Postparto y otras historias de terror, mujer delante de ventana en entorno terrorífico
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Postparto y otras historias de terror

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Para estos días tenía otro post en la recámara que iba a lanzar, pero he caído en que era Halloween ya mismo y he pensado que mejor os dejaba una historia de terror, así que nada mejor que hablaros de mi postparto.

Porque sí, porque escribir de ello me ayuda a procesar, porque poco se habla de los malos momentos, y porque dicen que la información es poder.

Eso sí, si estás a punto de dar a luz, o aún estás en el hospital recién parida, la información mejor para otro parto. Lo que voy a contar, junto con las hormonas, pueden no ser lo mejor.

Este fue mi postparto.

Y este es mi disclaimer.

Que mi/nuestro postparto fuese horrible es únicamente fruto de nuestra situación, nuestras circunstancias y si, del sistema que funciona como funciona y eso si es algo común.

Lo que vengo a decir, es que esto no es lo que necesariamente tiene que pasar, entre otras cosas porque si estás leyendo esto, quizás puedas resolver de antemano algunas situaciones o puedas preparar una batería de recursos y ayuda externa para no pasar por ellos.

Pero creo firmemente en que la información es poder, y que contar mi postparto ayuda a desmitificar un poquito esa etapa que llega en el momento del expulsivo, que no es tan rosa, pero quizás tampoco para todas es mi relato de terror.

El hospital, epicentro del postparto y el inicio de esta historia de terror.

En el pasado os hablé de mi parto, no recuerdo bien en que tono, pero así a modo de resumen y con perspectiva, os diré que fue mucho más instrumentalizado y traumático de lo que sentí en ese momento y de lo que me hubiese gustado.

Me hice pequeñita, como en tantas situaciones desconocidas, y el resto de fallos del sistema, acabaron haciendo de aquella vivencia, una no especialmente deseable, ni para el momento ni de cara la postparto inmediato. Tampoco terrorífica, no nos vamos a engañar. Conozco casos peores. (Que triste, ¿no? Relativizar nuestro trauma porque hay quien casi se muere o va a necesitar una reconstrucción genital… así nos va).

Pero asusta que lo común sea vivir episiotomías, roturas de bolsa, que se priorice el protocolo (antes del covid, ahora no quiero ni saberlo) por encima de la humanidad y la naturaleza de un parto fisiológico… En fin.

Cúmulo de despropósitos. Y eso que el trato fue bueno… No quiero imaginarme un parto con violencia obstétrica verbal.

Que yo pensara que el postparto era algo sencillo, que se pasaba sin más, tampoco ayuda en esta historia de terror.

Ves a todas esas mujeres, radiantes, maquilladas, con color (con maquillaje) salir felices del hospital, y piensas que esto (del parir) es como ir a quitarte un lunar, y listo.

Y así te encuentras desmayada en el suelo del baño, porque fuiste sola a hacer pipí, y no eras consciente de tus limitaciones. Que sí, que las enfermeras te avisaron, pero tampoco fueron claras, en un momento en el que ambos estabais en shock.

Todo el mundo te trata como si hubieses sido enfermero residente durante 3 años en planta, sin tener en cuenta que a lo mejor ni siquiera has estado hospitalizada jamás en tu vida.
Y claro, a mi me dicen que tengo que hacer pipí en la cuña, y la dejan en el baño… pues yo me voy al baño, a hacer pipí en la cuña. Sola, porque papá tiene a la peque. ERROR.

Ahí es cuando te bajas del guindo, te infantilizan un poquito más y te das cuenta de que esto no es tan sencillo y rosa como lo pintaban en Instagram.

Es rojo, y complicado.

Si has perdido mucha sangre, y te han chutado más cosas de las que anticipadas, además es una tarea que no puedes hacer sola.

Y allí estaba yo, recordando postpartos de revista, con una compresa más grande que mis bolsos de diario, acompañada del brazo, y teniendo que comer gominolas mientras hacía pipí, para no marearme. Ole el plantel.

Si esto no es una historia de terror, si el postparto no debe ser el monstruo más temible de Halloween, yo no sé.

El trauma de pasar de protagonista a tramoyista.

Que lo malo no es que dejes de ser el foco de atención y todo el mundo esté más pendiente de lo bonita que ha salido tu criatura, o de si tiene todos los dedos de las manos y de los pies…

Que el foco de la felicidad no ibas a ser tú y sino el contenido de esa barriga pegada a tu cuerpo, era algo que ya te veías venir cuando tu regalo de navidad, fueron patucos. Gracias. #no

Aunque esto también sería digno merecedor de atención. Psicológica.

Lo malo es que también desapareces para el sistema sanitario, y allí donde había tantas visitas de control del embarazo, incluso demasiada de control de la tensión, te encuentras con que ahora sólo eres transportista a las tantísimas (y si, necesarias) visitas al pediatra.

