No soy una supermamá.

No, no soy una supermamá. No soy una supermujer. No soy supernada.

A pesar de lo que algunos amigos me digan:

No soy una supermamá.

Desde el cariño, con ánimo de apoyar y mostrar afecto, en más de una ocasión he oído a otras personas decir que soy una supermamá o super-lo-que-sea.

Quizas en un día más flojo, quizas en un día con mucha carga en el que tenía mil cosas por hacer, y al final me las apañaba para malhacer casi todo.

Que soy una crack, que puedo con todo, que soy una campeona…

Que soy un portento y una supermamá.

No soy super nada.

Si eres de los que me ha llamado esto alguna vez, antes que nada quiero que entiendas que comprendo muy bien el fin con el cual me has dicho esto alguna vez. Entiendo que es una muestra de afecto y cariño, es un empujón, son palabras de ánimo…

Pero también son palabras de presión, palabras que ayudan a la culpa a hacer camino, son una responsabilidad.

No, no soy una supermamá. No llego a todo, no soy infalible, no puedo con todo…

No tengo superpoderes.

Ni una capa, ni se hacer magia, ni soy invencible ni puedo con todo. Por mucho que a ti te parezca que si, no lo es.

Por dentro no llego a todo, en muchas demasiadas ocasiones priorizo todo por encima de algo igualmente importante, yo.

No siempre soy la madre que quiero ser, no siempre tengo paciencia, no siempre le hablo a mi hija de buenas formas y no siempre me paro a escucharla y a entenderla.

No siempre le explico las cosas como lo necesita, ni hago la comida más sana.

No siempre me acuerdo de tirar la basura, mi casa no está impecable, y a veces se me olvida mandar un email.

No siempre estoy de buen humor, no siempre le sonrío a mi pareja, no siempre soy comprensiva con él.

No casi siempre voy con la ropa manchada, me falta ropa limpia y se me olvida que hay ropa que tender.

No siempre me organizo como debería, no siempre planifico con antelación, no siempre estoy atenta a todo, ni estoy donde me gustaría estar.

Cuando me convertí en madre, me dieron una hija. No una capa.

Al salir del hospital, nos dieron a un bebé y nos dijeron: Esto es tuyo pa ti pa siempre.

Eso, los que no habéis sido padres (aún, o no lo seréis nunca, o lo que sea, mientras seáis felices) es algo que no llegáis a valorar en su total magnitud hasta que lo sois (si es que lo sois). Palabrita de arrepentida, yo también pensaba que esto era otra cosa y he sido una bocazas.

No solo va a ser tu mayor alegría, no solo te va a hacer redescubrir el amor, maravillarte con la vida, volver a aprender, soñar y amar…

También es una responsabilidad enorme para la que no te sientes jamás cualificado. Es un peso inmenso, que has decidido aceptar, pero que no por ello es más llevadero.

Esa pequeña criatura depende de ti. Nada es más importante, no hay ya nada importante.

No soy una supermamá. Ni lo quiero ser.

Soy tan solo una madre. Una emprendedora. Una amiga. Una pareja y una mujer… aunque a veces se me olvide todo lo último.

No tengo superpoderes, tan solo tengo una hija, y hago lo que puedo para sobrevivir.

No soy super nada, y no lo quiero ser. Porque ser super, significa poder con todo, y yo no puedo con todo y no pasa nada. O si pasa, pero está bien.

Soy humana.

Soy una persona como cualquier otra. Mi situación no es ni mejor ni peor que la de otra persona, otra mujer, otra madre.

Es diferente, a algunas personas les parecerá más compleja que la suya, a otras más sencilla.

No lo sabes. Ni yo lo se. Solo conoces una parte de mi vida, y yo apenas conozco nada de la tuya. Pero aún que si la conociera, no soy tu.

Soy tan solo una madre.

Que intenta día a día hacerlo lo mejor posible.

Que lucha por sacarlo todo a trompicones adelante.

Que intenta que su familia sea lo más feliz posible.

Que no siempre está feliz.

Que no llega.

Que falla.

Que se desespera y pierde la paciencia.

Que a veces no sabe lo quiere.

Que llora.

Que no siempre se encuentra a si misma.

No soy supermamá. Y estoy aprendiendo a vivir con ello.

No soy superdenada, tan solo soy yo.

Intento aprender día a día, mejorar día a día.

Entiendo tu cariño, entiendo tu apoyo.

Pero no me digas que soy supermamá.

Porque no lo soy, ni lo prentedo ser.

Entiedo que te pueda parecer tal cosa, porque piensas que hago más cosas que las que llegas a hacer tu. Pero eso no es cierto, no ves más allá de lo que capta el ángulo de mi cámara y lo que te cuento.

Decirle a nadie que es supermujer (o lo que sea) por algo que le ha venido dado, como un hijo o una enfermedad, es una carga extra lejos de ser un halago.

Y cuando te encuentras en medio de tu caos habitual, con deficit de sueño, con un desorden excesivo, con todas las camisetas manchadas de mocos y otros fluídos ajenos…

Te sientes un fracaso.

Te sientes un fraude, y un engaño. Te llaman supermamá, y en realidad eres un desastre.

