Conciliando Lactancia Reflexiones

Las talibanas de la teta, las capitalistas del biberón y las guerras de madres.

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Photo by Julian Dutton on Unsplash

Si amigas, hoy vamos a hablar de un tema que está otra vez en boca de todo el mundo, y es la guerra de madres, subgénero lactancia materna (y “artificial”).

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Una vez más, ha salido un artículo (por no llamarlo mejunje bazófico de palabras) en un periódico que se ha vuelto a colgar el cartelito de amarillista y que no pienso mencionar por varias razones:

  • No pienso seguir dando visibilidad a un periódico que claramente es lo único que busca, porque aportar a la sociedad es obvio que no.
  • Esto no es un caso aislado ni un hecho sin precedentes. Esto es cíclico, es una chispa que pretende avivar las orquestadas guerras de madres y que cuando va aflojando el fuego, se vuelve a lanzar.
  • A los que de verdad os interesa el tema, lactancia materna o con sucedáneos, ya conocéis el artículo y sobra que os lo enseñe. Si sólo os va el morbo, no seré yo quien os lo oferte.

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El caso es que este artículo me ha tocado la fibra a muchos niveles y hay temas que creo importante poner sobre la mesa, y oigan… que resulta que los blogs sirven para eso.

Sus beneficios no están claros.

¿CÓMO?

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Con esta perla se encabeza este artículo que han tenido la poca vergüenza de etiquetar como feminismo.

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2 pediatras, hombres, educados en medicina en la época en la que las marcas tenían manga ancha para campar y difamar a sus anchas en su único beneficio, dicen que toda la Organización Mundial de la Salud se equivoca y nos engaña. Ole. Por vuestros apéndices toreros.

Que lo que la madre naturaleza ha modelado a la perfección durante millones de años, que lo que nos ha permitido sobrevivir y florecer como especie, tampoco es para tanto y que lo podemos hacer igual (y hasta mejor!) en el futuro con polvos a precio de oro con la cual la clase obrera se pueda hipotecar (o valorar dejar de procrear o incluso malnutrir, dependiendo de tu geografía).

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Está claro que cuando un artículo de un periódico cualquiera (no especializado) se encabeza así, mejor apaga y vámonos, que aquí (sólo) hay tomate (o como se llame el programa de tertulias morbosas de turno).

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Testimonios personales, usados como una generalización.

Nadie niega que haya madres (muchas, por desgracia) que han vivido estas situaciones de falta de apoyo y presión en temas tan personales y a la vez tan politizados como la lactancia materna.

Que hay víctimas de la promoción activa (que no efectiva) de la lactancia materna. Igual que las hay (muchas también, mayoría si tenemos en cuenta el panorama actual) de la lactancia mediante sucedáneos. Pero de esto hablaremos otro día.

Ahora mismo me quiero centrar en un problema más grave: Generalizar casos aislados, con circunstancias muy concretas, como verdad universal.

Amigas y amigos, esto está mal. Chimpún. No hay vuelta de tuerca.

Todos hemos tenido desencuentros y malas experiencias en todos los aspectos de nuestra vida, y no por ello son generalidades.

No todos los policías son machistas, no todos los funcionarios de Hacienda son vagos, no todos los médicos son insensibles, no todos los jefes son esclavistas, no todas las familias son desestructuradas, no todas las infancias son complicadas… y aún así no es menos cierto que para algunas personas lo son.

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El problema comienza cuando generalizamos algo, con el único fin de crear discordia, en vez de buscar la raíz del problema y aportar a la sociedad en forma de ayuda real.

Un problema grave en el sistema sanitario, que se traslada a los grupos de apoyo, y a las madres.

Una vez más, las madres que además de hacer todo lo que hacen las madres, sacamos hueco para hacer tribu y que, para nuestra desgracia, nos vemos obligadas a suplir las carencias del sistema que entre todas pagamos, nos vemos responsables de los fallos del mismo sistema que nos impone una carga que no nos corresponde.

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Porque sí. El sistema sanitario tiene un grave problema con la lactancia.

Las farmacéuticas llegaron muy lejos hace no tanto, y eso se nota en nuestro sistema, que tiene carencias desde el minuto 1. La misma desinformación y desconexión con la lactancia materna que existe en la sociedad, existe en el sistema sanitario y es grave. Creemos que saben de lactancia materna, y saben menos que tú, que acabas de parir a tu primer hijo, y tus instintos te gritan el camino que seguir.

No se educa, forma y dota de recursos al sistema sanitario para poder hablar de lactancia materna.
Se ponen el pin de prolactancia, alegremente, sin tener ni idea de cómo funciona o qué dificultades conlleva, y ale, a promover.