Pero nadie se acuerda de ti. Nadie se acuerda de que te llenaron el cuerpo de drogas, que perdiste mucha sangre, que te cortaron tus genitales y que tienes 12 puntos que nadie más que tu ha visto (lol, no, hasta pasado un año no tuve el valor de mirar allí).

La mayor historia de terror durante el postparto es que el disfraz de moda es el de fantasma o espíritu. Que es el que se te queda entre la mezcla del blanco anémico y el hecho de que has dejado de existir como persona necesitada de cuidados.

Te dicen que no vas a dormir y que vas a estar cansada.

Pero no te imaginas que vaya a ser tan literal. No te imaginas que puedas llegar a una deprivación de sueño digno de Guantánamo. Tampoco todas vais a tener un bebé con dificultades en la lactancia.

Pero cuando la suegra os diga que vais a estar cansadas, haced caso, que es la realidad de la mayoría de postparto.

Durante esa época, las visitas que no vengan a limpiar, poner lavadoras o traer tuppers, y sólo vengan con la idea de recibir un café con pastas y poder coger al bebé cual token a pasarse, mejor que se queden en la puerta.

Así que si acabáis con la familia en casa y no queréis que el postparto sea una historia completa de terror, aprovechad las visitas para que os echen un cable y puedas estar con tu bebé en brazos (o ducharte, o irte a mear) tranquila, sabiendo que la casa está fregada y tu pareja y tu podéis haceros un ovillito los 3 (4, 5, 6…) juntos en el sofá.

Puede que la nube de felicidad tarde en llegar.

Si no sientes un amor y una conexión inmediata con tu bebé en el postparto, no eres peor madre. Ni estás loca.

Tenemos ese concepto tan rosa de la maternidad inmediata, de ese amor que todo lo copa y todo lo tapa, de esa conexión instantánea… y puede que no siempre sea así…

A veces las circunstancias no ayudan, a veces el embarazo ha sido complicado, el parto no era lo que esperábamos, y hay dificultades en la crianza y la lactancia. A veces las hormonas nos sobrepasan y a veces tu vida cambia tantísimo que es difícil ajustarse.

Es lógico que, en estas circunstancias, nos cueste encontrar esa conexión mágica y ese amor.

Pero claro, si todo lo que hemos visto, leído y escuchado es que ser madre es lo más mejor del mundo, que vives en una nube y que todo son arcoíris y pedos de unicornio, cuando te miras en el espejo, cansada, sucia, privada de descanso y perdida, te sientes un fracaso absoluto.

Cuánto me habría ayudado ir a más sesiones del grupo de apoyo a la lactancia antes de dar a luz, y cuánto necesitaba escuchar otras historias, menos bonitas que las de índole Pinterest que abundan en redes sociales.

La maternidad puede ser terrorífica, pero también preciosa.

E incluso en los postpartos más duros, hay luz al final del túnel y hay atisbos de magia.

Hay momentos en los que te quedas prendada de ese pequeño ser que aún no comprendes como pudo aparecer en tu barriga y crecer allí, y que aún no hilas como algo tan grande ha salido de tu cuerpo sin necesidad de una raja (mayor).

La maternidad asusta, igual que asusta la vida, porque supone enfrentarse a muchos retos nuevos, todo a la vez, y sin ninguna experiencia (real) previa. Pero sabiendo que lo que viene es complejo a la par que bonito, y no sólo Mr.Wonderful, seremos capaces de buscar las herramientas y la ayuda necesaria para llevarlo lo mejor posible.

Las historias de terror te dan perspectiva, te ayudan a comprender la realidad de un postparto.

Porque las fotos editadas y preparadas del Hola y del Instagram son preciosas performances del plano de la fantasía (como diría mi amiga Sara), pero incluso a pesar de las operaciones estéticas intraparto, de las sesiones de maquillaje y peluquería que eclipsan el momento necesario de unión entre madre y bebé, las “famosas” también sangran.

Tu no vas a tener de vuelta tu cuerpo en 4 semanas, porque eso solo se consigue bisturí mediante, y externalizando los cuidados de tu recién nacido.

Vas a salir del hospital embarazada de nuevo, y vas a tardar meses, sino años, o quizás siglos, en volver a lo que tuviste… con suerte. Porque la mayoría, nunca jamás recuperaremos el cuerpo que teníamos cuando nosotras éramos la única prioridad.

¿Y sabéis qué? Que está bien, y que no eres menos madre y menos mujer por ello.

Por hoy concluyo mi relato de terror, pero me encantaría conocer el vuestro, y que otras madres puedan ir ampliando su perspectiva y enriquecerse con la variedad de diferentes postpartos vividos.


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