan del parque, para volverme casi una hora más tarde a organizar la casa para la instalación como si se fuese a acabar el mundo en media hora.

Pero el cabreo ya no me lo quitaba nadie.

No estoy a tu plena disponibilidad.

Y es que este tema me ha tocado una fibra que creo que tanto para madres que se quedan en casa (stay at home mum’s queda más chic, vamos a reconocerlo) como a los autónomos nos es de especial sensibilidad.

Porque cuando no trabajas fuera de casa, bien porque tienes un negocio en casa o bien porque trabajas (cuidas de tus hijos y tu hogar) en casa, la gente se piensa que eres un 7 Eleven. Que estás abierto las 24 horas y puedes disponer de mi sin más aviso que el “ya estoy llegando”.

Tras una conversación con SantoPadre durante la comida, donde me ha reconocido que el error lo había cometido él, al aceptar sin más consulta la propuesta de los instaladores “porque yo estaba todo el día en casa”, le he vuelto a explicar que este tema me sienta muy mal. A mi, a cualquier madre/padre que ejerce de amos de casa y a cualquier autónomo.

Porque no.

Que yo tenga flexibilidad de horarios y que no tenga que salir de mi casa a ocupar un puesto de trabajo lejos del hogar, no significa que tenga plena disponibilidad.

Para empezar, como madre de una niña que no va a la escuela infantil, tengo unas rutinas diarias. Vamos al parque, hacemos recados, trabajo mientras ella duerme y tengo una mínima organización.

Y como autónoma, pues más de lo mismo. Tengo un trabajo que atender, y aunque no tengo un estricto horario que cumplir, y nadie me va a despedir por no trabajar X horas al día, son horas que aún así necesito para acometer mis tareas.

Son mis horas, son mi tiempo y son mi organización.

Y cuando otra persona, sin consultarte, decide que puede trastocar toda tu organización (o incluso piensa que dicha organización es inexistente).. duele.

Porque sientes que tu tiempo no tiene valor para los demás, que tus tareas no tienen relevancia y que tus decisiones no importan.

Porque parece que estoy en mi casa rascándome las ideas en el sofá, esperando a que el mundo me necesite.

Porque siento que mi trabajo, como madre y como emprendedora, es menospreciado y no se merece la categoría suficiente como para que sea tenido en cuenta.

He sentido encima mía el peso de la no conciliación.

Porque vamos a ser objetivos. Que hayan venido hoy a instalarme el aire sin previo aviso, no es un problema en sí.
Era algo que tenía que suceder en algún momento. Alguno de estos días tenía que perder el tiempo para estar pendiente de otra gente haciendo su trabajo.

Lo que duele es la sensación del trato de inferioridad hacia mi modo/medio de vida.

A nadie le ha importado si yo tenía algo importante que hacer o si me venía mal que fuese tal día como hoy.

En esta situación, mi vida, la que yo organizo y manejo, ha dejado de tener relevancia alguna porque al parecer, he de estar principalmente al servicio de los demás.
Ya fuese mi tiempo libre o mi tiempo de trabajo… en cualquier caso eran tan poco importantes que no merecían el respeto de preguntar si me era conveniente o no.

Nos han educado en la no conciliación.

Aparte del tema de la conciliación familiar en la que mi hija y su tiempo carecen de valor, aparte del tinte heteropatriarcal en el que yo mujer estoy ahí para cuando los demás me requieran, quiero aportar un poco de luz a otro tema que es igualmente obviado a diario: el atropello al emprendimiento.

Y es que a título personal creo que , culturalmente, se nos ha educado muy pobremente en el emprendimiento.

No sabemos que supone emprender, no valoramos el trabajo de las personas que trabajan desde casa, y pensamos que la libertad de horarios se traduce en plena y total disponibilidad.

En el futuro quiero seguir hablando de este tema, con el fin de dar luz a esta decisión laboral, que debería ser respetada de igual manera. Pero por hoy os dejo aquí el tema, con este pequeño suceso puntual que espero que os haga pensar.

Porque muchas veces me han dicho mis amigos: ¿Si estuvieras trabajando en una empresa, te harían salir del trabajo para esto? ¿Porque no se aplica en mi caso?


Y vosotros, ¿trabajais en casa y os sentís menospreciados?. ¿Valoráis el tiempo de las personas que trabajan en su casa?


Imagen de Freepik – Designed by Valeria_Aksakova

 

2 comentarios

  1. Me siento totalmente identificada. Esta misma semana he sentido en varias ocasiones que ni mi tiempo ni mi esfuerzo valen nada. Es algo que me enfada y me disgusta. A veces llego a lamentar estar dando tanto de mi sin ningun tipo de reconocimiento. Aunque haya sido una decisión tomada libremente, con frecuencia recibo ese mensaje de que no hago nada en mi día a día, que vivo en unas vacaciones permanentes. Por cierto, se bien lo que ese trabajar fuera de casa y nunca me he sentiso tan cansada como ahora. Gracias por tu post. Lo he leído en el momento justo. 😘

    • Me alegro haber llegado en el momento necesario. Lo “peor” es que este post lo podría haber escrito en cualquier momento…
      Creo que el trabajo de madre, porque si, es un trabajo, está tremendamente infravalorado.
      Mucho ánimo!!!

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