La felicidad antes de la violencia obstétrica, mujer en el hospital tumbada en la camilla con monitores fetales
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Violencia obstétrica. La cara B de un buen parto.

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En este semana que os escribo, hay una palabra muy grande, en todos los sentidos, en boca de mucha gente, que está suscitando oleadas de denuncia y rechazo a partes igual: violencia obstétrica.

Hace mucho tiempo os hablé de mi parto, y cuando he ido a revivirlo, y veo lo que escribí no deja de dolerme ver como lo escribía desde una perspectiva infantilizada, derrotista, asumiendo que lo que pasó tenía que ser. Sobra decir que aquello lo escribí antes de ir a terapia, y por entonces, tenía asumido que lo que me pasara, en gran parte, era culpa mía.

Esto no va de buscar que la responsabilidad recaiga (sólo) en terceras personas, aún así, sí va de no culpabilizarme por todo, especialmente por aquello que yo no podía haber controlado de manera alguna (salvo haber optado por no haber acudido a dicho hospital).

A quien NO va dirigida esta queja sobre violencia obstétrica.

Siento la necesidad de hablar de este tema, porque necesito darle sentido a mi relato, necesito darle voz a tanta gente que me ha escrito a través de mi propia experiencia, y también porque he visto a algunas personas, profesionales sanitarios, que se han visto afectados y dolidos por este término.

Violencia obstétrica es una palabra muy fuerte, a nadie le gusta oír que lo que hace, o hacen sus compañeros, es algo violento. En nuestra sociedad, muy especialmente en los asuntos referentes a los procesos naturales de la mujer y la crianza, tenemos el foco siempre puesto en el emisor, cuando hablamos de “situaciones problemáticas”. Y en la intención detrás de los actos. Como si el fin justificara todos los medios, fuesen cuales fuesen, como si las buenas palabras anularan los actos que hacen que nos sintamos mal, no sintamos violentadas.

Si eres un buen sanitario, si te esfuerzas por estar actualizado y tener un buen trato hacia los pacientes, y reconoces que todos los sistemas pueden fallar y siempre hay lugar a revisión y mejora, este post no es para ti. En cambio, si te molesta el término, porque te sientes atacado personalmente, igual te conviene sentarte a mirar el tema con otra perspectiva, e incluso hablar con algún compañero de salud mental acerca de cual puede ser el origen del rechazo a las vivencias ajenas y la necesaria evolución continua.

La intencionalidad de la violencia obstétrica.

He escuchado estos días que lo que muchas denunciamos como violencia obstétrica no es tal porque no existe intencionalidad de cometer un acto violento contra otra persona. Ver la violencia desde ese prisma, no solo deja de lado a la persona más vulnerable de la situación, sino que la revictimiza, negando sus sentimientos y derechos. Además, estamos tan acostumbrados a altos niveles de hostilidad y hostigamiento, que, salvo actos especialmente crueles o físicos, nos cuesta reconocer la violencia como tal, especialmente la verbal y/o la silenciosa, y no es menos así con la violencia obstétrica.

Fotografía de Alex Hockett para Unsplash

Entiendo el malestar de los sanitarios que se ven atacados por este término, que viene bañado por suerte y desgracia, de tintes políticos, ahora que hasta el gobierno lo reconoce.
A nadie le gusta que le digan que ha cometido un acto violento o que haya podido violentar a otra persona, lo entiendo, también nos pasa, por ejemplo, en crianza. Pero las cosas son lo que son, así nos incomode reconocerlo. Cuando yo grito a mi hija, cuando no soy capaz de sostenerla y la chantajeo, o la amenazo con cosas que no tienen nada que ver con el conflicto, estoy cometiendo actos violentos. Aunque no sean graves. Aunque no tenga intención de violentar a mi hija. Es violencia, verbal. Hace daño a mi hija. Y tengo que disculparme por ello, reconocer su dolor, reparar el daño cometido y hacer un esfuerzo real y honesto por evitar que la situación se repita.

Sin intención, también se puede hacer sentir mal a alguien.

Lo más habitual es que no haya intencionalidad cuando se comete violencia osbtétrica, eso lo presuponemos todos, y aún así no podemos cometer el error de negar que algunos procesos, algunos tratos y algunas personas son violentas para con quienes acudimos de parto.

Y no entro ya en que se nombre a la madre parturienta de manera global “paciente”, como si el parto fuese un proceso patológico. Son tantos los problemas del sistema que allá por donde caminas se abre un melón. Por ahora me quedo en el terreno de las situaciones más visibles, los actos más palpables, en mi propia experiencia y en la imagen que tenemos de todo este sistema, que debería estar orientado a que una (o varias) criaturas vengan al mundo del mejor modo posible… también para ella y su madre, por encima de la conveniencia del sistema y los profesionales.

