Mujer triste, poner la salud mental como una prioridad
Maternidad Reflexiones

La salud mental como prioridad.

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Poco a poco estoy intentando retomar el blog después de estar tan ausente y os voy a hablar de precisamente aquello que me ha alejado un poco de aquí,  que es la salud mental, prioridad absoluta en este año tan complicado.

Os hablaré de detonantes, de ausencia de cuidados, del difícil equilibrio necesario para mantener la salud mental y de cómo ésta se ha convertido en una prioridad absoluta y necesaria.

Dónde estaba mi salud mental en 2019.

Pero empecemos por el principio. Siempre me ha costado cuidarme, y mi salud mental ha sido una asignatura pendiente toda mi vida.

Hace justo un año, no sólo no conseguía remontar, sino que iba cada vez más hacia un pozo oscuro y profundo. Como siempre, incapaz de ponerme como prioridad, mi salida fue acudir a un taller de disciplina positiva.

Si no estamos bien, no podemos criar bien, y todo mi malestar estaba siendo muy evidente en los resultados de nuestra dinámica familiar.

Así que la solución era atajar y solucionar el síntoma (en vez de el problema), por tanto, centrarme en la familia en vez de a mi.
No lo llamaré error porque al final nos ha llevado al punto importante.
De hecho quizás de no haber sido por aquella decisión, hoy no estaría en este punto.

Fue en aquel taller intenso, que me sacó de muchas zonas de confort, donde por primera vez hizo click una idea que me negaba a aceptar. Necesitaba terapia.

A veces necesitamos ayuda para cuidar nuestra salud mental.

Siempre he sido Juan Palomo, y me he solucionado yo sola mi mierda. En parte porque invertir en salud mental no era algo a mi alcance  por razones económicas y por no ser capaz de considerarmelo una prioridad.

Pero en aquel taller, viéndome reflejada en otras madres que tanto estaban sufriendo, por fin acaricié el fondo.

No podía seguir así. No podía seguir ignorándome.

Y así fue como empecé en terapia. Con alguien conocido, y de confianza, poniendo más dinero del que me consideraba digna. Luchando contra mis demonios.

Empecé a trabajar aún más mi parte emocional, y empecé a tomarme muy en serio las “tareas” de mi terapeuta, entre ellas la de obligarme a hacer deporte, fuera de casa.

Todo iba genial, había conseguido encontrar la estabilidad, pero…

Todo estaba genial, pero no siempre eso significa que estas “curado” para siempre, porque la salud mental no es algo que adquieres para siempre. Es como la vida misma, es cambiante, depende de lo que te cuides y lo que trabajes aquello que la mantiene en equilibrio.

Así que ahí nos encontrábamos, un 13 de marzo, cuando todo se fue al garete.

Pandemia mundial. Confinamiento.

En el peor de los peores momentos.

Cuando ya había empezado a saltarme los puntos de mi equilibrio emocional y mental, cuando estaba cruzando líneas rojas para mi salud mental, y todo tenía mayor prioridad que mi misma.

La vida, además, no me lo puso fácil. Muchos “conflictos” emocionales, que son los que más me alteran, y la vuelta a una conciliación imposible de crianza y trabajo, de nuevo la deprivación de sueño y todo lo demás, fueron el coctel perfecto para acabar en un agujero aún peor del que vivía en noviembre.

Por suerte, tras varios meses de agonizar, para cumplir fechas de entrega de trabajos importantes y encarrilar proyectos que quizás no llegaban en el mejor de los momentos… volví a coger las riendas de mi salud mental, volví a poner ese equilibrio como prioridad, y voy encarando una conciliación emocional, muy necesaria.

Mis claves para cuidar la salud mental.

Ojo, que yo no soy profesional ni nada que se le parezca. Estos puntos son un mero escaparate de mi amimefuncionismo y pretenden ser inspiración. Lo primero de lo primero, es que si cambiando pequeñas cosas que no os encajan la cosa no mejora, que busquéis siempre ayuda profesional de personal cualificado.

Ponte a ti, y a tu salud mental, como una prioridad.

Esto, que una vez que lo cumples es como la obviedad más grande del reino, a veces es un primer paso casi imposible de dar. Si sois como yo, cualquier chorrada es una prioridad antes que tú, y el hecho de invertir en ti mismo, no es algo sencillo de llevar a cabo.

Hasta que no haga click en tu cabeza que para que todo vaya bien, tu tienes que estar bien, salir de esa espiral va a ser muy difícil. Puedes leerlo y escucharlo mil veces, que hasta que no lo integres, es muy probable que vayas diciendo, si, si, y luego nunca lo hagas.

