regalos delante del árbol, niños que se portan bien y reciben muchos regalos de Papa Noel y Los Reyes Magos
Reflexiones

Portarse bien y recibir muchos regalos en navidad…

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El problema con relacionar el resultado del paso de Papá Noel por casa con el comportamiento de los niños.

Photo by Lore Schodts on Unsplash

Cerebro frito, encefalograma plano.
Así me hallo estos días, no sólo por el estrés laboral, sino por la vuelta a esa maravillosa época del año. La de las amenazas y chantajes por regalos navideños… hace unos días, tras ver unos stories en Instagram a este respecto, me he tenido que pronunciar.

¡Si te portas bien, los Reyes magos te traerán muchos regalos! ¡Si no te portas bien, Papá Noel no te va a traer regalos!

Parece muy inocente, esta frase, y confío en dicha inocencia cuando sale de las bocas de los mayores… pero, ¿te has planteado alguna vez lo dañino que es relacionar la cantidad y/o valor económico de los regalos que han traído los Reyes Magos, con su comportamiento, si se han portado bien o mal o valía personal?

Por hoy no voy a entrar en el inmenso debate que plantea la cuestión de “portarse bien”, que a mi parecer en la mayoría de ocasiones lo que está demostrando es una carencia total de comprensión del funcionamiento de la etapa infantil y una falta de recursos de gestión emocional por parte de los adultos que la utilizan.

Vamos, que la mayoría de veces que un adulto usa dicha frase, no deja de ser un chantaje velado para que el niño en cuestión haga aquello que el adulto quiere, más a menudo que no, en contra de las necesidades y capacidades del niño.

Pero insisto, ese debate para otro momento, porque es largo y virulento.
Ya no os digo, el de lanzar falsas amenazas y/o promesas que luego no cumplimos, que no sólo dañan a corto, si no a largo plazo.

¡Qué bien te habrás portado!

Hoy me quiero centrar, como os decía, en lo dañina que puede ser la frase que relaciona portarse bien con la cantidad de regalos que han traído los Reyes, Papá Noél o incluso que, por su cumpleaños u otra ocasión les han regalado.

Porque… ¿Qué ocurre con aquellos niños que van a recibir pocos o nulos regalos?

El perjurio de hablar desde el privilegio.

Todo esto que os voy a reflexionar hoy, lo hago siendo muy consciente de que somos personas (yo, la que te escribe, y mi familia) afortunadas en este mundo que vivimos.
Y que, si bien no vivimos rodeados de lujo, ni muchísimo menos, y para los trabajos que tenemos en el país en el que vivimos, encajamos más bien en la parte baja y mal pagada de nuestra escala económica, tener dinero para poder comprar buenos regalos no deja de ser un privilegio.

Claro que hay gente que vive mejor que nosotros, ya no gente rica, sino familias cercanas con acceso a mayores recursos que nosotros. Y al mismo tiempo, formamos parte de esa privilegiada minoría que puede vivir tranquila a nivel económico, y bajo cuyo árbol aparecen suficientes regalos, de cuantías importantes (vamos, de más de 20 euros) en estas épocas navideñas.

La realidad es que no en todos los hogares esto es así, y no hace falta salir del país para ello. Muy seguramente, en tu entorno más cercano, en la cola del cole o en el parque, haya niños que no tienen dichos privilegios y en cuyos árboles habrán muchos menos regalos, mucho más económicos, sino es que son de segunda mano o si es que acaso los hay.

Da igual como te portes, que si eres pobre, «eres malo».

Esos niños, que no tienen culpa alguna de la situación económica de su núcleo familiar, no sólo han de ver como otros niños tienen más regalos que ellos, en una sociedad que valora activamente el tener por tener (de esto, también, la reflexión otro día), sino que además se les acusa implícitamente de ello.

Es cruel, a más no poder.

