foto de madre con niña junto a foto de padre con niña, paso de mamitis a papitis
Crianza

Papitis. Yo quiero con papá.

Por

Disclaimer.

Este post está escrito y centrado en la figura masculina, y hablo de papitis porque es como se conforma nuestra familia, pero hasta donde mi conocimiento y mi experiencia de segunda mano me lleva, esto es aplicable a cualquier persona que cumpla la figura de segundo referente de apego. Esto, según la familia, puede variar y es un rol que define cada familia, no que viene definido por tu estatus familiar o tu género.

Sí, ha llegado ese gran momento… mi hija tiene papitis.

Son de esas cosas que al principio nos parece que no van a pasar jamás de los jamases, o al menos en nuestro caso se me hacía imposible de vislumbrar tal acontecimiento.

En cualquier crianza, lo ideal es que el vínculo mamá y bebé se mantenga el mayor tiempo posible intacto, para favorecer la lactancia y la recuperación de ambos. El bebé se tiene que ir acostumbrando al mundo más allá de mamá, pero es algo que no deberíamos apresurar ni forzar cuando aún no están preparados para ello.

Pero claro, según van pasando las semanas, y estas se convierten en meses y más adelante en años, también es cierto que se nos puede llegar a hacer mucha bola que siempre todo sea con mamá.

Porque ya no dependen de nosotros para todo, pero mamá sigue siendo (en muchas ocasiones, no en todas, ojo) la proveedora oficial de todo. Bañarse con mamá, en brazos de mamá, al médico con mamá, dormir con mamá…

Y oye, pues que una también sueña con poder cagar tranquila y dormir una noche sin patadas.

4 años más tarde, papitis.

Y dejadme que os diga, que lo estoy gozando. 

Hemos llegado a ese punto en el que papá ha pasado a ser su figura principal de apoyo, al menos para eventos que no tengan que ver con el dormir.

En esta época de pandemia, en muchas ocasiones solo podemos acudir con ella un único adulto a situaciones como una cita en el dentista.

Pues ella está decidiendo por si sola que todas esas cosas las quiere hacer con papá. Yo quiero con papá, jugar con papá, el baño lo hace papá, al dentista entra papá…

Encantada es poco. Y papá, cuando son cosas que le hacen más gracia que otras, también.

Ser un padre implicado no significa igualdad a la hora de ser elegido.

Porque es cierto que, en la paternidad consciente e implicada, llega un punto en que ellos se pueden llegar a sentir excluidos, porque que por mucho que se ofrecen, los peques dicen “contigo no, bicho”.

En casa ese rechazo no siempre ha sido fácil de gestionar, todos tenemos nuestros días, y a veces te pilla tan torcido que acabas diciendo: “claro, es que papá es el malo.” A pesar de que ellos saben que no es así.

Papa sosteniendo a bebé, fomentar el vínculo

Es comprensible que cuando ya ha pasado esa primera época en la que todos (los padres conscientes e informados) saben que el bebé necesita sólo a mamá y nada más que a mamá, que ellos sigan sin ser elegidos, es como que te quedes el último para formar equipo de fútbol.

Hace pupita.

Pero ahí es cuando hay que pararse a ser conscientes de que el vínculo papá e hijo, es algo que se tiene que trabajar de manera consciente y constante, porque hay mucho camino que “recuperar” para ponerse al nivel de mamá. Y que las cosas no se pueden forzar y los ritmos de un niño son algo que definen ellos, no nosotros.

La mamitis tiene un porqué.

La mamitis, esa que tanta gente denosta sin parase a pensar un segundo en las implicaciones de ello, tiene una razón biológica y todo-lógica de existir.

Nuestros hijos son unos seres vivos que han crecido DENTRO nuestra. Si ser uno durante 9 meses no forja un vínculo, ¿qué lo hace?

Pero además como especie altricial que somos, nacemos con la necesidad biológica de estar cerca de mamá a todas horas, para sobrevivir como especie e individuos.

Necesitamos alimento, calor y protección, y donde si no buscarla que en ese ser humano que ha sido nuestro hogar durante casi un año y que conocemos tanto como a nosotros mismos. Yo, como adulta, tengo claro que prefiero confiar en alguien que conozco y que ha sido refugio, que en desconocidos totales.