Foto de Gabriel Tovar para Unsplash

No todo vale con tal de traer bebés al mundo.

Es importante que hagamos una crítica constructiva, honesta y completa del problema (porque si al menos un 40% de mujeres lo han sufrido, es un problema grande y global) que supone para nuestra sociedad que el sistema sanitario esté montado de una manera que hace que la violencia obstétrica sea parte del menú obligado de muchos partos.

El sancto sanctorum que representa el sistema sanitario.

El sistema sanitario está ahí para cuidarnos, curarnos y ayudarnos. Pensar lo contrario es un error y hasta cierto punto, conspiranoico. Gracias al sistema sanitario, nuestra esperanza de vida y nuestra mortalidad han dado una vuelta de 180º a nuestra especie y su supervivencia.

Pero pensar que todo el sistema sanitario es un engranaje perfectamente montado y engrasado, libre de fallas y en el cual únicamente hay buenas personas, con buenas intenciones y practicando siempre al mejor nivel, es un error aún mayor.

Teñir a este sistema de esa aura sacroinmaculada, libre de pecado, es altamente negligente y revictimizante. En todos los sistemas hay malos profesionales, malas personas y malos protocolos. Ignorar y/o negar que los hay en el sistema sanitario es tan ingenuo como negligente.

Y aun así, insisto que nuestra denuncia colectiva no va dirigida, en su totalidad y/o principalmente, a las personas, a los profesionales sanitarios. El problema es mucho más generalizado y sistémico, y nos afecta a todos en mayor o medida, y si, eso incluye a los propios profesionales sanitarios implicados en todos y cada uno de los procesos relacionados con el parto. Porque más a menudo que no, la violencia obstétrica es algo que viene propiciado por el propio sistema, muy a pesar de la mayoría de los profesionales involucrados.

¿La intervencionalidad es violencia obstétrica?

Otro hecho que seguramente haya incomodado a muchos sanitarios que no están de acuerdo con la denuncia de las madres, es que en muchísimos casos hablamos de intervenciones y procesos sanitarios, que son en bastantes ocasiones necesarios.

Una cesárea, una episiotomía, una inducción, incluso los fórceps, una Hamilton o una Kristeller pueden llegar a ser necesarias y claves para la supervivencia de madre y bebé(s), y son intervenciones gracias a las cuales hemos disminuido al máximo la mortalidad intraparto.

La internvencionalidad es necesaria solo cuando está justificada.

Pero pueden llegar a suponer una violencia obstétrica si no están justificadas, sin vienen propiciadas por un protocolo deficiente centrado en el bienestar del profesional y la economía de medios, o en la conveniencia de quienes los practican.

La OMS ha denunciado no en pocas ocasiones, que nuestras tasas de intervenciones en el parto (que son potencialmente peligrosas especialmente cuando son injustificadas) son extremadamente altas y propician un ambiente de violencia obstétrica.

Todo ello, insisto, más a menudo que no, no es ni siquiera algo que hagan los propios sanitarios, si no algo a lo que se ven arrastrados, junto con las madres parturientas, por culpa del sistema. En mi caso, más allá de la mala praxis de la ginecóloga, así lo siento.

En mi parto, hubieron protocolos inadecuados y contra las recomedaciones.

En mi parto hubieron muchas intervenciones que me hicieron sentir violentada, muchos actos que están injustificados más allá de una precariedad de medios físicos, temporales y humanos. Si el sistema pensara primero en asegurar un parto a buen término tanto como en un respetuoso, por encima de costes y tempos, la situación sería muy diferente.

Foto de Sharon Mccutcheon para Unsplash

ADVERTENCIA. Si estás embarazada o a punto de dar a luz, no te recomiendo leer los siguientes párrafos. Haz scroll hasta el final, donde doy algunos de los recursos que he ido conociendo hasta la fecha para poner de nuestra parte para tener el parto más natural y menos intervenido posible.

Violencia obstétrica, la cara B de mi “buen parto”.

A día de hoy me cuesta aún hablar de mi parto, ver fotos de aquel día, sin sentir un pellizco en el corazón y un nudo en la garganta.

El que tendría que haber sido un día feliz, un día para celebrar, aún me genera aversión y me apena al recordar muchas cosas que pasaron y que considero que se podían haber evitado.

Cosas que me violentaron. Cosas que considero violencia obstétrica, porque violencia no es sólo el acto que incurre en daño físico propinado con intencionalidad hiriente. También son aquellos actos que hacen sentir violentadas a las personas que lo viven, y aquellos actos que hacen uso de una superioridad físico y/o moral para imponer la propia voluntad.