Si tu no te cuidas, no puedes cuidar (bien).

Haz ejercicio, y come mejor.

Hacer ejercicio te hace liberar endorfinas, te ayuda a tener mejor salud y menos molestias, y en mi caso me ayuda a callar mi mente durante esas 2 horas semanales.

Buscad un deporte que os suponga un reto, pero no inalcanzable, a ser posible que no requiera de mucha inversión (para que eso no suponga una excusa para no empezar), y que os guste.

En mi caso, Pilates (que ya había probado durante el embarazo), fue y sigue siendo la solución perfecta.
No suelto los higadillos en clase, que es algo que me supera, pero es lo suficientemente exigente como para que no me de tiempo a pensar en nada más que en concentrarme en mantener la respiración, meter ombligo, que si pierna para allí, que si mantén el ritmo del movimiento…
Vamos, que no me da tiempo a darle al runrún de la cabeza, y mira, si al menos 2 horas a la semana tengo la cabeza en un buen lugar, eso que me he llevado.

No faltar a una cita con pilates es una prioridad en mi cuidado de la salud mental. Mujer en ropa deportiva.

Y encima muevo el esqueleto y reparo el daño de cargar de vez en cuando con una hija que es demasiado grande para su edad (y estado emocional) y de un trabajo muy sedentario.

Menos es más.

En el mundo ajetreado que vivimos, nos faltan horas para hacer todo aquello que (creemos que) es nuestra obligación, y atender a todas las áreas de nuestra vida.

Por desgracia, a todo no se llega, y tenemos tantas obligaciones laborales, sociales y mentales, que es imposible en muchas ocasiones, tener el sosiego y la calma necesarias para vivir en equilibrio.

Hacer menos es algo que me ha costado mucho, porque supone retar a mi creencia limitante de que soy menos que nadie y necesito hacer más que nadie para tener valor.
Reconocer que valgo por ser, no por hacer, y permitirme hacer menos, no ha sido un reto sencillo, pero sí uno muy necesario.

Además, uno se acostumbra a dejarse llevar por la intensidad de tantos quehaceres y se acomoda en el placer de no tener que lidiar con esos sentimientos y pensamientos que nos generan malestar. Cuanto más hago, menos pienso… y eso es fórmula para el desastre.

Aprende a decir que no.

A todo. A todo lo que sobra y que no te aporta en positivo.

Es totalmente lícito, aunque muchas seamos incapaces de concedernos esto, decir que no, no estar disponible para todos (incluídos nuestros hijos) las 24 horas del día.

Tienes derecho a tener tu tiempo libre y no atender a tu prole. O a tus clientes. A tus amigos. Y al resto.

Tienes derecho a no estar disponible para todo el mundo y asumir todas las obligaciones. A huir de relaciones y situaciones tóxicas. A decir, ahora no estoy.

Tienes derecho a decir, este proyecto o tal trabajo ahora mismo no es el adecuado para mi, no viene en buen momento, no puedo aceptarlo.

Todo esto, especialmente para quienes sufrimos una autoestima baja que depende en gran parte de la aprobación externa, y que hemos crecido asumiendo que nuestra valía es acorde al esfuerzo que hagamos por y para los demás, es un reto más complicado de lo que parece. Y, por tanto, una prioridad absoluta para cuidar nuestra salud mental.

Aprende a delegar.

Pues eso, que, para muchas, parece que, si no somos superwomans, no somos buenas madres, ni buenas parejas, ni buenas amigas… Y más bien todo lo contrario. Si no nos cuidamos nosotras, si no nos ponemos como prioridad, si no buscamos el equilibrio necesario para tener un buen estado de salud mental, acabaremos siendo un Gremlin con el que nadie quiere estar.

Hacer equipo, tanto dentro como fuera de casa, aprender a saber cuando es mejor tomar un rol secundario o pasivo en un entorno, también es un arte necesario de practicar.

Pon el foco en ti misma.

Esta obviedad como un castillo, puede que hoy en día sea la que más complicada nos ponen de asumir. Las redes sociales, en las que “vivimos” la mayoría, están diseñadas para enseñarnos aquello que no tenemos, lo que anhelamos y lo que no somos (ni podemos ser).

Es importante recordar no compararse, dar valor a lo propio antes que a lo ajeno, recordar que lo que para nosotros es valioso puede que para el resto no (y viceversa)… girar el foco de atención hacia nosotras, para valorar lo que tenemos, analizar qué está fallando y conectar con nosotras mismas, es un acto cada vez más necesario y menos practicado.

