El síndrome del impostor- Especial #MBDay18

Hoy, en este especial semana remember del MBDay, os vengo a hablar del síndrome del impostor, que podría parecer que no está relacionado con el evento, pero lo está mucho.

Si recordais,  ayer os conté como fueron los premios Madresfera y quienes fueron los premiados ( y los que deberían haberlo sido pero no todo puede ser en la vida). Hoy este post va por muchos de ellos. Por muchos de mis amigos. Y también va por mí.

Va por todas aquellas víctimas del temido y temible…

Síndrome del impostor

Os he dicho que esto también iba por mi, y me vais a perdonar el breve egocentrismo, pero como diría la gran Mónica, mi blog es mi casa, y aquí se hace lo que a mi me da la gana.

Este blog lo abrí desde la necesidad de soltar lastre, de compartir lo que habita mi mente, y es una especie de terapia pública a modo de expiación de pecados y penas compartidas. En el futuro ya veremos que hago de todo esto, porque también quiero que este blog sirva a otras personas. Pero hoy vengo a hablar de mi libro. Y en mi libro, quiero dejar por escrito algunas cosas, porque al igual que pasaba a limpio los apuntes una y otra vez, porque solo así interiorizaba conceptos, espero que si lo dejo escrito, algo se me quede.

Y es que, queridos míos, soy del clan “Consejos vendo y para mi no tengo”.

¡Así que marchando una de consejos no solicitados! Y que me perdonen los posibles aludidos que se den por ofendidos, tan solo pretendo recordarles una cosa: Valéís mucho, que vosotros mismos no seáis vuestro mayor enemigo.

La cueva del impostor

Si por una cosa sentí que los premios estaban muy bien elegidos y repartidos es porque creo que muchos de los premiados necesitaban un empujoncito. Una amorosa patada en el culo, para sacar a mucha gente de su zona de desconfort llamada “La cueva del impostor”.

Y es que se de buena mano, que muchos de los premiados, todavía no se lo creen mucho, y hay días que aún piensan como es que el premio se lo han llevado ellos.

Porque a veces es difícil asumir que eres tan bueno como los demás dicen.

Nos han programado para ser mejores, para ser más, para llegar más lejos y aspirar a más.

Día a día, trabajando duro, dando el máximo. Y nunca es suficiente.

Porque a muchos también nos han programado con una baja autoestima y un espíritu excesivamente autocrítico. Y a veces, ese monstruo, al que conozco bien, arrasa con todo lo que pilla.

Ese monstruo gruñón y dañino, que nos grita desde dentro de nuestro ser, nos dice que no lo merecemos. Y te encuentras diciéndote a ti mismo, y diciéndole a todo el mundo que no vales. Cuando el monstruo va ganando la batalla, te preguntas a ti mismo, que has hecho para merecer todo esto… si tu no eres más que un farsante…

No eres más que un impostor

O eso nos quiere hacer creer el monstruo. Para el monstruo nunca nada es suficiente, y no serás jamás lo suficientemente bueno, no serás nunca merecedor. Porque cuando consigas lo que crees que hay que conseguir para valerlo, ya no valdrá, y hará falta más.

Eso será siempre así… hasta que logres vencer al monstruo. Hasta que consigas derrotarlo, plantarle cara y decirle, “porque yo lo valgo!”.

Y eso, aunque has de conseguirlo solo, es algo que se consigue con mayor facilidad con algo de apoyo. Cuando alguien de fuera viene, y valora tu esfuerzo, te premia por ello y te anima a seguir. Te anima a mejorar y evolucionar, pero siendo consciente de tu valía.

Ese momento, creo que llegó en esa gala de premios, para alguna de la gente que conozco. Esa gente que murmuraba que no iban a ganar, y ganaron. Esa gente que decía que ellos no iban a ser merecedores del premio, y lo fueron.

No es que los demás no lo merecieran… Pero ellos lo merecían seguro. Y algunos de ellos, incluso lo necesitaban.

No os hablo de la necesidad de ir de chachis por la vida, de fardear de circulaco, de ir de diva por el mundo y mandar al #maridode a dormir al suelo, para compartir lechos con preciados trofeos. [Por si lo que pueda pasar, que ya nos conocemos las redes… Esto es una broma a costa de mi amadísima Vanesa, que se merecía el premio como la que más, y que seguirá ganando premios porque su trabajo lo merece y mucho]

La necesidad de dejar de pensar que uno es un impostor.

Os hablo de la necesidad de que alguien de fuera arrincone a vuestro monstruo, os tienda la mano, y os saque de la cueva del impostor. La necesidad de que alguien te abra los ojos, y te diga, merecía la pena, lo estás haciendo bien, sigue así.

Creo que conozco a más de uno que aquel día, obtuvo con el premio, ese regalo que es aún más grande. La valoración al esfuerzo, la palmadita en la espalda, el aplauso por el trabajo bien hecho… el propio.

Así que, con mucho amor, les digo a todos mis amigos, esos que se tachan a si mismos de impostor, de farsante, que piensan que todo es fruto de la suerte, que los quiero mucho. Que creo en su trabajo y en su valía. Que los demás creen en su trabajo y su valía. Y que ellos mismos deben creer en su valía.

Que nadie tiene una flor en el culo y las recompensas no caen del cielo.

Toda esa gente, que obtiene recompensas, que gusta a la gente y a la que le va bien, trabaja muy duro. Trabajar mucho, con corazón y alma, tiene su recompensa.

Y sí, como dijo en su día mi querida Marta, a veces no solo vale con trabajar, a veces también se necesita suerte.  Se necesita caer en gracia, tener ese algo, dar en la tecla.

Pero la suerte es un tren, que si no te pilla trabajando, pasa de largo.

El troll que te recuerda que eres un impostor

Y a todos los haters (un besito), esos amigos cómplices del monstruo, esos que se preguntan que has hecho tu para merecer tal o cual cosa que ansían, les dejo esta reflexión, que antaño colgaba en mi despacho, y que algún día volveré a enmarcar:

“The man on the top of the mountain didn’t fall there”

Lo que en castellano se traduce como:  “El hombre en la cima de la montaña no cayó allí”, o lo que viene a ser lo mismo: que el que tiene éxito y logra cosas, es porque ha trabajado duro y curra mucho por ello.

Si has ganado, es porque NO eres un impostor

Así que, mis queridos lectores, para hoy una reflexión profunda os dejo.

Sed buenos, trabajad mucho, dad lo mejor de vosotros y sed felices con lo que hacéis. Esos son algunos de los ingredientes para ser personas bonitas. Y es que…

A las personas bonitas, les pasan cosas bonitas.

Y en el MBDay, hubieron muchas personas bonitas, a las que les pasaron cosas… muy bonitas.

4 comentarios

  1. Ole ole ole, me ha encantado muchísimo este post, me quedo con la idea del final <3

  2. No tengo un blog propio, pero me he sentido así muchas veces en mi vida.
    Soy de las que necesita empujoncito (O empujonazo) para valorarse.

    Muchas gracias por el post, me ha ENCANTADO.

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