Todas estas cosas, y alguna que me deje en el tintero, son las que a día de hoy, me hacen sentir incómoda y molesta hacia mi parto:

  • Que el sistema esté centrado en gestionar al mayor número de madres con el mínimo espacio, recursos económicos y humanos, negando intimidad, privacidad y calma en un proceso que lo requiere para su desarrollo natural, es VO.
  • Que no haya alternativa a la posición tumbada y privada de movilidad en monitores, es VO.
  • Que la ginecóloga no te explique los procesos y sus consecuencias, te trate con condescendencia, infantilizándote, y sin el más mínimo ápice de amabilidad es VO. Que los datos objetivos arrojen a la luz una posible maniobra de Hamilton no informada, practicada sin consentimiento alguno, es mala praxis.
  • Que no te den tiempo para leer el consentimiento informado que has de firmar para la administración de la epidural, no te permitan estar acompañada durante el proceso y te lo practiquen contradiciendo sus propias indicaciones es VO.
  • Que no haya alternativas anelgésicas, naturales y/o menos restrictivas, existiendo dichas, y/o no se ofrezcan, es VO.
  • Que se te practique una rotura manual de bolsa, en un parto en el que hay contracciones progresivas desde hace tan sólo 8 horas y efectivas desde hace 2 horas, con una dilatación de 4,5 cms por que se ha frenado debido a las restricciones de movimiento, es VO.
  • Que frenen el proceso del expulsivo para trasladarte a paritorios, durante 20 minutos por la no disponibilidad de un celador y la restricción que impone para los profesionales sanitarios que sí estaban presentes, es VO.
  • Que haya matrones y enfermeras jugando al futbol con el balón medicinal que no te ofrecieron como alternativa, a pesar de estar indicado en el plan de parto, mientras esperan tu traslado, a las puertas de tu habitación abierta, es VO. Y falta de empatía total.
  • Que te reprendan como a un ser inferior, por intentar colaborar en el traslado de la camilla al potro, sin haberte explicado antes el proceso y la justificación del mismo, es VO.
  • Que te aten las piernas al potro, es VO. Por no entrar ya a valorar que la obligatoriedad de la posición de litotomía o ginecológica (que se denomina así porque es la que da mayor comodidad al profesional sanitario), no solo es VO, sino que propicia la mayoría de intervenciones desaconsejadas por la OMS y que se producen en exceso en nuestro país.
  • Que te practiquen una episiotomía, a raíz de todo lo anteriormente nombrado, por prisas ante una complicaciones, si no inexistentes o injustificadas, al menos incomunicadas, es un fracaso evidente del sistema y es la mayor ejemplificación de que todo el sistema propicia una VO generalizada y global. Que no hayan acabado de informarte, que no pedirte consentimiento, cuando ya te han practicado la intervención, es VO.
  • Que te hagan una Kristeller sin consentimiento, de manera no informada, fue traumático y VO.
  • Que sea más importante pesar al bebé, por la diversión de comprobar tamaños en una noche de partos de bebés grandes, antes que el contacto madre-bebé, es VO.
  • Que te pidan consentimiento para pesar, lavar y revisar al bebé, 1 minuto después del parto, asegurando devolvértelo enseguida, para a continuación mantenerlo separado de ti, en brazos del padre, durante 45 minutos, es VO.
  • Que la ginecóloga no salude al entrar, no se presente, no te explique la intervención que te va a realizar, ni pida consentimiento, para un acto tan desagradable como introducir su mano en tu útero (que no vagina, el útero, su brazo hasta el codo), es VO, mala praxis, y denunciable. Es altamente traumático, aún me revuelve cada vez que lo nombro, me hace sentir vulnerada y violada, y es determinante a la hora de hacer caer la balanza hacia la negación de vivir un segundo embarazo y parto.
  • Que te obliguen a dar lactancia artificial, además de la materna, sin información ni justificación, es violencia sanitaria.
  • Que no te expliquen los protocolos sanitarios y de seguridad con claridad, y te griten y reprendan ante las consecuencias de la falta de información y claridad, es violencia sanitaria.
  • Que te separen de tu bebé, en contra de tu voluntad expresada verbalmente y en el plan de parto, para bañarlo sin tu presencia o la de tu persona designada, es violencia sanitaria.
  • Que se realicen pruebas de azúcar al recién nacido continuadas y excesivas en cantidad, cuando las primeras arrojan datos correctos y todos los datos apuntan a un peso alto lógico (padres muy grandes y altos, parto a término), es innecesario y una sobreprotección sanitaria.
  • Que el consejo y el apoyo a la lactancia materna sea brusco, severo, acelerado, desactualizado y deficiente, es un fracaso sanitario, y es una condena clara a la lactancia materna. Que te amenacen con venir a dar personalmente lactancia artificial si tu bebé no sale del letargo inicial y se engancha al pecho con consejos erróneos, es violencia sanitaria.
  • Que no te permitan estar acompañada en la revisión ginecológica y te separen de tu bebé, es incomprensible.
  • Que el ginecólogo ni se acerque a tus genitales, para revisar 12 puntos de sutura, y de por válida la revisión, es inexplicable y es un abandono absoluto de una madre que se ha tratado como paciente hasta el punto en el que ya si se ha convertido en tal, y una vez se la ha patologizado, pero se la abandona a su suerte.
  • Que no se pauten revisiones y posibles curas de la episiotomía, es violencia sanitaria y abandono…