Menos sonreír para la foto y más sonreír a la vida y a la gente.

Esta frase que le vi a Ni Rosa ni Azul, que la había pescado de internet, se puede interpretar de muchas maneras, pero yo os quiero dejar 2 conceptos.

El primero es que no caigamos en el error de mostrar una imagen positiva de “cara a la galería” y luego nuestra vida sea todo lo contrario, porque estamos intentando engañar a todo el mundo, los primeros nosotros, y así no es como vamos a conseguir ser felices.
Por mucho que nos digamos frases inspiradoras, y pensemos en positivo, si no trabajamos aquello que nos impide estar equilibrado, lo único que conseguiremos es parecer devotos de una secta Mr Wonderful. Y eludir el verdadero origen de nuestro malestar.

Y lo segundo es que, en esta carrera por ser y estar felices más tiempo, más que nadie, al menos de cara a la palestra, a muchos (a mi la primera) se nos ha olvidado que la felicidad ni es un estado permanente ni es un sentimiento explosivo.
Claro que existen esos momentos puntuales de felicidad embriagadora, pero no es algo que se mantenga en el tiempo. La felicidad es algo calmado, no son grandes eventos, ni es un sentimiento abrumador constante.

Las redes nos han llevado a creer que esos momentos álgidos, que todos compartimos como trofeos, son una realidad constante, y no son más que una instantánea de un momento, demasiado a menudo maquillada y exacerbada.

Aprender a ver la felicidad por lo que es, por los pequeños instantes, por la cotidianeidad, por el agradecimiento a lo que tenemos y a lo que podemos alcanzar… centrarnos en ser antes que en tener.

Todo esto es vital, en la sociedad de hoy en día, para encontrar un equilibrio en nuestra salud mental, que es algo que a menudo ignoramos, cuando deberíamos tratar como una prioridad.

Saber cuando irse… y cuando volver.

Y hasta aquí este inmenso post, que pretendía que fuesen 3 pinceladas rápidas, un post de estos de puntos sencillitos de leer… pero se nota que echaba de menos esto.

Saber parar, decir ahora no puedo, el blog se para, es de las cosas que más me han costado asumir.

Seguir con la máquina a tope, como os decía, para mi era bálsamo y anestesia, pero por el camino estaba dejando de lado lo importante. Poner el foco en mi malestar, observar mis problemas y mis heridas vitales, y trabajar en ellas.

Este año, igual que para tantos, ha sido especialmente duro. Nos ha puesto contra las cuerdas, y ha hecho que encontrar ese equilibrio y esa salud mental sean una tarea muy complicada de encajar.

Pero es más necesario que nunca. Aprender a renunciar, a parar, a poner el foco en nosotros mismos y a tratar la salud mental como una prioridad.


Me encantaría saber cómo has llevado tú este año, como está tu salud mental, que has hecho para mantenerla y qué es lo que más te ha costado.


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Comentarios (4)
  1. Katherine ortiz 1 mes hace

    Este año es complejo mantener la mente estable, si ya uno tiene sus vainas esto que ha llegado para ponerlo a uno patas arriba y llevarlo al límite… en fin!!. Tr mando un abrazo grandote

    Responder
    • Katherine ortiz 1 mes hace

      Lo digo por mi.. que parece que la vida ya es una montaña rusa….un dia arriba y un dia abajo.

      Responder
  2. El esfuerzo doble de escribir este post (el de asimilar y trabajar el contenido, y el de escribir todo este tochal…), me lleva inevitablemente a querer pasarme por aquí, y dejarte al menos un sincero y animoso -“¡Olé tú, querida…!”-, por asumir todas estas cosas, por reaccionar, por reconducir desde una nueva base, y por supuesto, por escribir todo esto. 2020 pasará, y en unos años podremos colgar un cartelito a la entrada de casa, para espabilar a nuestros críos, que diga: -“Si yo fui capaz de superar la mierda de 2020, tú puedes al menos guardar tus puñeteras zapatillas en el armario cuando entres por casa”-.

    Valiente, nena. 😉

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    • Jajajajaja. Que grande eres, amigo. Si, la verdad es que 2020 está siendo muy feo, entre otras cosas porque me faltáis vosotros me faltan los ratos en la Carmen. Pero es cierto que me está poniendo las pilas, y me está obligando a afrontar mi caquita, y eso es bien.
      Gracias por ser y estar <3

      Responder

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