¡Sorpresa! No eres ni una cosa ni la otra.

Eres tan solo una madre.

Soy tan solo una madre.

Que lo hago lo mejor que puedo, que me esfuerzo al máximo por mi casa, mi trabajo y mi familia (y no tanto por otras cosas, por desgracia) y que llevo todo para adelante lo mejor que sé… Como cualquier otra madre.

A que viene esto de gritar que no soy una supermamá.

Pues viene a que estas últimas semanas están siendo muy duras para mí. Me he embarcado en más proyectos de los que mi tiempo libre permiten, y eso se paga caro.

Mi casa es un auténtico desastre, apenas llego a cumplir con el mínimo trabajo que tengo (que es una angustia añadida), estamos a las puertas de los 2 años y siento que todo lo hago mal y que mi hija parece criada por monos…

Nada raro para cualquiera que haya sido madre. Pero que se convierte en una presión cuando te han colocado la capa y el altar de supermamá, porque no lo soy.

No nos llames supermujeres.

No quería dejar pasar la oportunidad, de hablaros de algo que me parece muy importante, en esta semana tan importante como es la semana de la lucha contra el cáncer de mama.

Me vais a disculpar que hable de algo de lo que no tengo ni puta idea, pero conozco a suficientes mujeres que si saben de lo que hablan, de primera o segunda mano, y son ellas quienes reclaman esto.

Porque lo que me pasa a mi, como madre, le pasa a muchísimas mujeres victimas de un cáncer de mama.

Les contamos que son unas luchadoras, que son valientes, que pueden con ello y que si luchan vencerán al cáncer (algo que biológicamente y estadísticamente puede ser falso, por mucho que luchen).

Cuando le diagnostican un cáncer de mama a una mujer, no la convierten en un ser superior, ni le dan superpoderes ni se vuelve infalible.

Cuando a una mujer le diagnostican cáncer de mama, se abre un camino en el cual luchar por su supervivencia se convierte en una prioridad, si.

Pero ellas a veces tampoco pueden con todo, a veces no consiguen vencer al cáncer por mucho que luchen, a veces caen y tienen días en los que lo único que quieren y necesitan es llorar y rendirse.

Son humanas, no son superdenada.

Si les decimos que son unas supermujeres, les estamos responsabilizando de su destino, y si el cáncer puede con ellas, les estamos contando que no lucharon lo suficiente.

Y por desgracia el cáncer no funciona así, no siempre se gana, no siempre se vence.

El cáncer es una maldición, no un nuevo estatus como ser superior.

El cáncer es una mierda, y punto.

Si queréis entender mejor lo que os cuento, y lo que significa, os recomiendo seguir a Eloisa, que aparte de muchas otras cosas que también son importantes, tiene cáncer metastásico.

 

 

 

6 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo con el tema del cáncer. Me chirría absolutamente lo de la lucha y similares proque encuentro que es más bien un factor estresante. En el peor momento de tu vida, ¿tienes que luchar? A ver, que tendrás que esforzarte en lo que sea pero ¿luchar para curarte? Se da por hecho que cumplen ese discurso. Más que lucha yo les diría llora y cabréate todo lo que quieras y necesites y busca el apoyo que consideres para llevarlo lo mejor posible.

    Sobre lo de supermamá y demás… a ver, es que es imposible jajaja. Hay días, pocos, en los que la cosa fluye y otros, muchos, en los que te quieres bajar de la vida. Y ahí vamos. Yo lo que peor llevo no es la casa que parece la guerra ni nada así doméstico, sino los momentos en los que más que educar, deseduco. Pero en fin, eso también hay que asumirlo. Besos, reina.

  2. A veces intentamos animar y ponemos presiones que no son necesarias… Eres humana, como todas y luchas cada día por hacerlo lo mejor posible. Nadie puede pedirte más, y tú misma tampoco.
    Disfruta de este caos que es la vida, todo se acaba un día y solo nos quedará haber sabido vivir con intensidad y sonrisas ♥️

  3. La realidad es que NINGUNA madre llegamos a todo, ni vivimos una maternidad soñada, pero si debo decir algo: somos o tenemos un chip que hace que aunque estemos mal sigamos intentado llegar o hacer lo mejor posible con nuestra vida y hogar. Si fuéramos del común, muy seguramente pasábamos de todo y que todo de nos cayera encima.. para mi todas las madres somos poderosas!!! . Miro atrás mi vida y por cualquier cosa me caía.. ahora no tengo opción si no limpiarme las rodillas y ala!!! A seguir que el día continúa y debo luchar por un ser…
    Hay un motor que nos motiva y también nos descarga , lo importante es no olvidar lo humanas que somos y que siempre.. siempre intentamos hacer lo mejor..

    • Me ha encantado tu comentario Kathe. Lo primero porque sé que eres una mamá tan luchadora.
      Lo hablamos a menudo, a mi el mayor regalo que me ha dado la maternidad, hija aparte, es que no me puedo caer y quedarme en el barro llorando. Me obliga a seguir adelante, a buscar soluciones, a mejorar y a evolucionar. Por ella tengo que ser cada día mejor. Y eso es un regalo inmenso.

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