Oscuridad y una pequeña ventana, regresiones y agotamiento durante el covid19
Conciliando Maternidad Reflexiones

Regresiones y agotamiento.

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La cara oscura de este confinamiento.

Hace unos días tenía una conversación por audios de Telegram con una amiga empezaba con un “No sé qué me pasa” … pero en el fondo si sabía lo que me pasaba. Mi amiga también sabía lo que le pasaba a ella.

Recuerdo cuando todo esto empezó, que todos nos vinimos arriba. Todo iba a salir bien, íbamos a tomarnos la cuarentena con mucho ánimo, y nos llenamos de esperanza, a pesar de los avisos de los psicólogos.

Por entonces teníamos poca idea de lo que un hecho de esta magnitud suponía para un humano común, y nos creímos la fantasía autogenerada de que iban a ser un par de semanas.

Esto no es un simulacro.

No, no fueron 2 semanas. Fue una cuarentena en toda regla. 40 días encerrados, que no acabaron ahí, con todos sus días y noches.

Yo lo viví todo como un extraño sueño. Casualidades de la vida o pruebas del destino, según en qué creas, a mi todo esto me pilló en una buena/mala situación laboral.
El mayor trabajo hasta la fecha que había entrado en mi humilde estudio, tan grande como 2 veces el anterior más voluminoso, y estaba sobre la mesa de mi despacho (junto con otros dos más corrientes) el día que el mundo se paró.

Y allí me encontraba yo, con SantoPadre yendo a trabajar y volviendo cubierto de medidas preventivas y un temor silencioso a aquel enemigo invisible.

Con el mayor reto de mi vida laboral… y con una niña de 3 años (que demanda, cual niña de 3 años) en casa 24 horas, haciendo de maestra en el hogar que es precisamente aquello que la vida ya me había enseñado que no podía ser, habiendo perdido todo mi sistema de soporte mental. Y con un fantasma pasado al que no quería volver a ver.

Cuando crees que me ves, cruzo la pared.

Hago chas, y todo se va al garete. Justo cuando estaba encontrando paz conmigo misma, justo cuando parecía que la vida nos sonreía… un nuevo reto en esta vida.

De nuevo el caos, el estrés extremo, el agotamiento de noches cortas e inquietas, la incertidumbre constante, la falta de apoyo, la ausencia del autocuidado, la inexistencia del tiempo en pareja, y lo peor…

Aquella madre que no quería ser.

Aquella que por fin fui capaz de ver, de visualizar, cuando llevaba apenas 2 años en el cargo, que me juré que no volvería a ser, que tanto trabajé en reconducir… allí estaba de nuevo. Frente a mí, en aquel espejo que era la vida.

No sé qué es lo que me pasa.

No. Sí que lo sé.

Esta soy yo en mi peor versión, esta soy yo en plena regresión.

Esto es lo que pasa cuando todo aquello que te permite ser buena madre, se queda al otro lado de la puerta, con el resto del mundo.

Regresión.

Y justo de esto, hablaba con mi querida amiga, que como viene siendo lógico, está pasando por lo mismo que yo… al igual que el resto de las amigas del grupo, en mayor o menor medida.

Mi situación personal y particular, tampoco ayuda, y como broma macabra del universo o ironía divina del destino, mi pasado, aquel que precisamente me había impedido ser la madre que quería ser, volvía a mi como un mazo.

Se plantaba en mi puerta, y no dejaba de llamar, a pesar de que pidiera que no lo hicieran. Pero la vida es así. Tu no eliges tu ascendencia, tu no eliges de donde vienes o como te has criado. Y puedes controlar como lo gestionas, y apoyarte en tu red de seguridad… pero si esto llega un momento como el presente, es como un huracán en plena inundación. Es aquello que faltaba para acabar de derrotarte.

La venda y la tribu.

 Por suerte tengo gente que me comprende a través de las redes, tengo hombros virtuales en los que llorar.

Además, la vida… ay si algo me ha enseñado la vida, es a enfrentarme a retos y dificultades, y ser cada día un poco más resiliente.

Y finalmente, la venda, aquella que precisamente algunos han intentado quitar, por si no fuera suficiente el daño que han hecho en su vida. Esa venda me está ayudando a soportar todo esto con un mínimo de dignidad. Cerrar los ojos cada vez que Twitter enfurece, avivando el odio de las masas y clamando horcas y hogueras, e Instagram es un metameme, con gente publicando su falta de concienciación y civismo, con orgullo y alevosía. Eso es lo que me ha salvado de la locura.

Te abrazo amiga o amigo.

No estás solo.

Eso que estás sufriendo, se llama regresión.

Es lo que pasa cuando toda aquella vida que habíamos creado para ayudarnos a ser felices deja de estar a nuestra disposición.

La buena noticia es que, igual que construimos aquella red de seguridad, podemos construir una nueva, podemos volver a encontrar la manera de funcionar. La mala, es que puede que hagan falta unas cuantas cuarentenas, y de nuevo algo de ayuda profesional, para averiguar cuál.


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