Y por desgracia, mientras van construyendo ese vínculo, los papás empiezan siendo unos desconocidos. Lo son algo menos si durante el embarazo han trabajado ese vínculo con la tripa, ya que reconocerán la voz de papá. Pero a todo lo demás se tienen que acostumbrar.

La papitis también llega.

Si los papás trabajan de manera consciente ese vínculo, y son uno más en la crianza, llegará el día en que se sientan libres de elegir a un progenitor u otro sin ver diferencias algunas.

Pero para eso, como dice Nacho Caballero en su libro Equipo y Pareja, hay que ser equipo, hay que estar ahí y no pretender escaquearte de lo que no mola (rabietas, limpiar culos, jugar por las tardes).

Papa y niña sonriendo, vinculo entre padre e hijos

Está claro que, si eres un padre ausente, que sólo se dedica a proveer el dinero, y que apenas comparte unos minutos al día con sus hijos, es posible que esto de la papitis nunca llegue a tu puerta.

Y es algo, que, si bien sobre papel quizás pinte bonito porque te libras de los momentos garrapata y los momentos koala, lo cierto es que este vínculo es importante.

Que hacer ahora, que sólo quiere con papá. (A veces)

Pues gozarlo.

Entender que no nos ha dejado de querer a nosotras, sino que ahora necesita explorar el mundo más allá, y confiar en otras personas como principal apoyo.

Echarte un café y leer un libro. Ducharte con todos los extras. Ir al baño tranquila. Hacer ejercicio. Cuidarte.

Si tus hijos tienen papitis, disfruta y date un baño

Mirar desde una esquinita como ese vínculo se forja, como interactúan, como se demuestra el amor sin decir una sola palabra (que no tenga que ver con la “película” de la Patrulla canina que están montando).

Y apoyar a nuestra pareja, si a ellos también a ratos se les empieza a hacer bola (os podéis guardar los comentarios sarcásticos y las pullas, no molan. )

Y si aún no estamos en esa fase, ¿Qué?

Pues paciencia.

Entender los ritmos de nuestros hijos es vital. Acostumbrarlos, desde el respeto, pero respetando también nuestras propias circunstancias. No acostumbrarlos a dormir solos, a no recibir apoyo y apego cuando lo necesitan, sino a que a veces ese apoyo no se lo podremos ofrecer nosotras en ese momento y tendrá que hacerlo papá.

Respirar, profundamente, y recordar que todo pasa y todo llega.

Revisar nuestra dinámica familiar, y ver si papá está todo lo implicado que ambos queréis que esté y que vuestros hijos necesitan.

Alentar (que no exigir ni forzar) a que ellos se apoyen en papá si así lo desean, respetando que la respuesta sea negativa.

Y disfrutar.

Porque es maravilloso poderse dar un baño relajante, porque papá ha sido el elegido para acompañarles al pediatra o a una fiesta de cumpleaños, pero también un poquito nos picará ese rechazo y esa “falta de protagonismo”. Así que cuando se nos haga bola la mamitis, no está de más recordar que pasará. Que tenemos derecho a sentirnos abrumadas y sobrepasadas por la situación, pero que algún día desaparecerá… para bien y para mal.

¿En vuestra casa ha llegado ya la papitis?


Si te gusta lo que lees en este blog, puedes suscribirte a la derecha, y estaré encantada de leerte en los comentarios.


También te puede interesar:

Comentarios (4)
  1. Yas, aquí la papitis llegó sobre los 3 años con la mayor y ahora, con 4, le está llegando al segundo. Y yo que disfruto de verlo y de la mamitis del 3o 😁
    Abrazos, familia.

    Responder
    • En el caso de las multimadres, a ratos no te dará ni tiempo de llorar o disfrutar la papitis, porque tienes las manos llenas xD

      Responder
  2. Eli Soler 1 mes hace

    Mi hija está igual, in love con el padre ahora , y produce un sentimiento ambivalente 😅

    Responder

Me encantaría conocer tu opinión!

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: