Médico tomando notas, ponerse el DIU en la seguirdad social
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La odisea de ponerme el DIU en la seguridad social.

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Como os comenté en el post originario, aquí en Andalucía el DIU está financiado por la seguridad social, y no se si por eso, o simplemente porque el sistema sanitario de nuestro hospital funciona así de bien mal, ponerme el DIU fue toda una aventura.

Después de haber dado a luz, y sin que mi médico de familia de la seguridad social me derivase a la revisión ginecológica postparto (que aquí se ve que no se estila), le comenté que quería ponerme el DIU (o hacerme la ligadura de trompas, pero eso no coló) y me solicitó una derivación a ginecología.

One eternity later, por fin la cita para ponerme el DIU en la seguridad social.

El día que tenía cita en el hospital, 3 meses más tarde, yo pensaba que me iban a poner el DIU ese mismo día. Mi doctora me había dicho que después de haber dado a luz, especialmente a una niña tan inmensa, no deberían ponerme pegas… pero que a veces si no era teniendo la regla, no te lo ponían.

Evidentemente, no estaba con la regla, y ni la más remota idea de cuando lo estaría porque para entonces mis reglas seguían siendo un festival de la desorganización. Tenía ciclos de 18 días y ciclos de 34 días. Cuando me iba a venir la regla era un misterio.

Y efectivamente, no me lo pusieron. Me informaron del DIU que me iban a poner (por entonces el Mirena) y me dieron instrucciones en un papel de cuando y donde llamar.

Que empiecen los juegos del DIU.

Así hice yo, el primer día de regla, mes y medio más tarde, llamé al número que venía indicado arriba (el marcado de los dos) y ¡sorpresa! No tenían huecos disponibles hasta 4 días más tarde y ya consideraban que no me lo iban a poder poner… lo sentimos muchacha, hasta el mes (o más) que viene.

Al cabo del mes, otra vez lo mismo, era jueves, y tampoco hubo suerte. Al mes siguiente a este, me tocó llamar 4 veces hasta que me cogieran el teléfono… en verano ya no pasaban consulta, que ya si eso en septiembre.

Todos los meses, me jugaba ponerme el DIU a una sola carta.

Y al igual que en el resto de juegos de azar, salía perdiendo.

Y así, mes tras mes tras mes, mi cabreo aumentaba gradualmente. Después de no llamar un mes porque me había caído de nuevo en viernes, y para qué, al mes siguiente llamé al mismo número que había llamado los 5 meses anteriores y que me dijeran que allí no era, llamar al otro, y que me dijeran que era el uno… (ganas de matar). Una hora de mi vida perdida para que al final me dijeran que no tenían hueco y que siguiera rascando.

Ese día acabé llorando (las hormonas de la regla no ayudaban) y lo mandé todo a la mierda, al menos temporalmente en mi cabeza. Total, para lo que iba a usar el DIU, lo mismo me daba que me lo pusieran que no. Pero bueno, de los juegos del amor después de ser padres os hablaré en otra ocasión.

Pasó un mes más, volví a tener mi regla en un día incierto, y con nula esperanza llamé siendo consciente de que un viernes en mi segundo día de regla, me iba a llevar un no. Tenían un hueco para el martes. Me lo iban a intentar poner.

¡Gracias a todos los dioses! No me aseguraban que me lo fuesen a poner, pero al menos me daban la oportunidad. Colgué tras decirle a la chica que no entendía porque en los últimos 7 meses me habían negado ese mismo procedimiento en iguales o peores circunstancias (menos días de regla).

Por fin me iban a poner el DIU. 8 meses más tarde.

Acudí a la cita, tras volver a obligar a SantoPadre a cogerse la mañana libre para poderse hacer cargo de Intensita mientras yo pasaba a consulta, con pocas o nulas esperanzas de que fuera  a salir de allí con el cacharro de los mil demonios puesto.

Entré a consulta, y el Karma me había pagado el calvario sufrido haciendo que uno de los mejores tocólogos/ginecólogos del hospital, el que me revisó (bien) a mi hija durante el embarazo, tuviera ese día el turno de ginecología.

Con su amabilidad, que le distingue del resto de compañeros (ya tiene delito), me dijo que no me preocupase, que me iba a revisar y sólo entonces veríamos si era posible. Hombre, gracias, alguien que al menos se dignaba a no tratarme como una estadística.

Me pudieron poner el DIU, como me lo podían haber puesto cualquier otro mes.

Efectivamente, como era obvio, dado el cabezón que había dado a luz y mis gigareglas, el cuello del útero estaba en una situación aceptable para ponerme el DIU.

Y así fue como el ginecólogo que me había maravillado en las ecografías de mi hija, me daba una última ecografía, esta vez de un cacharro (que tantas lágrimas me había costado) alojado allí donde un día habitó ella.

Y colorín colorado, ya os contaré como va el periplo de las revisiones del DIU. Porque este buen hombre me derivó a una consulta 3 meses más tarde para cerciorarse de que todo estaba en su sitio… y su compañero, el que me revisó en dicha cita, me dijo que ya si eso me veía la cara a la hora de retirármelo… 5 años más tarde….

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