Que hasta el punto en que traes a un bebé al mundo seas sujeto paciente (a pesar de que el embarazo no es una enfermedad) para pasar al olvido más absoluto, es la última punta del féretro.

En este punto tan sólo os remito a este post, en el que denunciaba junto con otras madres, el abandono total y absoluto que sufríamos, y que aún se sufre a pesar de que han mejorado algunos protocolos.

Si te molesta el término violencia obstétrica, igual es por algo.

Si has conseguido leer todo esto, sin que se te revuelva el estómago, no se si darte la enhorabuena por la fortaleza o compadecernos por que tengamos como sociedad la violencia tan integrada y normalizada.

Foto de Gabriel Tovar para Unsplash

Yo soy incapaz de leer o escribir al respecto sin que me duela y me deje mal cuerpo. Cada día que pasa, lo gestiono mejor, integro mejor el relato y soy capaz de abrazarme y validarme.

Pero desde luego no es algo que desee para mi hija, y por tanto es algo que seguiré denunciando, por mucho que lo nieguen comités y profesionales.

Estoy embarazada, y tengo miedo a sufrir violencia obstétrica… ¿qué hago?

Pues lo primero, respirar y estar tranquila. La naturaleza nos ha preparado para esto. Confía en tu cuerpo, escúchalo y confía en tu instinto.

Lee mucho acerca de parto natural y parto consciente, e intenta estar lo más empoderada posible para cuando llegue el momento.

Leer mucho, ayuda.

Un lugar maravilloso para empezar es la plataforma El parto es nuestro, que tiene presencia web, en redes sociales y se moviliza por los derechos de las mujeres gestantes.

Algunos libros por los que empezar son estos.

  • Parir de Ibone Olza.
  • Hipnoparto: Preparación para un parto positivo de Carmen Moreno.
  • Guia para un embarazo consciente de Laia Casadevall
  • Bebé en camino de Siobhan Miller.
  • El dolor del parto de Verena Schmid.
  • Nootras parimos de Michel Odent.

Tener las cosas claras, y saber donde parir.

Infórmate sobre los procedimientos de tus posibles centros de referencia, no te cortes a la hora de preguntar, y si no te quieren responder, es un gran indicador de dónde es mejor que no.

En muchos hospitales os deben ofrecer el Plan de parto, o en todo caso lo podéis redactar vosotras, durante el embarazo. Salvo complicaciones informadas y justificadas, debería respetarse a pies juntillas, es vuestra voluntad en blanco y negro, para que quede constancia… pero mejor no hagamos una encuesta de cuánto se respeta.

Puedes consultar la guía IHAN de hospitales en los que se practican (mayoritariamente) partos respetados, para decidir donde es mejor parir.

Si te lo puedes permitir, una casa de partos, como Acuario (donde nació aquí la menda) o clínicas privadas respetuosas como BabySuite, son una opción a considerar.

Cuentas sobre partos respetuosos.

Fórmate e informate acerca de partos naturales, respetuosos y respetados. Hay muchos profesionales sanitarios haciendo una gran labor para garantizar partos más positivos en España, y mostrando al mundo cómo son y pueden ser. Los puedes encontrar en plataformas como Twitter o Instagram (de ahí os indico los nicks)

Algunos ejemplos son:

@comatrices
@matronicidio
@comadronaenlaola
@marinawonderbirth
@diariodeunamatrona
@tumatronapositiva
@madremente
@espaimares_matrona
@laiacasadevall_matrona
@emiliobastidamatron
y muchos más…

Recuerda que tu parto es tuyo, y tienes derecho a estar constantemente informada de todos los procedimientos que se van a llevar a cabo, a consultar cualquier duda, a que se te pida consentimiento y a negarte a ellos si no tienen justificación suficiente y/o existe una urgencia real y justificada.

Y si no lo ha sido…

Si ya has pasado por ahí, y no te han tratado bien, recuerda que tienes derecho a queja, y tanto de manera presencial como telemática, puedes presentar una hoja de reclamaciones en el hospital y dar fe de aquello que has vivido como innecesario, injustificado y que puedas llegar a considerar violencia obstétrica.


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