Quiero creer que todos esos adultos que alguna vez han dicho semejantes frases, como «si te portas bien te traerán muchos regalos los Reyes magos», tienen la inmensa fortuna de no ser los padres o familiares de esos niños que a la vuelta al cole no tendrán mucho que contar acerca de lo que había bajo su árbol.

Me duele mucho pensar en la falta de empatía y consideración que esto supone. Que sí, que son frases hechas, populares, que se han extendido sin que pensemos al respecto del daño que infligen… pero oye, que somos humanos con capacidad de pensar, de analizar nuestro comportamiento y corregir aquello que no es correcto, por común y popular que sea.

Que hagamos las cosas sin intención de dañar, no nos libra ni exime de la responsabilidad de que en realidad nuestros actos sean dañinos para otras personas.

Las navidades no son bonitas y justas para todos.

Y sí, me pica porque yo lo he vivido, y sé el dolor que supone, a niños que se esfuerzan igual que cualquier otro, y por la situación económica no han recibido más. Ver que has recibido (muchos) menos regalos que tus compañeros, que igual son menos responsables y respetuosos que tu, y que además se diga que es tu culpa y te lo tienes merecido, cuando no tiene nada que ver… todo mal.

Vale, vale, ya me has dicho lo mal que lo estoy haciendo, pero… ¿Cómo lo puedo hacer diferente?

Una posible solución al respecto.

En un directo en Instagram, hace unos días, reflexionaba sobre como intento abordar yo este tema en familia, y cambiar esta dialéctica tan dañina para tantos niños de nuestro entorno.

En casa partimos de la base que estamos intentando abonar el camino para que cuando surja la conversación acerca de las identidades de sus majestades, podamos acogernos a una narrativa que siempre ha incluido nuestra implicación. Así, cuando se descubra el pastel, podamos explicar el pequeño engaño del que participamos, pero del que siempre dejamos miguitas de la verdad, en aras de la fantasía y la emoción.

En casa siempre hemos dicho que tenemos contacto con Papa Noél y los Reyes Magos, que les ayudamos, y hemos dejado sin responder preguntas acerca de su identidad, procedencia y localización. Y el día de mañana, desvelaremos que en realidad, los Reyes Magos y Papá Noel, éramos nosotros, encarnados en una figura imaginaria que nos ayudaba a potenciar la sensación de magia de estas fiestas.

Y, con respecto al tema de hoy, además, le decimos todo lo a menudo que podemos, cuando sale a colación el tema económico alrededor de algún juguete que pueda querer tener, que el presupuesto de Papá Noel y los Reyes Magos sale de casa.

Es la familia la que paga los regalos.

El cómo se gestiona tal cosa, cómo los papás mandamos el dinero a los seres mágicos, es un tema que aún no ha surgido, y que ya veremos como abordar.

Pero mientras, quiero creer que estamos haciendo lo posible para hacerle entender que somos afortunados, y que los regalos que llegan a casa son fruto del esfuerzo de toda la familia y nuestro posible lugar privilegiado en este mundo.
Que el dinero, los juguetes y los regalos no aparecen de la nada, que todo tiene un coste y supone un esfuerzo, y que no todo el mundo puede (o quiere) hacer dicho desembolso a cambio de regalos.

Un tema que da para debatir largo y tendido.

Puede que no todos estéis de acuerdo con esto, para nosotros es la manera más respetuosa de abordar el tema de la cantidad de regalos, de porqué somos más (o menos) afortunados que otros niños, y porqué no todo puede ser.

Porque, de qué otra manera, lógica y empática, que no suponga una disonancia cognitiva, podemos explicar a los niños las enormes desigualdades en estas fiestas, si en teoría, son los mismos “entes” los que traen los regalos para todos.

Me encantaría saber cómo abordáis vosotros en casa este tema, si os ha hecho reflexionar, y qué otras maneras tenéis de gestionar los temas relacionados con los personajes fantasiosos de la infancia, como son el Ratoncito Pérez y/o el Hada de los dientes.


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