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Saben decir que es lo mejor, pero no saben a veces ni porqué. Mucho menos como ayudar a las madres, las que lo desean (que según las cartillas del embarazo son la gran mayoría), a hacerlo y poder disfrutarlo (que no sufrirlo. Por favor, esto nunca jamás).
Y así, la responsabilidad es exclusiva de la madre (cuando fue el sistema el que permitió que las madres desaprendieran en primera instancia) porque yo ya he hecho mi trabajo.

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No, tu no has hecho nada más que presionar a las madres a hacer algo positivo, pero lanzándolas a un entorno de circunstancias desfavorables.

Esto es muy peligroso, porque si animamos a alguien a hacer algo que se ha desaprendido, y sobre el cual circulan tantos mitos, lo más seguro (que es muy obvio que ocurre) es que las cosas vayan mal. Muy mal.

Y una vez más, somos los grupos de apoyo, desprovistos de recursos y sustentados únicamente en la voluntariedad de las madres que tienen el único propósito de sustentarse entre ellas, los que nos comemos las consecuencias de ello.

Aparte de las madres, obvio, que son quienes sufren en sus carnes, nunca mejor dicho, las consecuencias de este sistema que cojea de las dos piernas. A las que, para más colmo si cabe, se las obliga a aceptar ese dolor y ese fracaso, haciéndolas encima responsables de todo ello.

La opinología y la libertad de criticar, la lacra de nuestra era.

Y esto no es cosa de este artículo. Cualquiera que viva en este planeta ha vivido, y si no sufrido al menos visionado esta nueva manera de relacionarnos que tenemos.

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Hoy en día todo vale, de todo tenemos que opinar, somos los únicos poseedores de la verdad absoluta y es necesario hacerle saber a la otra persona (de la que no sabemos nada, aunque pensemos que sí) que lo está haciendo fatal.

NO

Señoras y señores. Se me callan. ¡¡¡Ya está bien!!!

Ya está bien de atacar a los demás, ya está bien de usar la excusa de la ayuda para dañar a los demás, ya está bien de ser hooligans de la lactancia, la crianza, la vida y todo en general.

¿En qué momento todo se volvió una guerra? Os lo digo yo. En el momento que todo esto, que no beneficia a nadie (de los de abajo), en este caso en particular ni a madres de lactancia materna, mixta, artificial o en duelo, más que a quien se puede llenar los bolsillos con esta discordia.

Más apoyo, más empatía, más compromiso social y más responsabilidad.

Como colofón a este desfogue personal, y teniendo muy presente a la mayor referente para mí, no sólo en lactancia materna solo sino en humanidad, tribu, apoyo y empatía, Alba Padró, me voy a callar dejando tan sólo unas cuantas peticiones en el aire, para quien tenga a bien hacerlas suyas.

Si una mamá no cría como tu crees que debería, no la juzgues y no se lo digas. Intenta ponerte en su situación (mentalmente) y camina un kilómetro en sus zapatos (que como decían el otro día, así estarás tan lejos que no te tendrá que escuchar). Cada uno cría como puede y como quiere.

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Si crees que una mamá necesita ayuda y tu estás segura (pero segura nivel, he estudiado de esto y tengo evidencia científica) de que la puedes ayudar, le puedes (que no debes) ofrecer (que no dar) tu ayuda. Sólo, y tan sólo, si te la acepta, si la consiente (no es no), se la puedes ofrecer. A ser posible, en forma de información que ella misma pueda valorar.

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Si algo que hace otra madre te enfada, te saca de tus casillas y atenta contra tus valores, coge un cojín y se lo gritas al susodicho. O quedas con una amiga (no común a ser posible) y rajas a gusto.  O mejor aún, te lo callas e intentas no juzgar a los demás. Y si es algo ilegal, peligroso o que atenta contra la seguridad, lo denuncias. Con pruebas y de manera objetiva.

Y si crees que tenemos un problema como sociedad en un tema, este de la lactancia por ejemplo, en particular, haz tu parte. En vez de criticar, lloriquear, difamar y crear discordia, haz algo con ello.
Si estás herida, cúrate; si no encontraste el apoyo que necesitabas, se precursora del que buscabas; si el sistema no te trató adecuadamente, quéjate (hay hojas de reclamaciones para algo); y si no estás de acuerdo con algo, antes de lanzar mierda, infórmate e interésate por saber toda la historia, pero de verdad.

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Ah, y dejemos de etiquetar a los actos machistas como abanderamientos feministas, que esto que se ha hecho una vez más, es enfrentar a las mujeres. Eso es de todo menos feminista.

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